Valió la pena la salida. Estaba en una
discoteca en la que habia visto ya unos cuantos de famosos, (con los
cuales me hice unas fotos,) con mis mejores amigos y para rematar
había estado tomando una copa con la persona que más admiraba en
este mundo. Pero había algo en mi interior que estaba en penumbra,
estaba vacía, como si me faltara algo. Y ese algo tenía algo que
ver con el encuentro que tuve con Malú. ¿ Qué me pasaba? ¿ Por
qué mi interior la extrañaba tanto? ¿ Por qué echaba de menos su
risa, sus ojos, su pelo, su olor? Tenía que salir de esa discoteca
como sea, me estaba empezando a agobiar. - María, salgo un momento
fuera – le grité. Ella asintió entre unos movimientos desatados a
causa de la música. Salí de aquel recinto, me apoyé en la pared
con la cabeza echada para atrás y los ojos cerrados. - Perdone
señorita, ¿está usted bien? - me preguntó el vigilante de
seguridad preocupado. - Si, si. Gracias- Dije sin mirarle. De repente
escuché a alguien que venía corriendo, no eché mucha cuenta.
-Ay. Menos mal que estas todavía
aquí, Claudia- No podía creerlo. Esa voz, ese olor. Era ella.
-¿Malú? Pero,¿Que haces aquí
otra vez? - le pregunté con los ojos como platos y con una risa
nerviosa.
-Pues que me he dejado aquí el
pañuelo. Por casualidad, ¿ No lo habras cojido tú, no? - me dijo
con una voz de niña pequeña me que traspasó el alma.
-Sí, sí toma. Te lo dejastes
olvidado con las prisas, y no me dió tiempo a dártelo – Le dije
extendiendo mi mano para dárselo.
-Muchas gracias, verdad. Es un
regalo de mi madre. Y no perdonaría perderlo – dijo mientras se
lo ponía. - Oye, ¿ Qué hacías aquí sola y echada con la cabeza
para detrás? ¿ Te encuentras bien? -
-¿Eh? Ah, si,sí. Estoy bien,
gracias. Te estaba esperando por si aparecías a por él. - le
mentí. No le podía decir que estaba allí porque la extrañaba
tanto, que todo me molestaba. - Esto...¿ Quieres venir a tomar algo
a mi casa? No está muy lejos, y me parece que te debo una copa –
le dije sin pensarlo. Mi corazón empezó a acelerarse y mis manos
comenzaban a sudar. En ese momento me arrepentí de haberle dicho
eso.
-Vale, me parece bien. Vamos en mi
coche, que está aparcado justo ahí – dijo señalandolo.
Estaba alucinando, no podía creer que
Malú fuera a ir a mi casa. Entré un segundo al lugar de donde había
salido hacia escasamente 25 minutos. Busqué a María y Miguel con la
mirada. Me hice paso entre la multitud, que bailaba y saltaba sin
parar. Cada vez lo tenía más claro, esos lugares no eran para mí.
Encontré por fin a María, que hablaba con una chica animadamente. -
María, ven al baño un momento – le dije cogiéndola del brazo. -
Me voy a casa, ¿Vale? Estoy muy cansada. - dije.
-¿Estás bien, Claudia? Te noto
nerviosa, ¿ Quieres que te acompañe? - dijo. Noté cierta
preocupación en su mirada.
-Si, sí. Solo es eso, el cansancio
acumulado, de verdad. Bueno, me voy, despídete de Miguel de mi
parte y divertíos. Ciao. - le dí dos besos y me marché.
Al salir, no la ví. “Que raro, ¿
Donde se habrá metido?” Pensé. Me empecé a preocupar. De repente
escucho a alguien que me estaba llamando, era su voz. Miré para un
lado, y ahí la ví, metida ya en su coche. Me subí, y le fui
indicando por donde tenía que tirar. A medida que avanzaba, mis
nervios aumentaban. Llegamos por fín a mi casa. No hizo falta que le
dijiese que pasara, lo hizo sin más, como si estuviera en su casa,
cosa que me transmitía mucha más confianza.
-Bueno, dime que quieres tomar –
le dije mientras me quitaba los tacones.
-Lo que vayas a tomar tú.
Cualquier cosa, da igual -
Fui a la cocina. No sabía que ponerle,
estaba indecisa. Me decanté al final por un vino. - ¿Esta niña
tan mona eres tú? - me dijo desde el salón. Mientras miraba una
foto mía de pequeña en la playa.
-Sí, soy yo – le dije mientras
le daba la copa de vino y sentádome a su lado.
-No has cambiado mucho – dijo
riendose.
Al coger la copa, nuestras manos se
rozaron y nuestras miradas se clavaron unos segundos. En ese momento
me entraron unas ganas enormes de besarla, pero no lo hice. Estuvimos
hablando durante casi una hora, acabando así la botella. - Bueno, me
parece que tengo que irme ya, se ha echo muy tarde – dijo
levántandose del sofá. - Dame tú numero, que cuando quedemos otra
vez me traigo yo la botella - . Extendió su móvil y apunté mi
número. Me dío dos cariñosos besos en la mejilla, otra vez su olor
me caló hasta lo más profundo. Se fue, pero su olor se quedó
impregnado en mí. Me puse el pijama y me metí en la cama pensando
si la volveria a ver o no.
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