No podía dormir después de lo
sucedido aquella noche, estaba totalmente confundida. Miré para el
techo con los ojos cerrados, intentando conciliar el sueño. No había
forma humana de dormir. Malú ocupaba mi mente. Repase todos los
momentos vividos con ella aquella noche, desde que me cogió del
brazo ,haciendo así que yo no cayer al suelo, hasta los dos besos en
la puerta de mi casa antes de irse. Pero había una frase que no
dejaba de pasearse por mi cabeza: “ Cuando quedemos otra vez ….”
¿ Habría una segunda vez? ¿ Quería volver a verme? ¿ Había
sentido lo mismo que yo cuando se rozaron nuestras manos? Eran
demasiadas preguntas sin respuestas. Me levanté de la cama y fui a
la terraza, necesitaba que el aire de la noche me diera en la cara.
Me apoyé en la baranda, y allí me quede durante un buen rato,
mirando al horizonte, intentando convercerme de que entre ella y yo
no va a haber nada nunca. Por mucho que me doliera, así era. Volví
a entrar en la casa. Inspiré profundamente. Olía a ella.. No había
estado mucho tiempo, pero sí lo suficiente como para que su
fragancia se quedara en ella. - Joder, ¿ Por qué me pasa esto? -
dije con los ojos llorosos. No podía entender como en tan solo unas
horas me había enamorado de la mujer que llevaba admirando toda mi
vida. Me apoyé en una pared y me dejé resbalar, quedando sentada y
con los brazos en las rodillas. Eché mi cabeza en ellos y así me
dormí.
-¿ En serio que ayer te fuistes
directamente para casa? ¿ No te encontraste a nadie por el camino,
no? - dijo María al verme con esas ojeras que tenía y dándome
codazos en el brazo con una sonrisilla pícara.
-Sí, he dorrmido un poco mal esta
noche – dije mientras me sacaba un café de la máquina. - ¿Que
tal os lo pasasteis ayer?
Empezó a contarme lo ocurrido en la
discoteca desde que me fui. Yo la escuchaba vagamente mientras daba
vueltas al café con la cucharilla, fijando mi mirada en esta. Me
enteraba de cosas puntuales. Por lo visto se lo estuvo pasando genial
con una tal Cristina, y Miguel se fue antes de lo previsto también.
- No sé, me parece que es el amor de mi vida – dijo ella. Al oir
esto levanté mi miarada y la clavé en la suya. En ese instante se
me vino la imagen de Malú a la cabeza. La imagen de ella sentada en
mi sofá, dejando su olor en él. Mis ojos no pudieron evitar que les
saliera unas lágrimas. - ¿Estás bien, Claudia? - dijo María
cojiéndome de la mano. No le dije nada, mis ojos lo dijeron todo.
Estaba claro que algo me pasaba, pero no sabía el qué. Me sequé
las lágrimas que brotaban de mis ojos, cojí aire y le conté todo
lo sucedido aquella noche. El por qué mi salida de la discoteca, el
por qué de mis ojeras, el por qué de mis lágrimas. Ella no
apartaba la vista de mí. Era mi mejor amiga y tenía que saber por
qué me encontraba así. De repente mi móvil vibró. Era un WhatsApp
de un número desconocido que decía: “Hola Claudia, que tal? Te
acuerdas de mi, no? Soy Malú, te importarias que quedáramos esta
tarde para hablar? Si puedes, claro. Un besazo enorme.” Me dió un
vuelco al corazón. Era ella. Me quedé blanca mientras lo leía por
tercera vez.
-¿Qué pasa? ¿ Quien es? -
preguntó María al verme así.
-Es ella, María. Es Malú. - dije
con la sonrisa más grande que pudiera sacar.-Y, ¿Que te dice? -
-Quiere quedar esta tarde para hablar – le dije mientras apretaba el móvil contra mi pecho.
-¿Si? Guau, que bien tía. Me alegro mucho -
-Joder, y yo tía, y yo – mis ojos se iluminaba cada vez que leía aquel mensaje.
-Pues venga, ahora te vas para casa. Comes y elejis un buen modelito. - dijo ella cogiéndome la taza aún no terminada.
-Pero, no puedo irme aún. Tengo muchas cosas que hacer y no quiero dejarte todo a tí. -
-He dicho que te vas y te vas. Que ya me encargo yo de todo. Venga. - me dijo dándome el bolso y mi chaqueta.
-Jo, María, muchas gracias, de verdad. Eres la mejor, te quiero – la abracé muy fuerte.
-Ya lo sé que soy la mejor – me guiñó un ojo. - Ya me contarás todo, eh.
-Si, si claro. Adios y gracias de nuevo – me despedí.
-Adiós, “Julieta” - se rió.
Salí del trabajo y me monté en el
coche. Puse su música a todo volumen. Pero me di cuenta que con la
emoción no le había contestado a su petición. Paré un segundo y
cojí el móvil. Al leer su mensaje otra vez, mi corazón gritó de
alegría. “ Claro que me acuerdo de tí, como no hacerlo? Me alegra
mucho haber recibido un WhatsApp tuyo jeje. Y respecto a esta tarde,
me encantaría quedar, claro que sí. Te parece a las 6? Un besote”
le respondí. No se conectaba desde que me lo mandó, a las 10:45 de
la mañana. Lo solté en el asiento del copiloto. A los 5 minutos,
volvió a vibrar. Lo miré de reojo, pero no paré. Aceleré para
llegar cuanto antes a mi casa. “ Si, claro que me parece. ¿ Que
tal si te recojo?” lo leí mientras subía las escaleras del
bloque, me tropecé, como no. Pero esta vez no estaba alli ella para
agarrarme. Me caí de rodilla en el tercer escalón y el móvil fue a
parar al siguiente. “ Me parece, claro que me parece” le respondí
lo mismo que ella a mí. Sonreí. “ Pues muy bien, hasta esta tarde
entonces, un besito” dijo mandańdome una carita con un besito. “
Hasta esta tarde, un beso”. Repasé la conversación unas cien mil
veces, mi sonrisa se agrandaba cada vez más. Me preparé algo rápido
para comer, ya que con los nervios no me entraba mucho. Comí una
ensalada de tomate, atún y pepino. Recojí el plato y me fui directa
al baño a lavarme los dientes. Faltaba una hora para que Malú
pasara a buscame y aún no me había vestido. ¿ Que me pongo? Esa
pregunta rondaba mi cabeza mientras miraba el armario abierto por
completo. Al final cojí unos vaqueros, una camiseta y mi chaqueta.
Tenia claro que me iba a djar el pelo suelto, me lo planché un poco
y me maquillé. Me puse las convers y miré el reloj: 17:58. Dos
minutos. Solo dos minutos para que sonara el timbre y me encontrara a
esa preciosidad delante mía. El timbré sonó, y un escalofrio
recorrió todo mi cuerpo. Cojí las gafas de sol, el bolso y abrí la
puerta. Entonces la ví. Allí estaba, frente a mi.