domingo, 6 de abril de 2014

Capítulo 21. Ha nacido un gitanito.


Nos tiramos un par de veces más. Le estaba cogiendo el gusto a eso de las alturas. Recordé una frase que había escuchado en una película “ Cuando pierdas el miedo, empezarás a disfrutar “. Era una verdad como un templo. El miedo solo era un estado de inseguridad, de no controlar la situación. Además, el miedo no era saltar, sino que la cuerda se rompiera y adiós muy buenas. Mi mente se estaba poniendo filosófica al recordar otra gran frase “ No existe el miedo a volar, existe el miedo a caerse” - Bueno que, son las 2 y media. ¿Vamos a tomar unas cañas? - dijo Alex, frotándose las manos. La verdad es que , el saltar me había abierto el apetito. - Venga, vámonos. Yo invito. - dije quitándome el arnés. - ¿Tú? Y, ¿Por qué tú? - puso Malú sus manos en la cintura. - Hay que celebralo. - dije riéndome. - Me he perdido. ¿Qué hay que celebrar? - dijo Sergio. - Que no me he partido la crisma. - nos empezamos a reir. Nos montamos en el coche, y nos fuimos hacia la ciudad. Estaba a dos minutos. Entramos en un bar que, según Alex y Segio, se tapeaba muy bien. El dueño era amigo de ellos dos. Era un bar, un tanto peculiar. Había fotos y tofreos de puenting por doquier. Pero hubo una foto que me llamó la atención, era en una cataráta. Joder, esta gente no le tenían miedo a nada. Yo nada más ver la foto, se me encogió el corazón. - Pues, la próxima ahí, princesa. - me dijo Malú bajito. - “No dejes de soñar....” - canté la canción de su amigo, Manuel Carrasco. Se empezó a reir. Yo sabía muy bien que ella jamás haría eso. Pero no se lo dije, no quería subestirmarla. Cada vez que lo hacía, ella tenía que hacer todo lo posible para conseguirlo. Era así. - Bonita foto, eh. - se acercó Sergio. - Preciosa, sí. - le contesté. - La hice yo. - dijo arrascándose la cabeza. Miré la foto y lo miré a él. Foto. Sergio. Foto. Sergio. - ¿Qué pasa? ¿Tan raro es que me guste la fotografía? - se rió Sergio. - No, simplemente que me ha impresionado que te guste. Nunca me lo hubiera imaginado.- no apartaba la vista de aquella imagen. Me había cautivado. - Las aparaciencias engañan, señorita. - dijo Sergio, con las manos metidas en el bolsillo del pantalón. Sonreí y asentí. - Eh! ¿Venís o qué? - ya estaba Alex gritando. Que le gustaba pegar voces. Menos mal que en el bar, solo había un hombre en la barra y ya está.

Pedimos un buen “pescaito frito” y cerveza para los cuatro. Ya que estabábamos en Andalucía, teníamos que aprovechar de su fantástica gastronomía. Caramales, chocos, adobo, pescada … que bueno estaba todo. - El lunes a matarme en el gimnasio, vaya. Que me estoy pasando de lo lindo. - dijo Malú. - Una vez al año no hace daño, amor. - dije mientras comía calamares. Es lo que más me gustaba. Después de comer todo ese banquete, nos quedámos un ratillo reposando. Les pregunté que desde se conocián, y me contaron que desde hacía ya unos años. Cuando en una cena de amigos en común, estaban ellos también. Malú contó que desde el primer momento, les cayó muy bien. La verdad, es que a mi me pasó lo mismo con aquellos dos individuos. Nada más verlos, sabía que iban a ser cojonudos. De vez en cuando, entre anécdota y anécdota, Alex contaba un monólogo. Se le daba de miedo contarlos. Me dolia ya la barriga de tanto reime. Se debía plantear esto de los monólogos. Lo debería de cambiar por el puenting. Se forraría seguro.

-Bueno, compañeros de puenting. - dijo Malú con voz de interesante.
-“Cuidao” que va a hablar la jefa. - Sergio se arrimó más a la mesa. Que espectación había.
-Nosotras, vamos levantándo el campo, que mañana tiramos ya para Madrid. - se levantó Lucía.
-Si, yo también me voy. - se levanto Alex. - Que esta noche, viene a cenar parte de la familia a mi casa. Y me tengo que preparar monólogos. - reimos todos.
-Pues, bueno, a ver si nos pasamos otra vez por aquí. Que esto hay que repetirlo. - se acercó Malú a Sergio y le dio dos besos.
-Ya sabes donde estamos. - dijo él. Se acercó a mi y me dio un abrazo. - Eres una campeona, Clau.
-Muchas gracias. - dije algo sonrojada. Lucía también se despidió de Alex con otro abrazo.
-Estas loco, pero … me has caido más que bien. - le dije a Alex abrazándole.
-Gracias, gracias. Un gran alago para mi lo de loco, eh. - se echó a reir. Sus ironías eran de lo mejor, ponía unas caras cuando las decía que … me partía de risa.

Nos fuimos para el hotel. Como aún era temprano, nos relajamos en la bañera que había en nuestra habitación. Un baño que duró cerca de dos horas. Un baño lleno de caricias, besos, y achuchones bajo agua. Esos momentos eran especialmente mágicos. Deberían ser eternos. Tocar la piel de Malú cuando estaba mojada tenía que estar prohibido, porque te llevaba al delirio, sin duda alguna. Tenía envidia hasta de las gotas que recorrian su perfecto cuerpo, su magnífico pelo. Al salir teníamos los la piel muy arrugada, no nos extrañaba nada. Tantísimo tiempo metida en la bañera, era normal. Nos enrollamos las dos en una sola toalla. Cogimos la más grande que encontramos. Compartiendo el calor. Apretó su cuerpo al mio. Recorrí con mis manos toda su espalda. Frotańdola a veces para evitar que se enfriara. Nos pusimos el pijama y nos echamos en la cama. - ¿Que tal si pedimos algo? - dijo Malú echándose sobre mi. La ducha nos había sentado de escandalo. Estabamos super relajada. Me parece que nunca me había encontrado así de bien. - Vale, me parece. - le acaracié por debajo de la camiseta. - ¿Que te apatece? Que llamo al servicio de habitaciones – cogió el telefono. - Pues, no se. Lo que tu vayas a pedir, amor. - le dije. - Una ensaladita, que he comido mucho durante este fin de semana. - se tapó la cara. - Anda tonta, que no ha sido para tanto. - se las quité. Pidió un par de ensaladas con todo lo habido y por haber de ingredientes. Pero eso sí, todo light. Con ella iba a pasar un poco de hambre. Porque según me dijo un día: “ La persona que esté conmigo, tiene que hacer deporte igual que yo. Yo no obligo, pero me gustaría que así fuera” Entre el deporte y la comida.... pero bueno. Por ella hacía lo que fuera. Aunque su comida fuera un poco “comida para peces”. No me importaba. Nos comimos aquella maravillosa ensalada, acompañada de un vino. Y una pelicula. Esta vez era Titanic. A las dos nos volvía loca esa película. No llegó casi a la mitad de la película, cuando se quedó dormida. Hice malabares para poder apartarla de mi cuerpo. La tumbé al lado mia y quité la televisón. Fui al baño, y me eché junto a ella. Acaricié su pelo hasta quedarme dormida.

A la mañana siguiente, nada más abrir los ojos. La vi a ella preparando la maleta. Es verdad, ese mismo día por la tarde, nos marchábamos para Madrid. Jolín, quería quedarme allí más tiempo. Disfrutando de ella, de la playa, de las buenas vistas... de todo. Pero el lunes, Malú volvía a la rutina de siempre. Volvía a su disco. - ¿Ya la estás preparando, amor? - me senté en la cama. - Si cariño, es mejor hacerla ahora, que dejarlo todo para el final. - solo dejó fuera un bikini y la ropa que se iba a poner para la ida. - Bueno, yo la preparo después. Que ahora estoy un poco dormida aún. - me levanté y me desperecé. - Como quieras, pero no te lo recomiendo. - dijo desde el baño, estaba cogiendo los champú, el secador de pelo, sus pinturas, y los cepillos de dientes. - Cuando acabes nos vamos a la piscina un ratillo, anda. - le dije cogiendole por detrás. - Que aún no hemos ido, desde que llegamos. - le dije. - Vale, acabo y me pongo el bikini. - metió sus últimas cosas. Yo fui al baño y me lo puse. No tardó mucho en terminarla, y también se cambió. Antes de ir a la piscina, nos pasamos por la cafetería y desayunamos algo. - Dios mio. Pedazo “piscinón”- exclamé. Malú, al oirme se echó a reir. Nos metimos bajo la ducha. La fría y horrosa ducha. Y nos metimos en ella. Había bastante gente. Todo aquel que con el calor no iba a la playa, se iba para allá. Nadamos hasta llegar, a una pequeña cascada que había al fondo. Que no era tan fondo, me llegaba el agua casi por los hombros. A Malú la cubría y se tuvo que agarrar a mi. Que mona estaba. - Me voy a lo bajito. - se rió y nado hacia él. Yo me quedé un rato más, disfrutando de ese agua cayendo por mi cabeza. Adelante un poco la cabeza, y dejé que que el agua cayera sobre mi cuello. Y después por mis hombros. Relax total.

-Voy a salirme un poco, amor. - se acercó a mi para decirmelo.
-Sí, yo también. - llevábamos como tres cuartos de horas metidas. De vez en cuando, cuando se cansaba de estar en lo bajito, se venía a mi y me empezaba a echar agua. Y viceversa.
-Ayúdame a salir. - dijo Malú. No podía salir desde lo hondo.
-Vamos culo gordo. - tiré de ella.
-Pues que sepas que este culo gordo, como tú dices, te vuelve loca. - se giró hacía a mi y me guiñó el ojo.
-Tú me vuelves loca. Tú entera, cariño. - dije en su oído. Sabía que cuando se lo decía ahí, se le caia todo. Pero al salirnos vi algo extraño. Una mujer de unos 25 años de edad, y embarazada. Se tocaba su barriga. Pero no de una forma normal, no. Como si le doliera. Se paró en seco, y se agachó. Sin quitar la mano de ella. - Malú, esa mujer va a dar luz. - le dije. Se extrañó de lo que dije. - ¿Qué mujer, mi vida? - no la había visto. Le indiqué con el dedo.
-Perdone, ¿Está bien? - me acerqué a la mujer.
-Me parece que acabo de romper aguas. - jolín, tenía yo razón. - Ya viene, ya viene. - se estaba poniendo un poco nerviosa. Miré a Malú.
-Llama a una ambulancia. Aunque no creo que pueda aguantar hasta que llegue. - le dije a Lucía. - Muy bien señore, túmbese aquí. - la llevé casi al interior del edificio. - Ya hemos llamado a una ambulancia, pero no se preocupe, yo sé como asistir a un parto. - la tranquilicé. La mujer empezó a hiperventilar. Empezó a sudar, y a quejarse. La gente hizo un circulo alrededor nuestra. - Por favor, retírense un poco, necesita aire. - les dije. Oía cuchicheos como: “Guau, va a parir” “que fuerte” ,u otras “yo me voy, que no puedo ver sangre”. Había gente pá` tó. Como se decía en Andalucía. - Respire, respire. - le dije a la embarazada. Malú le agarró la mano, y empezó a empujar.
-Venga, amor. Que verá como sale todo bien. - le dijo Lucía acariando su pelo. Las contraciones cada vez eran más fuertes. Podía ver su cara de dolor.
-¿Y la ambulancia? - dije.
-Vuelvo a llamar. - dijo un hombre mayor que estaba al lado de Malú. - En 10 minutos llegan. - se acercó a mí y me lo dijo.
-Empuja, empuja. - le dije. No podía ser. Me parece que estaba viendo ya la cabeza. Si, era la cabeza. Un precioso niño, estaba pidiendo a gritos salir. - Vamos, preciosa. Qué ya se asoma. - chilló aún más fuerte, y empujó. - Ya falta poco, venga campeona. Que tu puedes. - la animé. Media cabeza empezaba a salir. Jolín, que fuerte. Como una cabeza podía salir por ahí. Se hizó el silencio de repente. - Vamos que ya está casi fuera. Vamos. - la miré a los ojos. En ese momento vinieron los médicos. Pero no hicieron nada. Se quedaron parados, mirando. ¿Qué estaban haciendo? ¿Por qué no se acercaban?
-¿No se acercan? - escuché a una mujer diciendoselo a uno de ellos.
-Lo está haciendo muy bien, en cuanto salga. Actuamos nosotros. - dijo uno de ellos. Al fin … acabó de salir la cabeza. Y el grito de aquel bebé, acabó con aquel silencio. Que pelo más negro, que grandullón. Un gitanito. Se lo di a la madre.
-Mira que niño más guapo. - le dije. La gente empezó a aplaudir. Aquella mujer, no apartaba la vista de su hijo, ni yo de ella. Había ayudado a traer a un niño a la vida, aún no me lo creía.
 -Muchisimas gracias. No sabré como agradecertelo, de verdad. Muchas gracias. - dijo al fin, la mujer.
-No me tienes que agradecer nada. - le dije. Los médicos se acercaron a ella. La miraron, a ella y al niño. Comprobando que estaba bien.
-Los has echo muy bien. Enhorabuena – me felicitó uno de los médicos. Al momento, la gente me empezó a felicitar. A acercarme a mi y abrazarme. Parecía una heroína. Estaba muy feliz. Demasiado feliz.
-Y bueno... ¿Has asistido alguna vez a un parto, amor? - me dijo Malú, acercándose a mi. Negué con la cabeza y me reí. Ni había asistido ni sabía como hacerlo. Solo lo había dicho para tranquilizarla. Pero me había salido bien. Nos alejamos de aquel tumulto. Pero primero fui hacia la mujer y me despedí. De ella y de su niño. Y después, nos salimos al exterior del hotel. A aprovechar aquel sol, que se nos acababa hoy.

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