lunes, 28 de abril de 2014

Capítulo 24. Ven a pervertirme.


  • ¿Qué tenemos que acabar, eh? - insinué en sus labios. - Lo que dejamos a medias en la cocina. - rodeó sus piernas a mi cuerpo y me atrajo hacia el suyo. - Y ..¿Qué quieres que te haga? - volví a insinuar. - El amor salvajemente. - mordió mi cuello. Esa respuesta hizo que mi temperatura subiera unos grados más. Cada mordisco era más fuerte y de mayor intensidad, cosa que me perdía totalmente. - ¿No será más cómodo en otro lugar...como...la cama? - subí mis manos por sus muslos. - No, es aquí y ahora - Tiró de mi cuello hacia su boca y me empezó a besar a un ritmo frenético. Se lengua recorría todo el interior de mi boca, mientras que sus manos se encargaban de acariciarme por debajo de la camiseta, hasta que me la consiguió quitar. Yo la agarré por detrás de la cabeza e hice presión a su boca con la mía. Bajé mis manos hasta su espalda y la acaricié suavemente, poco a poco subí su camiseta hasta que la conseguí quitar. Le desabroché el sujetador, y lo tiré para detrás. Hacia la nada. Deslicé mis boca hasta su bonito cuello, el cual mordí con la misma intensidad que lo hizo antes ella. Los jadeos detrás mi oreja, hacía que intensificara el mordisco. Una mano agarraba su nuca, y la otra iba bajando lentamente, por todo su abdomen. - Ya sé que a ti te gusta lento..... - suspiró – y a mi también, pero en estos momentos no, venga. - nunca la había visto así de desatada. - Guíame tú – dije en su oído. Al oír esto, cogió mi mano derecha, y la bajó hasta meterla en el interior de su pantalón. Pasé de morder su cuello a morder su boca. Ahora, si que estaba yo fuera de mí. Casi no sabía lo que hacía ni como lo hacía. Malú cada vez se curvaba más y más. Me empezó también a morder a mí, intercambiando mordisco y gemido. Eso era lo que más me encendía. Encogía y estiraba sus piernas cada vez más rápido. No iba a tardar mucho más. Una vez aceleré el ritmo, se echó para detrás. Tumbándose en la mesa, sabía que no tardaría. Intentaba controlar el ritmo de su respiración. - Esto aún no ha acabado. - le dije. Al instante tiré de sus pantalones, llevándome con él, sus braguitas. Ella sabía lo que iba a hacer, las dos lo sabíamos. Bajé mi cabeza hasta su intimidad. Se estremeció. Pasaron no muchos minutos, cuando un grito de placer hizo que las paredes temblaran. - Ahora si ha acabado. - dije. - Ahora ha empezado. - se incorporó, se bajó de la mesa y me subió a mi ahora. Di un espaldazo, pero no se percató de ello, estaba más concentrada en desnudarme. Se subió a mi cuerpo y empezó a deshacerse de mi ropa. Lo hizo en menos de un minuto. Fue directa al cuello....sin más preámbulo. Recorrió todo mi cuerpo con su boca, dejando huella por donde pasaba. Mi respiración cada vez iba a peor, cada vez me costaba más respirar. Lo que esa mujer podía hacer con la manos no era normal. Metí un pequeño salto al notar sus dedos dentro de mí, no me lo esperaba. Pero así era ella, imprevisible hasta para el sexo. Si ella aguantó poco.....yo menos aún. Y menos con ella. - La mesa no va a aguantar, cariño. - dije echando la cabeza para atrás, intentando coger aire. - La que no va a aguantar vas a ser tú. - dijo en mi boca, la cual mordió segundos después. Tenía razón, no iba a aguantar mucho. Y así fue.... sentí como si mi interior fuera a explotar por dentro, y acabé explotando yo. - ¿Ves como tú aguantabas menos? - se rió y besó mis labios. - Eres mala. - dije una vez pude hablar. - Y más que puedo llegar a ser. - mordió mi labio inferior. Lo que le gustaba un mordisco. Vamos que yo no me quedaba atrás. Agarré su trasero y lo pegué hacía a mi. En ese momento eramos un cuerpo solo. Nos besamos más lentamente. Un crujido interrumpió nuestro beso. - Oh... oh.- dijo Malú en tono como “algo va a pasar”. Y pasó...pasó que la pata de la mesa se rompió, cayendo las dos hacia un lado. - Ay, ay, ay. Mi mesa. - dijo Malú, llevándose las manos a la cabeza. Yo me comencé a reir. - La mesa, ¿no? Tu chica....da igual. - no paraba de reirme. Me ayudo a levantarme. Busqué mi ropa interior, por el salón. No sabía donde la había mandado. Me empecé a vestir poco a poco, al igual que ella. - Te lo dije, en la ca,a más cómodo y no se rompe nada. - reí de nuevo. - Eso te pasa por pervertirme en la cocina. - se puso la camiseta – y la cama también se puede romper.- Elevó su ceja. Sabía que esas cosas también hacía que me entraran mil y una calores.

Fuimos a la habitación. Pasaban ya de las once de la noche. Un día agotador, entre el viaje y la escena de la mesa, hicieron un día francamente intenso. - Voy a darme una ducha. - dijo Malú, yendo para el baño de su habitación. Yo aproveché para llamar a mi madre, hacía unos días que no hablaba con ella. Me senté en el borde de la cama y marqué su número. Hizo tres llamadas y a la cuarta lo cogió. Su voz estaba algo asustada...mierda no había caído en la hora. Era demasiado tarde para haberla llamado. - Perdona mamá, no quería haberte asustado. Solo era para saber como estabas. - le dije quitándome los zapatos. Me dijo que no me preocupara, ella todavía no se iba a acostar. Le costaba mucho conciliar el sueño, y para ello tenia que tomar unas pastillas. Unos tranquilizadores. Yo le conté que había ido con unos amigos a pasar el fin de semana al sur de España. Habíamos alquilado una casita en Palos de la Frontera. Se asombró, porque a ella también le gustaba mucho el sur. Antes íbamos bastante, cuando aún eramos una familia ….. pero bueno, no voy a volver a pensar en ello. - Y tú ¿que tal, mamá? - le pregunté. - Bien, hija bien. Hace poco vinieron tus tios a casa, y me preguntaron por ti. - me dijo. - Y, ¿ Qué le dijiste? - me levanté de la cama. Estaba segura que eran ellos, lo más cotillas de la familia. Los que lo querían saber todo, de todos. - Pues nada, saber de ti. - dijo. - Ya,.... seguro que era eso solo. - dijo incrédula. Oí como la puerta del cuarto de baño se empezaba a abrir. - Bueno mamá, mañana vuelvo para la cuidad. Voy a casa, para comer, ¿Vale? - los padres adoraban eso de que los hijos fueran a comer a casa. Aceptó muy entusiasmada. Me despedí de ella cariñosamente, y colgué. - ¿Quien era, cariño? - me abrazó por detrás mi chica. Me volví hacía ella. - Era mi madre, cotilla. - me reí. Pude contemplar que estaba desnuda. Tal como dios la trajo al mundo. - Ponte algo, anda. Que te vas a enfriar. - le dije. - No me enfrío, y si lo hago... tú me calientes. - besó mis labios. Hoy estaba desatada, no la reconocía. - Toma. - le extendí el abornoz. - Con eso me entra mucha calor. - dijo. Abrió su cajón y sacó unas bragas, y un sujetador a juego con esta. Se las puso y se acostó en la cama. - ¿Así vas a dormir? - señale a su cuerpo. Ella asintió divertida. No tenía ganas a esa hora de ducharme y me puse el pijama. Ya lo haría mañana cuando me levantará. Me acosté frente a ella, pasando mi brazo por su cintura desnuda. Y la acaricié. Ella rodeó mi cuello con su brazo, e hizo pequeños círculos en él. No tardó mucho en que el sueño le rindiera. Yo caí al instante, también.

A la mañana siguiente, los rayos de sol me despertaron. Me tapé la cara con la almohada, y con la mano que me quedaba libre, busqué el cuerpo de Lucía. No estaba. Levanté la cabeza y miré el despertador. Eran las 9 de la mañana. Me acordé de que hoy tenía que volver al trabajo. A su disco. Pero no creería que me dejara allí sola, sin antes haberse despedido. Era muy raro. Me desperecé y me levanté. Fui al baño y allí estaba acabándose de arreglar.

-Dormilona. - dijo mirándome a través del cristal.
-Bueno días, madrugadora. - besé su pelo, y me senté a hacer pipi.
-Anda, eh... tú no te cortes. - rió al verme sentada en el wc. Sonreí al escucharla. Por las mañanas estaba un poco espesa. Raro era, que había articulado palabra. - Me voy dentro de nada, tú... ¿Qué vas a hacer? - me preguntó mientras perfilaba sus ojos.
-Yo me visto y me voy para mi casa, que he quedado con mi madre para comer. - le dije levantándome.
-Vale, vale. - contestó.
-No tardo nada. Dame unos minutos y me visto. - corrí.
-No haces faltas que corras, amor. Voy bien de tiempo, me gusta llegar un poquito antes siempre. - dijo. Me vestí a un ritmo normal al escucharla. Cogí mi maleta, y fui de nuevo al baño. Me lavé los dientes.
-¿Quieres un café? - dijo apoyada en el quicio de la puerta del baño. Negué con la cabeza.
-Ya estoy. - me puse frente a ella abierta de brazos. Cual niño delante de su madre para que viera lo guapo que estaba.
-Te dije que no hacía falta que corrieras, cariño – besó mis labios. El primer beso de la mañana era sin duda el que mejor sabía. Pero ella hacía que supiera mejor.

Nos despedimos al llegar a nuestros respectivos coches, mi coche llevaba allí unos días. Nos fundimos en un cálido abrazo, y un bonito beso. La seguí con la mirada hasta que se montó en su coche, e hice yo lo mismo. Me lanzó un beso desde dentro y salió antes que yo. De camino a mi casa, puse a mi chica a todo volumen. No podía pasar sin oir su voz mucho tiempo. Llegué a mi destino, y me bajé del automóvil. Al acercarme la puerta, noté que alguien me llamó por la espalda. Me giré, y mi cara cambió de alegría a seriedad. -¿Qué haces tú aquí otra vez? - vi el rostro mi padre. - Es que me dijiste que me ibas a llamar para conocer a tu hermano, y … ha pasado más de un mes, y no he recibido noticias tuyas. - me dijo. - ¿Y qué? Yo te llamaré cuando crea conveniente. - me volví y metí la llave en la cerradura del portal. - Por favor, es por tu hermano. Hazlo por él, no por mi. - me dijo. - Mira yo haré lo que yo quiera, ya soy bastante mayorcita. - le dije. - ¿Cómo se llamaba? - entré en el descansillo. - Carlos. - dijo él desde fuera. - Muy bien, ya te llamaré – dije, y cerré la puerta. Subí a mi casa. Al entrar un oleada de calor me dio en la cara, lo había dejado todo cerrado, y era norma. En cuanto entré subí todas las persianas y abrí todas las ventanas. La casa debía airearse un poco. Fui para la cocina y me preparé el desayuno. Sobre las 11 me puse a limpiar la casa. Necesitaba una limpieza, el estar unos cuantos días fuera de casa, pasaba factura. Al acabar de hacer todo, me duché y me senté en mi mesa – escritorio. Tenia que repasar todo lo que debia hacer cuando las vacaciones terminaran. Tenía tres juicios que defender, y me debía de preparar la defensa. A las dos fui a casa de mi madre, me abrió muy sonriente. Nos abrazamos muy fuerte, hacía unos días que no nos veíamos. - Mm....que bien huele por ahí, ¿no? - fui a la cocina. Levanté la tapadera de la cacerola y vi lo que estaba haciendo. Estofado de carne. Sabía que esa comida era mi perdición. Se me iluminó la cara por completo. - Cuidado con que no se te caiga la baba dentro, hija. - dijo riéndose. Yo también me reí. Puse la mesa y nos sentamos a comer. Yo miraba para todos los lados mientras comía, siempre que venía lo hacía. Me encantaban mirar aquellos preciosos cuadros que tenía en la pared... y aquellas fotos. Pero al ver una de mi padre se me cambió la cara otra vez. - Hija, ¿Qué te ocurre? - dijo mi madre mirando para detrás. Recordé entonces el encuentro con mi padre, tenia que decírselo. - Hoy lo he visto. - dije sin levantar la vista del plato. - ¿ A quién? - dijo ella. Señalé con mi vista a la foto en que saliamos los tres. Mi madre, mi padre y yo. Una foto preciosa, se me caía la baba cada vez que la veía. Su rostro cambió, como él mio. - ¿Qué te ha dicho? ¿Qué le has dicho? - su mirada era ahora de tristeza e incertidumbre. Solté el tenedor en el plato. - Tengo un hermano. - dije sin pensarlo dos veces. - ¿¡Cómo?! - exclamó ella. - Se llama Carlos y tiene 7 añitos, me ha dicho de que conocerlo. - mojé pan en la deliciosa salsa. - ¿Qué vas a hacer? - me dijo. - Quiero conocerlo, él no tiene la culpa de que su padre haya sido un cabrón, pero todavía no le he dicho nada. - la miré. - Esa decisión es tuya, cariño. - me acarició la mano. Agradecí el gesto con una sonrisa. Después de comer, nos sentamos un poco en el sofá a reposar la comida. Mi móvil empezó a sonar. Era ella. Una sonrisa se dibujó en mi cara. - Ahora vengo mamá. - fui a mi antiguo cuarto a hablar.

-Hola, mi vida. - me dijo ella.
-Hola, amor. ¿Qué tal estás? - le pregunté yo.
-Pues muy bien, acabo de llegar a casa. Estoy agotadísima. Y Vero a venido a traerme al zoo. - rió – Y tú, ¿ Qué tal? -
-Bien, bien. Aquí con madre comiendo. -
-Está ahí ahora. - dijo
-Me he venido al cuarto a hablar. - reimos.
-Bueno, gorda. Voy a comer y a descansar un poco, luego hablamos. - me dijo.
-Vale, cielo. Descansa. Te quiero, mi amor. - me despedí.
-Y yo a tí. - Colgué y me fui para el salón. Mi madre estaba en la cocina, fregando los platos. - Ya estoy aquí, mamá. - le dije. - ¿Quién es la afortunada? - dijo de sopetón, sin dejar de fregar. Joder.....¿Cómo lo sabía? Me quedé callada. ¿Qué hago? ¿ Le digo que mi novia es la mujer que he admirado toda mi vida, o niego tener novia?

jueves, 17 de abril de 2014

Capítulo 23. No tinguis por.


Malú miraba fijamente la puerta. Yo hacía lo mismo. De repente apareció José por detrás mía. - Papá, mamá. - dijo el mayor de los hermanos. Se acercó a ellos y les dio dos besos. - Niña que te has quedado “alelá” - dijo Pepe a Malú. Se saludaron los cuatro. Mis nervios empezaron a subir por todo mi cuerpo. Parecía un flan. No me lo podía creer, tenía delante a los padres de Malú y ellos sin saber nada de los nuestro. Que vergüenza. Pepe era igual de alto que su hijo mayor, y Pepi un poco más baja que su hija. Vestían los dos un poco informales. - Mamá, ¿Qué hacéis aquí? - le dijo Malú, todavía sin entran del todo en la casa. Me parece que todavía no se había dado cuenta que yo estaba allí. José se giró y me guiñó el ojo. Gesto que agradecí con una sonrisa. Necesitaba en ese momento un gesto que dijera que todo iba a salir a salir bien. Y él lo hizo. Me tranquilizó un poco, pero poco duró mi tranquilidad cuando se acercaron los padres de Malú a mi. Me puse muy tensa, las manos me empezaron a sudar. - Mirad ella es Claudia mi …. - se paró. - Vamos para el salón mejor, familia. - dijo José, se pusóen medio de sus padres y pasó su brazo por encima de sus hombros. Malú se quedó al lado, nos alejamos un poco de ellos. - No tengas miedo, mi amor. Estoy aquí. - dije apretando fuerte su mano. Su mano sudaba igual que la mía Tenía los mismo nervios, o incluso más. Sus labios se secaban en cuestión de segundos y tenía que humedecerlos continuamente. Le solté la mano antes de entrar en el salón. Los padres y el hermano se sentaron en un sofá, y Malú y yo nos sentamos en el de al lado. Pepe se quitó la chaqueta que tenía y se echó para detrás. Me miró, y eso hizo que mis nervios aumentarán. - Qué morenas estáis las dos. ¿Qué venís de la playa? - dijo Pepi rompiendo un silencio incómodo. - Si venimos de pasar unos días en Palo, mamá. - dijo Malú con la voz temblorosa. Miraba hacía el suelo. Creo que ya se lo imaginaban porque nuestras caras así lo decían. Solo nos faltaba un cartel en la frente que pusiera: Somos pareja. - Y, ¿El pitufo, mamá? - dijo José, supongo que se refería a su hermano pequeño. - No ha querido venir a ver su hermana. - rió la madre. Reímos los tres. Sí, los tres. Excepto Pepe, que no apartaba la vista de mi. - ¿Y ustedes que sois amigas, no? - dijo el padre de Malú. La cosa se estaba poniendo de un color gris tirando para negro. Se lo veía venir. - Voy a por algo para tomar, que no acabé aún.- se levantó José. - Tú te quedas un momento. - tiró Malú del brazo del hermano y lo sentó en el sofá. La miró como diciendo, “vale vale”. Garraspeó un poco. Sí, lo iba a hacer. La conocía lo suficiente y sabía cuando iba a hablar y cuando no. - Papá somos amigas, si. Empezamos a ser amigas hace más de un mes. - se frotaba las piernas. - Pero de ese mes para acá, empezó a aflorar en mi sentimientos hacía ella, y viceversa. Sentimientos que no pensaba que podría tener hacía alguien de mi mismo sexo. - vale, ya si se lo imaginaban seguro. - Quiero que sepáis, que estoy enamorada de Claudia, y somos pareja, papá. - los padres nos miraban atónitos. - Verás, hija. - dijo Pepi, algo no iba a ir bien. - Tú eres mayorcita y sabes que te viene mejor y que no. Y si estáis bien y os quereis …. para delante. - hizo el gesto de “para delante” con la mano. Nos miramos sonrientes. De repente. Pepe se levantó. Se nos borró la sonrisa, por completo. - Bienvenida a la familia, hija. - abrió los brazos, y me sonrió. Me levanté y le di un gran abrazo. - Cuidamela mucho, es la única que tengo. - me dijo al oído. En ese momento me sentí la mujer más feliz del mundo. Me desbordaba la felicidad por los ojos.

-Bueno, bueno. Por fin, cuñada a mis brazos. - me abrazó José
-¿Como? Pero … ¿Qué tú lo sabías? - dijo Pepi
-Eh … sí mama, lo sabía. Fue el primero en saberlo. - cogió mi mano y la puso en su pierna. Morí de amor con ese gesto. Apreté fuerte su muslo.
-Y, ¿Por qué no nos dijiste nada, chiquillo? - volvió a decir su madre, mi suegra. Que bien sonaba “ mi suegra”
-Porque queríamos hacerlo nosotras, mamá. Queríamos estar preparadas. - dijo esta vez yo.
-Oye que me han preguntado las dos veces a mi, eh. - reímos todos.
-Y, ¿Cuánto lleváis? - dijo Pepe.
-Mes y medio. - dijimos la dos a la vez. Nos miramos y sonreímos complices. Adoraba la sonrisilla que le salía, por debajo de la nariz. La adoraba, sin más. La miraba y veía en ella a a mujer con quien compartir mis días, ya fueran buenos o malos. Veía a la mujer con quien compartir mi vida, la persona la cual ver nada más despertarme, nada más acostarme. La necesitaba en mi vida si o si. Ya había entrado y no podía salir. Era crucial en mi vida. La parte que me complementaba.
-Vaya, pues así se empieza chicas. A seguir. - nos sonrió Pepe. Yo creía que iba a ser más dificil, que se iba cerrar en banda y … me esperaba lo peor. Pero no fue así. Aceptó lo nuestro, y apostó por nuestra relación. Que buenos suegros iba a tener.

Nos sentamos a comer algo en la mesa. Eran las 10 de la noche y aún no nos habíamos cambiado de ropa desde que vinimos del viaje. José preparó una gran ensalada para los cuatro. Algo ligerito. - Bueno, yo traía ….. - dijo Pepi, sacando algo de una gran bolsa que trajo. - Una tortilla de patatas para cenar. - José estalló a reir, seguidamente lo hicimos Malú y yo. Pepi no había cogido el chiste. Sacó también filetes “empanaos” . - Pensé que echaría de menos la comida de tu madre y … bueno. - rió ella. - Claro, que la echo mami, que rico todo. - dijo mi chica. - Sobretodo la tortilla, eh. Hermanita. - dijo José casi llorando. Malú se levantó y le dio un puñetazo en el brazo al hermano. - Niña... oye tú... estaros quieto los dos. - se levantó Pepi. Vaya panorama. Los hermanos peleándose y la madre separándolos. Me empecé a reir a carcajadas. - Vaya tres. - dijo Pepe pinchando ensalada. - Voy a por un vinito … ven conmigo, amor. - me dijo Malú. -Haber, lo que hacéis, eh – levantó las cejas José. Que le gustaba picar a la hermana. Ella le lanzó una mirada asesina. Si la miradas matasen, él ya estaría muerto y enterrado. Una vez en la cocina me abrazó con fuerza, mis brazos rodearon su cuerpo también con fuerza. El olor de su cuello me cegaba, el de su pelo, el de su piel.... su olor en general me cegaba. Acaricié su pelo con mi mano izquierda. Ese momento era especial. Aunque todos eran especiales, pero ese era más. Me aferré a su cuerpo, no quería separarme de ella. Sentir su cuerpo pegado al mío, era lo que más me gustaba. Sentir sus latidos en mi pecho, su respiración en mi clavícula... eran cosas que no cambiaría por nada en este mundo.

  • Mi amor, te quiero – se despegó de mi
  • Y yo, mi vida. - besé sus labios. Un beso largo y lleno de ternura, como cada beso que le daba.
  • Ya formas parte de la familia, princesa. - volvió a abrazarme. Esas palabras hicieron que mis corazón se llenara de alegría. Aún no me podía creer que estaba con la hija de Los Lucía y formara parte de esa gran familia. Una familia llena de arte por todos lados que mirase.
  • Falta que tú conozcas a la mia. Bueno … a mi madre, en general – le dije.
  • Mi amor, no te preocupes. Ya sé cual es tu familia. Y recuerda que estaré a tu lado, como tú has estado al mio. Dándote fuerzas. - volvió a pegarse a mi cuerpo. No se quería separar de mi. Ni yo de ella tampoco.
  • Bueno, vamos a coger el vino, anda. Que sino... el malpensado de mi hermano empieza a divagar. - dijo riéndose.

    Abrió la puerta del mueble, se puso de puntillas, pero … no, no podía coger las copas. No llegaba. Yo me empecé a reir. - Eso, tú … riete de tu novia … - le costaba hablar, lo hacía con esfuerzo. Ya que, el esfuerzo lo tenía que hacer para ponerse de puntillas e intentar coge los vasos. Fui a ella, y alcé un poco su cuerpo para arriba. Primero cogió dos, luego otros dos, y por último, él que le quedaba. Al acabar de coger los vasos, quedó su cuerpo frente al mio, prácticamente pegados. Su boca frente a la mía. Respirando su respiración. Ese momento me parecía demasiado excitante, pero no era el lugar ni el mejor momento. Por eso no le dije nada. Pero ella no se calló. - Estamos muy cerca. - dijo en mis labios. - Ya lo sé. - reí perversamente. Acercó a su boca a la mía y me beso. Rodeó mi cuello con brazos. Yo agarré su cintura. Haciendo así, el beso más intenso. Perdió sus dedos en mi pelo, los mios ya estaban perdidos por su espalda. Recorriendo cada centímetro de su piel. La cogí y le senté encima de la encimera. Las respiraciones ya empezaban a entrecortarse. Mis besos pasaron de su boca a su cuello, mordiéndolo con fuerza. Dejando las marcas de mis dientes en él. Sus piernas rodearon mi cuerpo, sintiendo así su suave piel con la mia. Gemía en mi oído, sin yo apenas tocarla. Levantó mi cabeza y me besó con furor, mordiendo mi labio inferior. Cada vez que hacía eso me enloquecía. De repente, una silla se retiró de la mesa y alguien se aproximaba a la cocina. Se bajó corriendo de aquella encimera, puso bien su ropa y su pelo. Yo hice lo mismo con el mio. Por la puerta apareció Pepi. - Pero bueno, chiquillas. Que es un vino con cinco copas, no creo que se tarde tanto. - dijo ella. - Ya, pero no encontrábamos las copas y las estábamos buscando. Justo ibamos a tirar para allá, mamá. - cogió Malú el vino, y dos copas. Yo cogí las tres restantes. Nos dirigimos al salón, y nos sentamos en nuestro sitio. La una al lado de la otra. Estubimos hablando un rato después de comer, José se ofreció a llevar a sus padres a su casa. Vivían en el centro de Madrid. Después se iría a tomar algo con Rubén, que ya habían quedado con anterioridad. Los acompañamos todos a la puerta. Malú se despidió de sus padres y su hermano. Pepi se despidió de mi con dos buenos besos, y Pepe con un achuchón. José como de costumbre, estrujándome la espalda con un “hasta pronto, querida cuñada”. Una vez nos dirigimos al salón, me puse a recoger la mesa. Pero ella me agarró del brazo, impidiendo que siguiera. Se subió a la mesa y me atrajo hacia ella.

    -Tenemos que acabar lo que empezamos …

sábado, 12 de abril de 2014

Capítulo 22. Voy a quemarlo todo.


Nos tumbamos en dos hamacas que estaban cubierta por un gran toldo. Primero decidimos ponernos bajo el sol, pero hacía demasiado calor. Cerramos los ojos y nos quedamos calladas. Oyendo solo el ruido del viento dando en lo árboles. Se respiraba tranquilidad. Teníamos que disfrutar del último día que nos quedaba allí. Me concentraba en cada ruido, en cada olor. Desde allí, era capaz de saborear la brisa salada del mar, el relajante murmullo de las olas llegando a la orilla.

-¿Usted es la que ha asistido el parto, no? - un muchacho se acercó a mi.
-Esto.. sí. - me levanté las gafas de sol.
-Has sido muy valiente, de verdad. Enhorabuena. - me tendió la mano. No sé si me merecía tantos halagos como estaba teniendo. Cualquier persona hubiera echo lo que yo hice, solo que , en ese momento, yo fui más rápida y me di cuentas antes.
-Muchísimas gracias. - apreté fuerte su mano derecha. - yo creo que no fue para tanto.
-Bueno, a mi me parece que si. No estoy seguro si todo el mundo hubiera tenido las agallas que tú tuviste. - debería ser un poco vergonzoso. Su aspecto así lo decía. Casi no me miraba a los ojos cuando hablaba, y el movimiento de sus piernas...delataban su timidez. - por cierto, soy Esteban
-Yo Claudia, encantada. - Malú nos miraba por encima de sus gafas.
-Esto... - se empezaba a arrascar la cabeza. Joder, estaba temiendo lo que iba a decir, aunque ya me lo imaginaba. Todavía no se había percatado de la presencia de Malú. - ¿Qué te parece si quedamos esta noche para tomar algo y charlar? - pues no, no era tan vergonzoso como yo pensaba.
-No puedo, lo siento. Me voy hoy por la tarde. Me encantaría, pero que va. - le sonreí.
-Pues que pena, porque me hubiera encantado conocerte. - en ese momento, Malú se levantó y se fue. Daba unos pasos agigantados, no sabía por qué había echo eso.
-Lo siento, pero no puedo. - dije mirando como se marchaba. - Adiós. - le dije ya corriendo hacía ella.

Al llegar a ella la cogí del brazo. - Ey, ey. ¿Qué te pasa? ¿Por qué te has ido? - le pregunté. Me quité las gafas y ella hizo lo mismo con las suyas. Dejando ver esos grandes ojos marrones. Unos ojos que me hipnotizaron desde el primer día. Su mirada era un inmenso abismo, en el cual una vez que caias, no podías salir. - Pues, jolin. Que ese tio te ha pedido salir en mi propia cara. - su mirada me traspasó. - Ya, ¿Y que le he dicho, Malú? ¿Acaso le he dicho que sí? No entiendo esto, de verdad. - dije seria. - ¿Porqué no le has dicho que tenías pareja, entonces? - no entendía su reacción. Hace unos instantes, estaba súper feliz y ahora ….. enfadada. Tenía la bipolaridad puesta en modo ON. - Y ¿A él que le importa si yo tengo pareja como que no? Solo quería tomar una copa y ya está, Malú. - me estaba empezando a desconcertar Este ataque de celos repentino, me ponía a mi de los nervios. - Ains, no se, amor. No me eches cuenta. No me debería haber puesto así, lo siento. - me diijo con voz de no haber roto un plato en su vida. - Aunque no me extraña que te pidiera salir, con lo guapísima que eres. - añadió. Me agarró de la cintura. A mi solo con la vocecita de antes, ya me había matado. Pero para picarla más, me crucé de brazos y no dije nada. Sabía que eso le daba demasiado coraje. Me besó, yo seguía sin inmutarme. Cual estatua. - Bueno pues nada, ea. - se giró y se cruzó de brazos ella también. Ya se había “enfadado”. Me empecé a reir. - Que es broma, tonta. - ahora fui yo quien la cogió por la cintura. Pero ahora era ella quien no hacía nada. Le besé por el hombro hasta llegar a su cuello. Dio un paso al frente. Por dentro se moría de ganas por volverse y besarme, pero su “enfado” no la dejaba. - No me echas cuenta, ¿No? - le dije. Ella negó. Pero no solo con la cabeza, sino con todo su cuerpo. Lo giró de un lado para otro. Entonces se me ocurrió una idea. Abrí sus piernas y metí mi cabeza entre ellas. De manera, que quedó sentada en mi cuello, y me levanté. - ¿Qué haces? - me agarraba fuerte del pelo. No respondí. “Bajame Claudia, por favor” no sabía si reía o lloraba, pero me hacía gracia. - Hasta la habitación. - le dije. Un sonoro “¡¿Cómo?!” casi me dejó sorda. Yo reía y ella pataleaba, para que la bajara. Pero no lo iba a conseguir. Empecé a subir las escaleras, muy despacito. Mirando cada escalón. Con una mano, agarraba la pierna de Malú y con la otra me agarraba yo a a barandilla. Algunas personas que bajaban, se quedaban mirando, pero poco me importaba. Yo seguía a la mio, y Malú a lo suyo. Suplicando que la bajara.
Al llegar a la tercera planta, no pude más. Y la solté. Mi cuello y mi espalda, no aguantaba más. Me agaché con cuidado y ella se bajó. Resopló tranquila y se colocó el bikini. Yo me apoyé en la pared, puse mi mano en el cuello y lo eché para detrás. Me dolia un poco. - Si es que, eres muy bruta. - puso su mano sobre la mía e hizo presión. Empezó a darme un pequeño masaje. - Ya. - dije poniéndome derecha. Nos fuimos a la habitación, eran ya las dos y medias, y aprovechamos para pedir algo de comer. Comimos con mucha calma, ya que hasta las cinco no abandonábamos el hotel. Queríamos pasar el mayor tiempo allí.

-Bueno, nos queda hora y media. - dijo Malú. - ¿qué hacemos?
-Yo voy a preparar en un segundo la maleta. - me levanté. Saqué la maleta del armario y la abrí. Comencé a meter con lástima cada prenda. Suspiraba cada vez que metía algo.
-¿Porqué tanta pena? Que no se acaba el mundo. - dijo riéndose.
-No, pero se acaba el mejor fin de semana de mi vida. Y me da mucha pena, jo. - puse pucheros y la miré. Se fue para su maleta. La abrió y sacó un pequeño altavoz.
-¿De donde lo has sacado? No sabía que te lo habías traído. - guardé la última prenda. La guardé cuidadosamente, y cerré la maleta. Dejando en ella los recuerdos de aquel magnífico fin de semana que había vivido. Enchufó el móvil en el aparato. Empezaron las primeras notas de “Voy a quemarlo todo”. No sabía que tenía canciones suyas en el móvil.
-Es una de mis favoritas. - dijo, y empezó a cantar. - “Frente a la pared, malditos desengaños. Aquí me veo otra vez, yo y mis lágrimas...” - se acercaba hacía a mi lentamente, moviendo su cuerpo sensualmente. “Y de llorar cada mañana, ¡Hoy puedo ver mucho mejor! - gritó. En el estribillo cogió el mando de la televisión, se subió a la cama y comenzó a saltar. Seguidos de esos movimientos alocados que hacía. Yo, desde abajo la seguía como cual fan desatada en un concierto suyo. “Guapa, guapa” hacía como que gritaba pero sin gritar. Hice los míticos “cuernos maluleros” y ella me imitó. Se movía de un lado para otro de la cama. Corriendo, andando, pegando saltos. No sé como estaba aguantando la cama. Puso la canción en modo repetición, y volvió a sonar. Esta vez al empezar a cantar, saltó sobre mi. No me lo esperaba y me di un espaldazo contra la pared. Cantábamos las dos a la vez. A pocos centímetros de nuestros labios. Saltaba hasta encima mía. Yo ponía cara como de que no me dolía, pero a veces llegaba a ser demasiado bruta. Llamaron a la puerta, cortando así nuestro momento subidón.
  • Perdone señoritas. - dijo uno de recepción – pero es que hay gente que se está quejando por el elevado ruido de la música.
  • Perdone, pero la música no hace ruido. - dijo Malú. Eso le había tocado el hígado, como ella decía. - Además, tampoco está tan alta.
  • Yo solo os digo que la teneis que quitar. - dijo serio el recepcionista.
  • No creo que sea para tanto, pero …. - repliqué yo.
  • Están avisadas, sino quieren que llame a seguridad. - ni que se fuera a caer el edificio, joder.
  • Bueno, bueno. No es para ponerse así. Ya la quitamos. - dijo Malú.
  • Gracias y buenas tardes. - dijo él.
  • Adiós. - cerré la puerta. Con lo bien que lo estábamos pasando, tenía que venir algún idiota a fastidiarlo. Ese suceso me recordó al que me pasó con mi vecina, cuando interrumpió mi “concierto” con su frase típica: No puedo escuchar la televisión.
  • Que gente por favor. - dijo Malú sentándose en la cama. Me senté a su lado. - Qué gente más “tiquismiquis” y toca pelotas, joder. - dijo a propósito gritando. Queriendo que se enteraran. - Calla, anda. - le tapé la boca y me empecé a reir.
A las cinco en punto bajamos y dejamos las llaves en recepción. Menos mal que no estaba el hombre de antes, sino era capaz de soltar alguna pullita o decirle algo. Nos fuimos a la parada , en la cual estaba estacionado el tren que nos llevaba hasta la capital onubense. En el trayecto de ida, volví a quedarme embelesada con aquellas vistas, que esperaba volver a verlas muy pronto. Malú mientras tanto, se echó en mi hombro. Yo apoyé mi cabeza en la suya. - ¿Te lo has pasado bien, mi vida? - dijo ella en voz baja. - Junto a la persona más maravillosa de este mundo, ¿Como no pasarlo bien? - respondí con una gran sonrisa. Entrelazó sus dedos con los mios y empezó a jugar con ellos. No tenía ni idea que estaba haciendo, pero me hacia mucha gracia. Entrelazaba unos con otros. - Tú pa´ acá y tú pa´ acá. - decía. - ¿Qué haces? - me reí. - He dicho que … tú para acá y .. - empezó a apretar cada vez más. - …. tú para acá. - dijo con los dientes juntos. También hacía fuerza con ellos. - Ah, ah. Malú. Que me duele. - me quejé entre risas. - Uy! Jijiji – rió divertida – lo siento. - se rió aún más. Volvió a entrelazar sus dedos a los mios. Esta vez de forma natural. A las 6 menos cuarto llegamos a la estación, y a la seis salia nuestro tren hacía Madrid. El trayecto hacía allí, se me hizo corto. Ya que, estuvimos repasando cada momento del fin de semana. Detalle a detalle. Letra a letra. Coma a coma. Cuando llegamos a Atocha, ya estaba José esperándonos con el coche.

-Claudia, querida cuñada – me abrazó. No me acostumbraba a lo de “cuñada”
-Hola, hermanita. - la saludó con la mano.
-Ah! Que bien. Se nota que te alegras de verme. - dijo Malú. En ese instante, José se fue para ella y la abrazó con fuerza. Comenzaron a saltar en el sitio. La que liaban estos hermanos no era normal. Yo los miraba con mi ataque de risa. Malú me tendió el brazo para que me uniera. Y así lo hice. Comenzamos a saltar en el sitio dando vueltas. La gente nos miraba atónita. - ¿Malú? Es Malú. - gritó una chavala que andaba por allí. Nos metimos corriendo en el coche. Aquella adolescente, de unos 16 años de edad, empezó a golpear el cristal del coche. Malú la saludó desde dentro. En el camino, le contamos a mi querido cuñado todas las anécdotas que nos pasaron. Desde el encontronazo con el individuo de Gonzalo, la tarde de puenting y el parto imprevisto en la piscina. José se quedaba boquiabierto con cada cosa que le contábamos. Llegamos a Majadahonda y lo primero que hicimos fue tumbarnos en el sofá. Tanto viaje agotaba demasiado. Malú ya estaba acostumbrada, pero yo … no. José fue a la cocina a por algo para picar. Llamaron a la puerta y fue Malú a abrir. Al hacerlo, se quedó callada. No escuché nada.
  • ¿Quién es, cariño? - me acerqué hasta la puerta. Me quedé blanca. Dios mio....no me lo podía creer. La había cagad pero bien.

domingo, 6 de abril de 2014

Capítulo 21. Ha nacido un gitanito.


Nos tiramos un par de veces más. Le estaba cogiendo el gusto a eso de las alturas. Recordé una frase que había escuchado en una película “ Cuando pierdas el miedo, empezarás a disfrutar “. Era una verdad como un templo. El miedo solo era un estado de inseguridad, de no controlar la situación. Además, el miedo no era saltar, sino que la cuerda se rompiera y adiós muy buenas. Mi mente se estaba poniendo filosófica al recordar otra gran frase “ No existe el miedo a volar, existe el miedo a caerse” - Bueno que, son las 2 y media. ¿Vamos a tomar unas cañas? - dijo Alex, frotándose las manos. La verdad es que , el saltar me había abierto el apetito. - Venga, vámonos. Yo invito. - dije quitándome el arnés. - ¿Tú? Y, ¿Por qué tú? - puso Malú sus manos en la cintura. - Hay que celebralo. - dije riéndome. - Me he perdido. ¿Qué hay que celebrar? - dijo Sergio. - Que no me he partido la crisma. - nos empezamos a reir. Nos montamos en el coche, y nos fuimos hacia la ciudad. Estaba a dos minutos. Entramos en un bar que, según Alex y Segio, se tapeaba muy bien. El dueño era amigo de ellos dos. Era un bar, un tanto peculiar. Había fotos y tofreos de puenting por doquier. Pero hubo una foto que me llamó la atención, era en una cataráta. Joder, esta gente no le tenían miedo a nada. Yo nada más ver la foto, se me encogió el corazón. - Pues, la próxima ahí, princesa. - me dijo Malú bajito. - “No dejes de soñar....” - canté la canción de su amigo, Manuel Carrasco. Se empezó a reir. Yo sabía muy bien que ella jamás haría eso. Pero no se lo dije, no quería subestirmarla. Cada vez que lo hacía, ella tenía que hacer todo lo posible para conseguirlo. Era así. - Bonita foto, eh. - se acercó Sergio. - Preciosa, sí. - le contesté. - La hice yo. - dijo arrascándose la cabeza. Miré la foto y lo miré a él. Foto. Sergio. Foto. Sergio. - ¿Qué pasa? ¿Tan raro es que me guste la fotografía? - se rió Sergio. - No, simplemente que me ha impresionado que te guste. Nunca me lo hubiera imaginado.- no apartaba la vista de aquella imagen. Me había cautivado. - Las aparaciencias engañan, señorita. - dijo Sergio, con las manos metidas en el bolsillo del pantalón. Sonreí y asentí. - Eh! ¿Venís o qué? - ya estaba Alex gritando. Que le gustaba pegar voces. Menos mal que en el bar, solo había un hombre en la barra y ya está.

Pedimos un buen “pescaito frito” y cerveza para los cuatro. Ya que estabábamos en Andalucía, teníamos que aprovechar de su fantástica gastronomía. Caramales, chocos, adobo, pescada … que bueno estaba todo. - El lunes a matarme en el gimnasio, vaya. Que me estoy pasando de lo lindo. - dijo Malú. - Una vez al año no hace daño, amor. - dije mientras comía calamares. Es lo que más me gustaba. Después de comer todo ese banquete, nos quedámos un ratillo reposando. Les pregunté que desde se conocián, y me contaron que desde hacía ya unos años. Cuando en una cena de amigos en común, estaban ellos también. Malú contó que desde el primer momento, les cayó muy bien. La verdad, es que a mi me pasó lo mismo con aquellos dos individuos. Nada más verlos, sabía que iban a ser cojonudos. De vez en cuando, entre anécdota y anécdota, Alex contaba un monólogo. Se le daba de miedo contarlos. Me dolia ya la barriga de tanto reime. Se debía plantear esto de los monólogos. Lo debería de cambiar por el puenting. Se forraría seguro.

-Bueno, compañeros de puenting. - dijo Malú con voz de interesante.
-“Cuidao” que va a hablar la jefa. - Sergio se arrimó más a la mesa. Que espectación había.
-Nosotras, vamos levantándo el campo, que mañana tiramos ya para Madrid. - se levantó Lucía.
-Si, yo también me voy. - se levanto Alex. - Que esta noche, viene a cenar parte de la familia a mi casa. Y me tengo que preparar monólogos. - reimos todos.
-Pues, bueno, a ver si nos pasamos otra vez por aquí. Que esto hay que repetirlo. - se acercó Malú a Sergio y le dio dos besos.
-Ya sabes donde estamos. - dijo él. Se acercó a mi y me dio un abrazo. - Eres una campeona, Clau.
-Muchas gracias. - dije algo sonrojada. Lucía también se despidió de Alex con otro abrazo.
-Estas loco, pero … me has caido más que bien. - le dije a Alex abrazándole.
-Gracias, gracias. Un gran alago para mi lo de loco, eh. - se echó a reir. Sus ironías eran de lo mejor, ponía unas caras cuando las decía que … me partía de risa.

Nos fuimos para el hotel. Como aún era temprano, nos relajamos en la bañera que había en nuestra habitación. Un baño que duró cerca de dos horas. Un baño lleno de caricias, besos, y achuchones bajo agua. Esos momentos eran especialmente mágicos. Deberían ser eternos. Tocar la piel de Malú cuando estaba mojada tenía que estar prohibido, porque te llevaba al delirio, sin duda alguna. Tenía envidia hasta de las gotas que recorrian su perfecto cuerpo, su magnífico pelo. Al salir teníamos los la piel muy arrugada, no nos extrañaba nada. Tantísimo tiempo metida en la bañera, era normal. Nos enrollamos las dos en una sola toalla. Cogimos la más grande que encontramos. Compartiendo el calor. Apretó su cuerpo al mio. Recorrí con mis manos toda su espalda. Frotańdola a veces para evitar que se enfriara. Nos pusimos el pijama y nos echamos en la cama. - ¿Que tal si pedimos algo? - dijo Malú echándose sobre mi. La ducha nos había sentado de escandalo. Estabamos super relajada. Me parece que nunca me había encontrado así de bien. - Vale, me parece. - le acaracié por debajo de la camiseta. - ¿Que te apatece? Que llamo al servicio de habitaciones – cogió el telefono. - Pues, no se. Lo que tu vayas a pedir, amor. - le dije. - Una ensaladita, que he comido mucho durante este fin de semana. - se tapó la cara. - Anda tonta, que no ha sido para tanto. - se las quité. Pidió un par de ensaladas con todo lo habido y por haber de ingredientes. Pero eso sí, todo light. Con ella iba a pasar un poco de hambre. Porque según me dijo un día: “ La persona que esté conmigo, tiene que hacer deporte igual que yo. Yo no obligo, pero me gustaría que así fuera” Entre el deporte y la comida.... pero bueno. Por ella hacía lo que fuera. Aunque su comida fuera un poco “comida para peces”. No me importaba. Nos comimos aquella maravillosa ensalada, acompañada de un vino. Y una pelicula. Esta vez era Titanic. A las dos nos volvía loca esa película. No llegó casi a la mitad de la película, cuando se quedó dormida. Hice malabares para poder apartarla de mi cuerpo. La tumbé al lado mia y quité la televisón. Fui al baño, y me eché junto a ella. Acaricié su pelo hasta quedarme dormida.

A la mañana siguiente, nada más abrir los ojos. La vi a ella preparando la maleta. Es verdad, ese mismo día por la tarde, nos marchábamos para Madrid. Jolín, quería quedarme allí más tiempo. Disfrutando de ella, de la playa, de las buenas vistas... de todo. Pero el lunes, Malú volvía a la rutina de siempre. Volvía a su disco. - ¿Ya la estás preparando, amor? - me senté en la cama. - Si cariño, es mejor hacerla ahora, que dejarlo todo para el final. - solo dejó fuera un bikini y la ropa que se iba a poner para la ida. - Bueno, yo la preparo después. Que ahora estoy un poco dormida aún. - me levanté y me desperecé. - Como quieras, pero no te lo recomiendo. - dijo desde el baño, estaba cogiendo los champú, el secador de pelo, sus pinturas, y los cepillos de dientes. - Cuando acabes nos vamos a la piscina un ratillo, anda. - le dije cogiendole por detrás. - Que aún no hemos ido, desde que llegamos. - le dije. - Vale, acabo y me pongo el bikini. - metió sus últimas cosas. Yo fui al baño y me lo puse. No tardó mucho en terminarla, y también se cambió. Antes de ir a la piscina, nos pasamos por la cafetería y desayunamos algo. - Dios mio. Pedazo “piscinón”- exclamé. Malú, al oirme se echó a reir. Nos metimos bajo la ducha. La fría y horrosa ducha. Y nos metimos en ella. Había bastante gente. Todo aquel que con el calor no iba a la playa, se iba para allá. Nadamos hasta llegar, a una pequeña cascada que había al fondo. Que no era tan fondo, me llegaba el agua casi por los hombros. A Malú la cubría y se tuvo que agarrar a mi. Que mona estaba. - Me voy a lo bajito. - se rió y nado hacia él. Yo me quedé un rato más, disfrutando de ese agua cayendo por mi cabeza. Adelante un poco la cabeza, y dejé que que el agua cayera sobre mi cuello. Y después por mis hombros. Relax total.

-Voy a salirme un poco, amor. - se acercó a mi para decirmelo.
-Sí, yo también. - llevábamos como tres cuartos de horas metidas. De vez en cuando, cuando se cansaba de estar en lo bajito, se venía a mi y me empezaba a echar agua. Y viceversa.
-Ayúdame a salir. - dijo Malú. No podía salir desde lo hondo.
-Vamos culo gordo. - tiré de ella.
-Pues que sepas que este culo gordo, como tú dices, te vuelve loca. - se giró hacía a mi y me guiñó el ojo.
-Tú me vuelves loca. Tú entera, cariño. - dije en su oído. Sabía que cuando se lo decía ahí, se le caia todo. Pero al salirnos vi algo extraño. Una mujer de unos 25 años de edad, y embarazada. Se tocaba su barriga. Pero no de una forma normal, no. Como si le doliera. Se paró en seco, y se agachó. Sin quitar la mano de ella. - Malú, esa mujer va a dar luz. - le dije. Se extrañó de lo que dije. - ¿Qué mujer, mi vida? - no la había visto. Le indiqué con el dedo.
-Perdone, ¿Está bien? - me acerqué a la mujer.
-Me parece que acabo de romper aguas. - jolín, tenía yo razón. - Ya viene, ya viene. - se estaba poniendo un poco nerviosa. Miré a Malú.
-Llama a una ambulancia. Aunque no creo que pueda aguantar hasta que llegue. - le dije a Lucía. - Muy bien señore, túmbese aquí. - la llevé casi al interior del edificio. - Ya hemos llamado a una ambulancia, pero no se preocupe, yo sé como asistir a un parto. - la tranquilicé. La mujer empezó a hiperventilar. Empezó a sudar, y a quejarse. La gente hizo un circulo alrededor nuestra. - Por favor, retírense un poco, necesita aire. - les dije. Oía cuchicheos como: “Guau, va a parir” “que fuerte” ,u otras “yo me voy, que no puedo ver sangre”. Había gente pá` tó. Como se decía en Andalucía. - Respire, respire. - le dije a la embarazada. Malú le agarró la mano, y empezó a empujar.
-Venga, amor. Que verá como sale todo bien. - le dijo Lucía acariando su pelo. Las contraciones cada vez eran más fuertes. Podía ver su cara de dolor.
-¿Y la ambulancia? - dije.
-Vuelvo a llamar. - dijo un hombre mayor que estaba al lado de Malú. - En 10 minutos llegan. - se acercó a mí y me lo dijo.
-Empuja, empuja. - le dije. No podía ser. Me parece que estaba viendo ya la cabeza. Si, era la cabeza. Un precioso niño, estaba pidiendo a gritos salir. - Vamos, preciosa. Qué ya se asoma. - chilló aún más fuerte, y empujó. - Ya falta poco, venga campeona. Que tu puedes. - la animé. Media cabeza empezaba a salir. Jolín, que fuerte. Como una cabeza podía salir por ahí. Se hizó el silencio de repente. - Vamos que ya está casi fuera. Vamos. - la miré a los ojos. En ese momento vinieron los médicos. Pero no hicieron nada. Se quedaron parados, mirando. ¿Qué estaban haciendo? ¿Por qué no se acercaban?
-¿No se acercan? - escuché a una mujer diciendoselo a uno de ellos.
-Lo está haciendo muy bien, en cuanto salga. Actuamos nosotros. - dijo uno de ellos. Al fin … acabó de salir la cabeza. Y el grito de aquel bebé, acabó con aquel silencio. Que pelo más negro, que grandullón. Un gitanito. Se lo di a la madre.
-Mira que niño más guapo. - le dije. La gente empezó a aplaudir. Aquella mujer, no apartaba la vista de su hijo, ni yo de ella. Había ayudado a traer a un niño a la vida, aún no me lo creía.
 -Muchisimas gracias. No sabré como agradecertelo, de verdad. Muchas gracias. - dijo al fin, la mujer.
-No me tienes que agradecer nada. - le dije. Los médicos se acercaron a ella. La miraron, a ella y al niño. Comprobando que estaba bien.
-Los has echo muy bien. Enhorabuena – me felicitó uno de los médicos. Al momento, la gente me empezó a felicitar. A acercarme a mi y abrazarme. Parecía una heroína. Estaba muy feliz. Demasiado feliz.
-Y bueno... ¿Has asistido alguna vez a un parto, amor? - me dijo Malú, acercándose a mi. Negué con la cabeza y me reí. Ni había asistido ni sabía como hacerlo. Solo lo había dicho para tranquilizarla. Pero me había salido bien. Nos alejamos de aquel tumulto. Pero primero fui hacia la mujer y me despedí. De ella y de su niño. Y después, nos salimos al exterior del hotel. A aprovechar aquel sol, que se nos acababa hoy.

jueves, 3 de abril de 2014

Capítulo 20. Desafío.

  A la mañana siguiente nos quedamos dormidas. Malú puso el despertador a las 9 de la mañana, pero por lo que se ve, no sonó. O ella lo apagó. Quería comprar algunos detalles para la familia y tal . - Dios, mira que hora es. - dijo mirando el reloj en su móvil. Yo hice un ruido que vendría a significar “vale vale”. Estaba muerta de sueño. Por la noche nos acostamos muy tarde caminando por la playa. - Y el buffet estaŕa cerrado … oootra vez. - se cruzó de brazos. Yo no sabía si esa conversación la estaba teniendo en el sueño, o estaba pasando de verdad. - Pero, oye … mirala.. ¿Te quieres despertar ya? - tiró de mi sábana. - Ay, Malú. Un ratito más. jo... - me tapé de nuevo. Esta vez hasta la cara. - Pues nada, quédate ahí. Que yo me voy. - se levantó. - ¿Donde te vas? - no me quité la sábana de la cara aún. No me respondió. Destapé mi cara y la vistiéndose. - Oye, ¿Por qué te enfadas ahora? No he echo nada. - le dije. - Pues por eso mismo, como no haces nada. Ni te levantas ni nada, me voy yo a dar una vuelta. - di un salto y me quité los pantalones. - Y tú, ¿Donde vas? - se fue para el baño. En ese momento tampoco respondí. Me acabé de vestir y me dirigí al baño. Ella se estaba lavando los dientes. - ¿Que donde vas? - me parece que dijo eso, porque entre el cepillo y la pasta, no se le entendía muy bien. - Pues voy donde tu vayas. - imité el mismo sonido que hizo ella. Se echó a reir y escupió el cepillo con la pasta incluida. Me reí yo también al verla. Se enjuagó la boca y me hizo sitio a mi para que yo también me los lavara. - Bueno, ahora sí. ¿Donde vamos? - me coloqué el bolso. Más bien, me lo crucé. No me gustaba nada llevarlo colgando, se me caía la mayoría de veces y me parecía incómodo. - Es una sorpresa. - se guardó el móvil y las llaves de la habitación. - Pero tenemos que irnos ya, que sino no llegamos. - salimos corriendo de allí y nos montamos en el coche. - ¿Qué hora es? - me preguntó. - Las doce y media, ¿ Por qué? - le dije. - Mierda, mierda. - dijo entre dientes. Aceleró un poco más. Tanta intriga me ponía demasiado nerviosa. Las sorpresa me gustaban, pero esa intriga que ella siempre ponía, no.

Llegamos a la capital onubense. Jolín, que calor hacía allí también. Como se notaba que estábamos en pleno Agosto. Pero ese no era el problema. Era problema era, ¿Qué hacíamos allí? Entramos a un polígono industrial grandísimo. Fuimos a una nave, miré el nombre y nada más verlo me eché para detrás. “Puenting. Adrenalina en estado puro.” Tiré del brazo de Malú para detrás. - Malú, si piensas que voy a hacer esto …. estas equivocada. - le advertí seriamente. - No sabía nada de que tenías vértigo, hasta este fin de semana, con lo del ascensor. Y no se … hice esto sin pensarlo. - me dijo. - Pero, ¿Por qué no me lo has preguntado antes? Te hubieras ahorrado el dinero, cielo. - era muy impulsiva en todo. Hacía las cosas, a veces, sin pensar y preguntar. Sin saber si le iban a salir bien o no. - Jo, ya lo sé, mi amor. Pero era una sorpresa. - dijo apenada. Miré al cielo, cogí aire y emití un bufido. - Vamos. - la empujé para dentro. - No, mi amor. No lo hagas, sé que te estas muriendo de miedo y no quiero que pases un mal rato por mi culpa. Vámonos y no ha pasado nada. - tiró esta vez ella de mí. - Ya sé que le tengo pánico a las alturas. Pero algún día lo tendré que superar. Y ahora tengo la posibilidad de hacerlo, mi vida. Hasta ahora, es el mayor desafío que me he enfrentado. Pero como tú dices “ el mayor desafío de la vida es vivir” y este quiero vivirlo contigo, princesa. - ni yo estaba segura de lo que iba a hacer, pero tenía que arriesgar. No dijo nada. Se quedó embobada mientras yo hablaba, hasta yo me quedé así de como había hablado.

-Buenas,” Malusita” - un hombre con rastas y de aspecto un tanto hippie, vinó hacía nosotros.
-Ey, Sergio, ¿Qué tal estas? - se dieron dos besos.
-Pues muy bien y, tú muy loca. Al hacer lo que vas a hacer. - rieron los dos.
-Mira, ella es Claudia. - me presentó.
-Hola, valiente. Yo soy Sergio, el loco que junto a otro más que yo, os van a ayudar a saltar. - rió y me saludó con dos besos. Me hizo mucha gracia lo de “valiente”. La verdad es que tenía que serlo, para hacer aquella locura.
-Encantada, Sergio. - al presentarme, vino corriendo otro individuo hasta nosotros. Seguramente ese sería el otro loco del que hablaba Sergio.
-No irse sin mi. - chilló desde lejos.
-¿Este no madura nunca, no? - dijo Malú riéndose.
-Nació asi, déjalo. - eso lo dijo Sergio, yo me empecé a reir también.
-Ese que viene corriendo por ahí, es el loco de Alejandro. - lo señaló el rastafari. Me caía muy bien, la verdad. Y nada más que había echo conocerlo.
-Dios, no sé si me atreveré a saltar con ustedes, eh. Me parece que me voy. - bromeé.
-Tú. Quieta aquí. - me agarró del brazo Malú.
-¿Cómo estamos? - dijo Alejandro, dando un salto en el sitio.
-Tú igual de loco que siempre, Alex. No cambias nunca. - dijo mi chica.
-Todo el mundo tiene su punto de locura, sino no es persona. - esa frase de él, me impresionó. Qué razón tenía.
-Guau! Te has puesto filosófico, Alexito. - dijo Sergio.
-Bueno, quiero causarle buena impresión esta chica que se atreve a saltar hoy con nosotros. - se refería a mi. Me dio un poco de corte.
 -Tú no causas buena impresión, ni vistiéndote de traje de chaqueta, campeón. - le dio un golpe en el hombro al amigo.
-Que buena imagen teneis de mí, eh. Gracias. - nos reimos todo. - Por cierto, soy Alex. - me dio dos besos.
-Yo Claudia, encantada. -
-Uuh! Me parece que está intentando ligar contigo, Clau. - nunca me habían llamado así, sonaba bien.
-Pues que se deje, que ya tiene dueña, anda. - dijo de repente Malú. Nos miraron con los ojos como platos. - Sí, si. No nos mireís así. Somos pareja. - no salía del asombro. Lo había dicho. Y sin pensar, como la mayoria de las cosas. Pero no sé como lo hacía, que siempre le salía todo bien, a la jodía.
-¡¡¡¡OLE!!!!! - gritaron los dos a la vez. - Vamos a celebrarlo con un par de saltos, anda. - dijo Alex. Cogieron 4 mochilas, uno para cada uno y nos fuimos en el coche de Malú.

Las piernas me temblaban al pensar en lo que iba a hacer. Ni yo me lo creía, en la vida hubiera pensado que fuese a hacer puenting. Es más, solo con pensar en esa palabra, me entraba vértigo. Pero lo iba a hacer. No sé como, pero iba a hacerlo. Malú se fijó en mi cara de preocupación, y me acarició la pierna mientras que conducía. - También es mi primera vez. Si eso te tranquiliza. - vaya, no sabía. Creía que ya lo había echo más veces, como iba tan segura y tan decidida. - Nadie lo diría. Actuas como si ya tuvieras mucha experiencia. - me rei. - Pero por dentro, me estoy muriendo de miedo, que lo sepas. La procesión va por dentro, como dice. - le cogí fuerte de la mano. Me miró dulcemente y me sacó la lengua. - Gira ahora para allá, Malú – le indicó Sergio. Llegamos hasta un puente, un poco alejado de la ciudad. Miré para abajo del puente, y las cosquillas subieron desde mi dedo gordo del pie, hasta el último pelo de mi cabeza. Me apoyé sobre la barandilla, de aquel puente. - Mi amor, si no estás segura, no lo hacemos eh. - me abrazó por detrás. Echándo su cabeza en mi espalda. - Lo vamos a hacer, princesa. Si. Solo son los nervios del momento, como en las bodas, cariño. - reimos las dos. Me volví hacía ella y la abracé con fuerza. - Vamos a volar, cielo. - le cogí de la mano y nos fuimos donde estaban Alex y Sergio. Los cuales, se estaban poniendo ya todo el equipamiento, para caer al abismo. Eso para mi era como una misión suicida. Porque so fallaba alguna cuerda, si se rompía a mitad de camino, si me daba con el suelo … VALE, deja de pensar eso, Claudia. De los nervios que tenía, estaba hablando hasta conmigo misma. Que faena.

-Chicas, os toca a vosotras. - nos dio Sergio lo que nos teniamos que poner.
-Pero Sergio, diles como, huevón. - dijo Alex. Aún no se había percatado de que eramos primerizas en esto de suicidarnos. Sergio, vinó hacia mi y me lo colocó. Mientras que Alex, se lo ponía a Malú.
-Haber, no os vayais a aprovechar ahora, eh. Pervertidos. - bromeó Malú.
-Por vuestra madre. Asegurar esto muy bien. - rieron los dos.
-Tranquila Clau, ya verás como no es para tanto. Cuando saltes, querrás saltar una y otra vez. - dijo Sergio.
-Si no muero antes, ¿No? - se me estaba secando la boca y todo.
-Exagerada. No vas a morir, y si mueres. Yo lo haré contigo, no te preocupes. - si no moría allí, me mataba Malú, con esos comentarios.

Llegó la hora, nos montamos en aquel puente. Pero por el otro lado, el que daba al vacío. Nos agarramos con los brazos hacía detrás a la barandilla. No me atrevia ni mirar para abajo. El aire nos daba en la cara, temía que nos destabilizara a la hora de saltar. El corazón se iba a salir por la boca. Tenía hasta ganas de vomitar. - Ya sabeis chicas. De cabeza y con los brazos abiertos, ¿Vale? - dijo Sergio. Asentimos sin mirarle. Miré para Lucía y estaba muy serena. Jolín, que suerte. Me cogió de la mano. - Lo que nos tenga que pasar, que nos pase juntas, cariño. - me dijo. Eso me tranquilizó un poco, era raro. Porque en ese mismo instante ni 40 tilas a la vez, me podían tranquilizar. - Te quiero, Malú. - no la llamaba así nunca, y hasta ella se extrañó. - Te quiero, Señorita González. - bromeó un instante antes de saltar. - ¿Vamos? - le dije yo. Inspiró. - Vamos. - nos agarramos fuerte de la mano. Y nos tiramos al vacío. Chillamos cual poseidas. La caída duró menos de 10 segundos. Pero fueron los más intensos de toda mi vida. Abajo estaban Alex y Sergio, que fueron los primeros en saltar. Nos quitaron la seguridad de los tobillos, y nada mas hacerlo. Me lié a saltar como una loca. Menos mal que no nos veia nadie. - DIOS MIO! - grité. - Menuda pasada, joder. - estaba eufórica perdida. La adrenalina me salía hasta por los codos. Estaba fuera de mi. Había sido la mejor experiencia de mi vida, hasta ahora vivida. - Tenías razón. - le dije a Sergio. - ¿En qué? - me miró con cara de póker. - Quiero saltar otra vez. - dije dando palmas. - VÁMONOS, PARA ARRIBA. - Malú me cogió del brazo. - Pues nada a saltar se ha dicho. - dijo Alex.

miércoles, 2 de abril de 2014

Capítulo 19. Ángel caído.


Se estaba acercando cada vez más a mi. Me puso la zancadilla por detrás y caí a la arena. - Ajá! Te cogí. - se sentó en mi trasero. Y recuperando un poco el aire, me echó la crema por la espalda. - ¡No! ¡Quita! - dije moviéndome para deshacerme de ella. - Como te sigas moviendo, te va a entrar arena hasta en los ojos. ¡Para! - apretó sus piernas, para evitar que me moviera. Pero no lo consiguió. - Ea, mira que monas has “quedao” - paré de moverme, ya no había nada que hacer. Me había echado la crema. Cuando algo se le metía en la cabeza, no había forma humana de sacárselo. Se levantó lentamente, y se apartó para sacudirse la arena de las rodillas. Yo también lo hice, pero más lentamente aún. Tenía por los menos 1kg de arena metido en el bikini. Que asco. Por eso no me gustaba mucho la playa. Por la maldita arena. Una vez en pie, me dirigí al mar con los brazos y las piernas abiertas. No quería que nada me rosace. - Pero … - se empecé a reir. - Si pareces que estas “escocía” - ese acentillo suyo madrileño – andaluz, me encantaba. Estaba descojonándose, mientras yo me metía poco a poco en el mar. Entre la crema en la espada, la arena en el bikini y el agua que estaba congelada.... vaya tela. - Y, ¿Cómo crees que estoy, guapa? - me metí hasta el cuello y empecé a quitarme la arena con el agua. Ella no paraba de reirse. Le había entrado un ataque. Al final tenía ella razón, la arena me había llegado hasta los ojos. Hasta las cejas. - Sí, sí. Tú riete, que que quién rie el último rie mejor. - le grité. Cuando me quité toda la arena, salí del agua. Me quedé en la orilla un segundo parada y corrí hacía ella. Hizo el intento de correr, pero no pudo. La cogí antes. - No, no. Que está fría....NO! - dijo pataleando. Me la puse al hombro, cual cochino. - Te dije que... - nos ibamos a caer por su culpa. - que...quien rie el último....¡Para ya!... rie mejor. - nos tiramos al agua. Al salir de la zambullida, empezó a darles golpes al agua. - Ay! “ Tota que be a etrado agua eb la nariz” - se frotaba la nariz, mientras yo me hartaba de reir. Ahora era mi turno. Estornudó dos veces seguidas. - Ya. - respiró tranquila. Dicho esto, me miró malvadamente, y se tiró sobre mi. - Eres … - me metió bajo agua y me saco.- … una ….- volvió a hacerlo. - ….puñetera... rencorosa. - salí y le eché el agua que tenía, en mi boca , en su cara. Hizo, ahora, el intento de volver a echarme sobre mi, pero la volvi de espaldas. Haciendole una llave para inmovilizarla. Puse sus brazos para detrás, los mios entre los suyos y su cabeza. Sujetando esta. - ¿Puedes para quieta un segundo? Por favor, uno solo. - le dije. Dejó de oponer resistencia, y la solté. Ahora sí, se subió a mi, más tranquilamente, rodeando sus piernas a mi cuerpo y se echó en mi hombro. - Así sí, mi amor. Que estoy muerta, hija mia. Y solo estamos a viernes. - me rei un poco. Ella se rió también. - Tengo sueño. - se acurrucó en mi cuello. - Pues duerme, princesa. - normal que tuviera sueño, si es que no podía estar parada dos minutos. - Pero, ¿Nos salimos mejor y duermes en la toalla? - le propuse. Ella asintió. Estaba casi dormida. Cada vez me sorpendía más como se podía quedar dormida en nada de tiempo. Bajó de mi cuerpo y andó hasta donde estaban las toallas. Se echó en ella en la misma postura, que salía en la portada de su último disco, Sí. Yo me tumbé a lado de ella, bocaabajo y mirándola. Que mona estaba durmiendo así. Al rato, y sin pensarlo, me quedé yo también dormida. Un sol de verano, doraba nuestra piel. Pasó hora y media cuando me desperté. Ella seguía durmiendo y de la misma postura. Me tumbé boca arriba y …. vi las estrellas. Que dolor, madre mía. Me había quemado. Despacio, volví a la misma en la que estaba. Unos minutos después, se despertó Malú.

-Buenas tardes, dormilona. - le dije apoyándome sobre los codos.
-Uy! ¿Qué hora es? - me preguntó.
-Pues no se, espera que saco el móvil. - busqué en mi bolso. Guau! Eran las 8 y media de la tarde. - Es un poco tarde. - me reí.
-¿Haber? - cogió mi móvil. - Buf! Si que es tarde, sí. Me pica la espalda, ay. - dijo llevando su mano al torso. - Joder, joder. - ella también se había quemado.
-Tú también, ¿No? - me había acordado que Malú guardó en su bolso un after-sun. Lo cogí y se lo extendí por la espalda.
-Pero flojito, eh. - levantó el dedo indice.
-Sí tranquila – la espalda la ardía.
-¡Despacito! - se curvó para delante.
-Ya, mi amor. Si así lo hago. Pero, es que, que te has quemado mucho. - menos mal que aquella crema estaba fresquita y le iba aliviar un poco. Cuando acabé, hizo ella lo mismo conmigo. Aunque yo estaba peor. Yo había dormido con la espalda completamente al sol. Me eché bastante. El frescor de la crema, me calmaba el dolor.
-Buenos vamos tirando para hotel. Nos duchamos y salimos a cenar, anda. - se levantó poco a poco y sacudió la toalla. Yo hice lo mismo con la mia. Mi móvil vibró. Era un mensaje de Miguel.
  • Guapi, ¿qué tal estás? -
  • Pues muy bien, y ¿Tú? ¿Qué tal la rehabilitación? - le pregunté.
  • Ahí va, tirando poco a poco. Por lo demás, todo muy bien. -
  • Me alegro mucho, paciencia cielo. - le dije.
  • ¿Te ha contado María? - me desconcerté.
  • ¿Sobre qué? - pregunté un tanto extrañada.
  • Pues que ha empezado a salir con la chavala esta ….¿Carolina? La que conocío en la disco. - no me había dicho nada, era un poco raro.
  • Ella me comentó algo, pero no de que estuvieran saliendo. Quedaron varias veces, pero no me dijo nada más. ¿Cuando te lo dijo? - le pregunté.
  • Hoy por la mañana. - se le habría olvidado seguro, o no habrá tenido tiempo. Pero no sé …. era raro.
  • Pues no, no. Jeje …. - le contesté. - Cariño, traeme una toalla, por favor. - era Malú que me gritaba desde el baño. - Vooy. - contesté.
  • Bueno, Miguel. Te dejo, ya hablamos, ¿Vale? Un besito y ánimo. -
  • Igualmente, guapa. Y, gracías. - siempre agradecía todo. Fui al armario y cogí un par de ellas, por si acaso. Entré al baño y todavía estaba metida en la ducha. - Ya estoy, amor. - dije abriendo la toalla. Salió y la envolví en ella. Estaba tiritando, era muy friolera. La achuché contra mi. - ¿Mejor? - dije en su pelo. - Mucho mejor, si. - subió la cara y me besó. - Acaba y ahora entro yo. - me separé de ella y fui a coger mis cosas. Saqué también la ropa que me iba a poner. Pantalón , roto, corto y una camiseta normalita. No me quebré mucho. Malú salió del baño. - Vuelve a echarme la crema, gorda. - me dio el bote. Esta vez no le dolió tanto. Me metí en la ducha. La verdad es que estaba un poco cansada. Dejé caer el agua por mi cabeza. Me quedé en un estado de nirvana. Que paz sentía. Al salir, algo me deslumbró …. la figura de Lucía. Estaba vestida con un precioso vestido blanco, que le llegaba más arriba de las rodillas, y unas sandalias del mismo color. Parecía un ángel. Sí, un ángel caído. Mí ángel caído. - Estas preciosa, cariño. - le dije con una sonrisa de oreja a oreja. Los colores le subieron a su bonito rostro, que ya de por sí, estaba rojo por el sol.

Andamos por aquel magnífico pueblo. Nos acercamos a una feria medieval que se encontraba en la plaza. Según Malú, estaba muy entretenida y divertida. Le di totalmente la razón, al ver aquel ambiente. Un ambiente basado en la edad miedeval, como la feria decía. Gente disfazada, puestos con cosas y comidas de aquella época, pequeños espectáculos. Me quedaría a vivir en Palos para siempre, me encantaba ese maravilloso lugar. Un pasacalles pasó justo por al lado nuestra, y como de costumbre, Malú se puso a bailar. Pero no un baile normal, no. Un baile que, según ella, era de aquella época. En ese momento le daba igual todo, si la reconcian como que no. Estaba disfrutando como una niña pequeña, y me encataba verla así. Me tiró del brazo y me puso al lado de ella para que bailara. Así que, dejé mi vergüenza a un lado, y baile con ella. Imitando sus movimientos. Algunos me costaban hacerlo, pero los hacía. Me dolía ya la barriga de tanto reirme. Cada día al lado de ella, era una aventura nueva. Salimos de aquel coro que habían formado la gente, y que más personas se habían metido a bailar. - Vamos a comer pero ya. Que se me ha abierto el apetito de una forma, alucinante. - dijo Malú riéndose. Fuimos a comer, a un pequeño restaurante, al lado del mar. Las vistas eran increiblemente bonitas desde allí. - ¿Qué van a tomar? - dijo el camarero. - Traiga una botella de vino, y de comer ….. - miró la carta. - ¿Tú que quieres? - me preguntó. - Yo unos spaguettis a la boloñesa. - dije. - ¿Sí? - se rió. Asentí varias veces. - Yo también. - el camarero nos retiró la cara y se marchó. - Yo no como cosas que no se ni lo que es. Que hay ponen unas cosas muy raras – reimos las dos a la vez. - Haces bien, mi vida. - Transcurridos 2 minutos, vinó el mismo camarero con la botella de vino y las dos copas. La abrió y nos sirvió. Dejó en la mesa la botella y se volvió a ir. Sin mediar palabra. - Brindemos. - levantó la copa. - ¿Por nosotras? - le guiñé el ojo. - Por nosotras, por este fin de semana mágico, por nuestro presente, por nuestro futuro. Por una vida contigo. - sacó ese lado ñoño que tenía, que me volvía loca. - Te quiero, princesa. Por nosotras. - brindamos. - Te quiero, mi amor. - Después de 20 minutos vinieron los platos. Que buena pinta tenían esos spaguettis, dios mío de mi vida. Tenía mucha hambre, pero me los comí despacio. No queria devorarlos, que iba a parecer que no había comido en mi vida, ni tampoco que se acabar pronto. En cambio Malú, se los comió en nada. - Amor, no haces faltas que te cortes. Sé que estas muerta de hambre, igual que yo. - se limpió la boca con la servilleta. Al escuchar esto, aumenté el ritmo, pero tampoco mucho. - Pues yo ahora, voy a pedir unos canelones, ¿Quieres? A la mierda la dieta y a la mierda todo. Hoy paso. Ya sigo el lunes. - le aplaudí flojito. - Si, yo también quiero. - le dije terminando el plato. Lo pedimos y al rato nos lo trajeron. Se comía muy bien en aquel lugar. Cuando salimos del restaurante, casi no podia andar. - Estoy llenisima, jolin. - masajeó su tripa. - ¿Granizado de limon, y lo bajamos todo? - le dije. - Si, bien. - dió palmas como una niña pequeña. Compramos uno para las dos. Yo sola con uno no podía.

-Vamos por allí – le indiqué. -
-¿Donde vamos? - me preguntó, ahora la intrigada era ella.
- Sorpresa, princesa. Sorpresa. - le llevé hasta la pequeña cala, donde fuimos este mediodía. -
-Que bonito, jo. - se echó en mi. Ahora no nos veía nadie.
- Vamos. - empujé de ella, hacia la playa.
- ¿Abajo? ¿Ahora? - me dijo. -
-Paseo a la luz de la luna y las estrellas, como en las películas, amor. - le tendí la mano. Corriendo se agarró de ella, y bajó conmigo. Y por allí nos perdimos. Ella agarrada a mi cintura y yo a su hombro, compartiendo granizado, cual adolescentes enamorados. La luna de aquel bonito Agosto, la luz de las estrellas y el sonido de las olas, nos acompañaron en el romántico paseo.