Mis amigos, me acompañaron hasta mi
casa. No quise mirar el móvil y me acosté. Esa noche no la pasé
muy bien. No podía conciliar el sueño y el alcohol estaba empezando
a hacer estragos en mi. La cabeza ma daba vueltas, así que me
levanté. Fui a la cocina, y busqué en el mueble alguna pastilla que
me quitara este dolor que cada vez se hacía más insoportable. No sé
que era peor, el alcohol estrujándome el cerebro, o el recuerdo de
aquel repentino beso. Pero tampoco sé por qué me sentía tan
culpable, si yo ni tuve la culpa. Ella fue la que se avanlazó sobre
mí. La que me besó. Cogí un vaso de agua, y me tomé la pastilla
en una milésima de segundo. Salí un rato a la terraza, cada vez que
no podía dormir, me iba allí. Me relajaba mucho mirar Madrid por la
noche, sonaba un poco contradictorio, pero así era. Me apoyé en la
barandilla, mirando para dentro de mi casa. Ví el móvil encima de
la mesa, y me quedé pensando en que hacer. Si cogerlo o no cogerlo.
Si..no..si...no. Entré sin pensarlo y lo cogí. Salí para el
exterior otra vez. Cerré los ojos unos segundos, cogí aire y
desbloqueé el teléfono. Empecé a ver los mensajes que tenía,
bucando uno solo. Uno en concreto, el suyo. Y ahí estaba. Pero no
uno solo, sino 5. Nada más abrir WhatsApp, me envió un mensaje.
- Por fin te encuentro, jodía. - ¿Qué hacía levantada a estas horas de la mañana? Miré el reloj. Pasaban las 4 de la mañana. Aún no me había dado a tiempo a leer los mensajes anteriores, cuando ya me había mandado ese.
- Salí a cenar con los chicos jeje
- Me lo imaginé...¿Estas horas de conectarse?
- Pues verás, “mamá” - bromeé- no podía dormir, y me salí a la terraza a tomar el aire...¿y tú?. Deberías estar durmiendo, que mañana continuas con el disco. -
- ¿Todo bien? - me preguntó. ¿Qué le digo? ¿Le cuento lo que pasó? Tampoco quería ocultarle nada, pero no tenía mucha importancia...o quizás si. Ay, joder.
- No pasa nada, no – dije al fin. No sé si habia echo bien, pero pensé que ese no era el momento para contarselo, y menos a través de un móvil. Si se lo tenía que contar, que fuera cara a cara. Quería ver sus expresiones, y consolarla, si tenía que hacerlo. Sabía que esa respuesta me iba a estar removiendo por dentro. Pero fue ella la que me besó, no yo. Dios santo, que cacao mental tenía. Estaba segura que al final acabaría contandoselo, no podía ocultarle nada a nadie y menos a ella. La persona que sin conocerme de nada, y sabiendo el furor que causaba entre la gente, se atrevió a dar el paso, y compartir su vida conmigo. O parte de ella. Apostó por mi, y por nada del mundo quería fallarle. - Venga, vete ya a la cama anda... que te queda días muy duros, amor. -
- Si, me voy ya. El sueño me empieza a venir. Buenas noches, princesa. Te quiero. - se despidió.
- Buenas noches, cariño. Descansa mucho, te quiero. - apagué el móvil y me metí en la cama.
A la mañana siguiente, seguía la
rutina diaria. Desayunar mis tostadas con mantequilla, mi café y mi
zumo, me duché, bajé a por unas compras, limpiaba un poco todo, y
me ponía con el trabajo atrasado. Mañana ya volvía al trabajo y
tenía que que tener todo preparado. Aún me quedaba una defensa que
preparar. Coloqué todo el montón de papeles encima del escritorio,
me recogí el pelo en un moño, y me puse a leer y escribir. De vez
en cuando iba a la cocina a coger algo para beber, pero pensé mejor
en llevarme la botella de coca cola a la sala. Pasé como 4 horas
seguidas, sin levantar la cabeza. Metida de lleno, en el juicio que
tenía mañana. Nada más llegar de las vacaciones, ea, jucio. Pero
bueno, ese era mi trabajo. Sobre las tres de la tarde, me preparé
algo de comer y me lo llevé al salón. No podía perder tiempo. En
mi trabajo el tiempo era hora, cada segundo contaba como el que más.
Acabé de comer y llevé el plato a la cocina. Después lo fregaba,
mientras tanto … a mis papeles. “ Haber, Claudia” empecé a
hablar conmigo misma. Cuando lo hacía, era cuando me empezaba a
desesperar. “ Tengo que ganar lo que sea, además todas las pruebas
apuntan que mi cliente no tuvo nada que ver en el atraco, sus huellas
no coinciden, la hora tampoco...asi que, Claudia, eres genial” yo
misma me lo decía todo. Y me empezaba a reir cada vez que me decía
yo sola esas cosas.
El movil empezó a sonar, era Miguel.
-Hola, chiquijuto – le dije
cariñosamente.
-Que tal estás guapa – me
preguntó
-Pues mejor, mejor. Estoy ahora
mismo inmersa, en mis juicios, y muy bien. - me reí. - Y tú, ¿Que
tal? ¿Tus vacas cuando? - le pregunté.
-Bueeeeeno – se rió. - Yo no
tengo vacaciones aún, mañana tengo juicio por la mañana y por la
tarde. Tampoco paro. Esto... me ha llamado Patricia. - se produjo un
silencio un poco incómodo..-
-¿Qué te ha dicho? - dije con la
mirada fija al frente.
-Quería saber como estabas, y
pedirte perdón. Esta tarde creo que va para tu casa.
-¡¡¿¿Cómo?!! ¿Le has dado mi
dirección? - le dije
-Si, lo siento mucho de verdad. Se
que no tenia que haberlo echo, pero ella estaba muy arrepentida. Me
dijo que se le subió un poco el alcohol, y por eso lo hizo. Quiere
disculparse solo. -
-Joder.. - me froté la cabeza.
-No te culpes, tampoco pasó nada
del otro mundo. Fue un beso fugaz, rozó tus labios.
-Solo hizo falta eso, para que se
me removiera todo mi interior, Miguel. Ese beso fugaz como tu dices,
hizo que volviera al pasado, recordando lo que viví con ella.
Recordando lo enamorada que estuve de ella. Recordando lo que sufrí
después. Y eso es lo que más me duele, no el beso en sí. Sino, lo
que vino después del beso, las dudas que me entraron. Dudas que no
se por qué estaba, si yo quería por encima de todo, y quiero, a
Malú. Y lo sabes.
-Pues si la quieres a ella por
encima de todo..para delante. Olvida todo. Sigue con tu chica, pasa
página. Como si nada hubiera pasado..
-Es muy dificil, Miguel. Muy
dificil, pero lo voy a hacer. Por ella, por mi, por nosotras.
-Eso es, guapa. Bueno te dejo que
tengo que seguir. Ya me cuentas, un besito.
-Un besito guapo. - colgamos.
Madre mía, madre mía. Patricia iba a
venir a mi casa. Con lo bien que estaba sin pensar en nada, y ...¿Qué
me dirá? ¿Qué le diré? ¿Le digo lo que sentí? ¿Le digo lo que
pensé después de aquel beso? ¿Le digo lo de Malú? No, no...eso
no. Eso ya era demasiado. Los nervios empezaron a brotar en mi
interior. Y encima, tampoco sabía a la hora que iba a venir. Empecé
a recoger aquella sala. Recogí las cosas del salon, ordené un poco
las estanterías que había allí. Seguramente vendría por la tarde.
La conocía, y casi nunca iba por las mañanas a casa de la gente.
Siempre después de haber descansado un poco. A las siete de la tarde
sonó el timbre. Salí de la mi “burbuja”, y abrí la puerta.
Allí estaba, con una sonrisa perpetua en la cara, y jugando con los
anillos de las manos. “Hola” dijimos a la vez. Estabamos las dos
igual de nerviosa. - Te preguntarás que hago aquí, pero... - dijo.
- Ya me ha contado algo, Miguel. Pasa. - le dejé paso. Dejó la
chaqueta en el sofá y se sentó al lado. - ¿Quieres algo para
tomar? - le ofrecí. - No, gracias. ¿Qué te parece si vamos a dar
una vuelta? En plan..amigas – rió. Yo asentí, no se ni por qué
le dije que sí. En ese momento los nervios, no me dejaban ser yo
misma. Me puse lo primero que pillé, y salimos por las calles de
Madrid. Estuvimos hablando de como cambiaron nuestras vidas, de los
caminos diferentes que tomamos, de las carreras diferentes que
hicimos. Yo le conté que me licencié en derecho, y que tenía un
buffete en el que también trabajaban María y Miguel. Ella me contó
que no había tenido mucha suerte después de haberlo dejado conmigo.
Que estuvo un tiempo con una chavala, pero no se entendía bien y lo
tuvieron que dejar. Al poco tiempo empezó una relación con otra
mujer, pero era muy controladora y manipuladora. Otra relación que
tampoco salió bien. - ¿Y tú qué? ¿cómo te va en el ámbito
amoroso? - me preguntó mientras le daba un sorbo a la granizada. -
No me puedo quejar, estoy muy bien, muy contenta . - me puse un poco
nerviosa. - Ah, ¿Entonces hay alguien por ahí, no? - levantó una
ceja. - Puede. - me reí. Nos callamos durante unos segundos. -
Esto..con respecto al beso de anoche.. - dijo al fin. Yo garraspeé
un poco. - Quiero pedirte perdón, de verdad. En ese momento no era
yo, bebí un poco, y encima te vi ahi... más guapa. Más radiante. -
se me aceleró el corazón. - y no me pude resistir.. pero te pido
perdon. Lo siento mucho. - se paró y me cogió de la mano, mirandome
a los ojos. - Bueno, no pasa nada. Pasó y ya está. - dije como
pude. - No volverá a pasar, te lo prometo. - sonreí un poco. - Creo
que todavía te quiero, Claudia. - dijo de repente. - mis ojos se
clavaron en ella. - No puede ser, Patricia. Lo nuestro pasó y.. ahí
se quedo. Sufrí mucho, y …. ahora estoy muy bien con la persona
que estoy, de verdad. - seguimos el camino. Esta vez, el camino de
vuelta a mi casa. - Te entiendo... y siento lo que te hice pasar. -
otro silencio incómodo se produjo entre nosotras. Llegamos al portal
de mi casa. - Sube, te has dejado la chaqueta. - le dije. Asintió y
nos subimos en el ascensor. Dentro de él, volvió a disculparse por
todo lo que había echo, estando conmigo y la noche anterior. Se la
veía de verdad arrepentida, pero tenía claro que mi futuro estaba
al lado de la mujer de mi vida...al lado de Malú. Llegamos a la
planta, y sin esperarlo ….
- ¡Malú!...-
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