miércoles, 26 de febrero de 2014

Capítulo 2. Vuelvo a verte


Valió la pena la salida. Estaba en una discoteca en la que habia visto ya unos cuantos de famosos, (con los cuales me hice unas fotos,) con mis mejores amigos y para rematar había estado tomando una copa con la persona que más admiraba en este mundo. Pero había algo en mi interior que estaba en penumbra, estaba vacía, como si me faltara algo. Y ese algo tenía algo que ver con el encuentro que tuve con Malú. ¿ Qué me pasaba? ¿ Por qué mi interior la extrañaba tanto? ¿ Por qué echaba de menos su risa, sus ojos, su pelo, su olor? Tenía que salir de esa discoteca como sea, me estaba empezando a agobiar. - María, salgo un momento fuera – le grité. Ella asintió entre unos movimientos desatados a causa de la música. Salí de aquel recinto, me apoyé en la pared con la cabeza echada para atrás y los ojos cerrados. - Perdone señorita, ¿está usted bien? - me preguntó el vigilante de seguridad preocupado. - Si, si. Gracias- Dije sin mirarle. De repente escuché a alguien que venía corriendo, no eché mucha cuenta.

-Ay. Menos mal que estas todavía aquí, Claudia- No podía creerlo. Esa voz, ese olor. Era ella.
-¿Malú? Pero,¿Que haces aquí otra vez? - le pregunté con los ojos como platos y con una risa nerviosa.
-Pues que me he dejado aquí el pañuelo. Por casualidad, ¿ No lo habras cojido tú, no? - me dijo con una voz de niña pequeña me que traspasó el alma.
-Sí, sí toma. Te lo dejastes olvidado con las prisas, y no me dió tiempo a dártelo – Le dije extendiendo mi mano para dárselo.
-Muchas gracias, verdad. Es un regalo de mi madre. Y no perdonaría perderlo – dijo mientras se lo ponía. - Oye, ¿ Qué hacías aquí sola y echada con la cabeza para detrás? ¿ Te encuentras bien? -
-¿Eh? Ah, si,sí. Estoy bien, gracias. Te estaba esperando por si aparecías a por él. - le mentí. No le podía decir que estaba allí porque la extrañaba tanto, que todo me molestaba. - Esto...¿ Quieres venir a tomar algo a mi casa? No está muy lejos, y me parece que te debo una copa – le dije sin pensarlo. Mi corazón empezó a acelerarse y mis manos comenzaban a sudar. En ese momento me arrepentí de haberle dicho eso.
-Vale, me parece bien. Vamos en mi coche, que está aparcado justo ahí – dijo señalandolo.

Estaba alucinando, no podía creer que Malú fuera a ir a mi casa. Entré un segundo al lugar de donde había salido hacia escasamente 25 minutos. Busqué a María y Miguel con la mirada. Me hice paso entre la multitud, que bailaba y saltaba sin parar. Cada vez lo tenía más claro, esos lugares no eran para mí. Encontré por fin a María, que hablaba con una chica animadamente. - María, ven al baño un momento – le dije cogiéndola del brazo. - Me voy a casa, ¿Vale? Estoy muy cansada. - dije.
-¿Estás bien, Claudia? Te noto nerviosa, ¿ Quieres que te acompañe? - dijo. Noté cierta preocupación en su mirada.
-Si, sí. Solo es eso, el cansancio acumulado, de verdad. Bueno, me voy, despídete de Miguel de mi parte y divertíos. Ciao. - le dí dos besos y me marché.

Al salir, no la ví. “Que raro, ¿ Donde se habrá metido?” Pensé. Me empecé a preocupar. De repente escucho a alguien que me estaba llamando, era su voz. Miré para un lado, y ahí la ví, metida ya en su coche. Me subí, y le fui indicando por donde tenía que tirar. A medida que avanzaba, mis nervios aumentaban. Llegamos por fín a mi casa. No hizo falta que le dijiese que pasara, lo hizo sin más, como si estuviera en su casa, cosa que me transmitía mucha más confianza.
-Bueno, dime que quieres tomar – le dije mientras me quitaba los tacones.
-Lo que vayas a tomar tú. Cualquier cosa, da igual -
Fui a la cocina. No sabía que ponerle, estaba indecisa. Me decanté al final por un vino. - ¿Esta niña tan mona eres tú? - me dijo desde el salón. Mientras miraba una foto mía de pequeña en la playa.
-Sí, soy yo – le dije mientras le daba la copa de vino y sentádome a su lado.
-No has cambiado mucho – dijo riendose.

Al coger la copa, nuestras manos se rozaron y nuestras miradas se clavaron unos segundos. En ese momento me entraron unas ganas enormes de besarla, pero no lo hice. Estuvimos hablando durante casi una hora, acabando así la botella. - Bueno, me parece que tengo que irme ya, se ha echo muy tarde – dijo levántandose del sofá. - Dame tú numero, que cuando quedemos otra vez me traigo yo la botella - . Extendió su móvil y apunté mi número. Me dío dos cariñosos besos en la mejilla, otra vez su olor me caló hasta lo más profundo. Se fue, pero su olor se quedó impregnado en mí. Me puse el pijama y me metí en la cama pensando si la volveria a ver o no.

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