jueves, 17 de abril de 2014

Capítulo 23. No tinguis por.


Malú miraba fijamente la puerta. Yo hacía lo mismo. De repente apareció José por detrás mía. - Papá, mamá. - dijo el mayor de los hermanos. Se acercó a ellos y les dio dos besos. - Niña que te has quedado “alelá” - dijo Pepe a Malú. Se saludaron los cuatro. Mis nervios empezaron a subir por todo mi cuerpo. Parecía un flan. No me lo podía creer, tenía delante a los padres de Malú y ellos sin saber nada de los nuestro. Que vergüenza. Pepe era igual de alto que su hijo mayor, y Pepi un poco más baja que su hija. Vestían los dos un poco informales. - Mamá, ¿Qué hacéis aquí? - le dijo Malú, todavía sin entran del todo en la casa. Me parece que todavía no se había dado cuenta que yo estaba allí. José se giró y me guiñó el ojo. Gesto que agradecí con una sonrisa. Necesitaba en ese momento un gesto que dijera que todo iba a salir a salir bien. Y él lo hizo. Me tranquilizó un poco, pero poco duró mi tranquilidad cuando se acercaron los padres de Malú a mi. Me puse muy tensa, las manos me empezaron a sudar. - Mirad ella es Claudia mi …. - se paró. - Vamos para el salón mejor, familia. - dijo José, se pusóen medio de sus padres y pasó su brazo por encima de sus hombros. Malú se quedó al lado, nos alejamos un poco de ellos. - No tengas miedo, mi amor. Estoy aquí. - dije apretando fuerte su mano. Su mano sudaba igual que la mía Tenía los mismo nervios, o incluso más. Sus labios se secaban en cuestión de segundos y tenía que humedecerlos continuamente. Le solté la mano antes de entrar en el salón. Los padres y el hermano se sentaron en un sofá, y Malú y yo nos sentamos en el de al lado. Pepe se quitó la chaqueta que tenía y se echó para detrás. Me miró, y eso hizo que mis nervios aumentarán. - Qué morenas estáis las dos. ¿Qué venís de la playa? - dijo Pepi rompiendo un silencio incómodo. - Si venimos de pasar unos días en Palo, mamá. - dijo Malú con la voz temblorosa. Miraba hacía el suelo. Creo que ya se lo imaginaban porque nuestras caras así lo decían. Solo nos faltaba un cartel en la frente que pusiera: Somos pareja. - Y, ¿El pitufo, mamá? - dijo José, supongo que se refería a su hermano pequeño. - No ha querido venir a ver su hermana. - rió la madre. Reímos los tres. Sí, los tres. Excepto Pepe, que no apartaba la vista de mi. - ¿Y ustedes que sois amigas, no? - dijo el padre de Malú. La cosa se estaba poniendo de un color gris tirando para negro. Se lo veía venir. - Voy a por algo para tomar, que no acabé aún.- se levantó José. - Tú te quedas un momento. - tiró Malú del brazo del hermano y lo sentó en el sofá. La miró como diciendo, “vale vale”. Garraspeó un poco. Sí, lo iba a hacer. La conocía lo suficiente y sabía cuando iba a hablar y cuando no. - Papá somos amigas, si. Empezamos a ser amigas hace más de un mes. - se frotaba las piernas. - Pero de ese mes para acá, empezó a aflorar en mi sentimientos hacía ella, y viceversa. Sentimientos que no pensaba que podría tener hacía alguien de mi mismo sexo. - vale, ya si se lo imaginaban seguro. - Quiero que sepáis, que estoy enamorada de Claudia, y somos pareja, papá. - los padres nos miraban atónitos. - Verás, hija. - dijo Pepi, algo no iba a ir bien. - Tú eres mayorcita y sabes que te viene mejor y que no. Y si estáis bien y os quereis …. para delante. - hizo el gesto de “para delante” con la mano. Nos miramos sonrientes. De repente. Pepe se levantó. Se nos borró la sonrisa, por completo. - Bienvenida a la familia, hija. - abrió los brazos, y me sonrió. Me levanté y le di un gran abrazo. - Cuidamela mucho, es la única que tengo. - me dijo al oído. En ese momento me sentí la mujer más feliz del mundo. Me desbordaba la felicidad por los ojos.

-Bueno, bueno. Por fin, cuñada a mis brazos. - me abrazó José
-¿Como? Pero … ¿Qué tú lo sabías? - dijo Pepi
-Eh … sí mama, lo sabía. Fue el primero en saberlo. - cogió mi mano y la puso en su pierna. Morí de amor con ese gesto. Apreté fuerte su muslo.
-Y, ¿Por qué no nos dijiste nada, chiquillo? - volvió a decir su madre, mi suegra. Que bien sonaba “ mi suegra”
-Porque queríamos hacerlo nosotras, mamá. Queríamos estar preparadas. - dijo esta vez yo.
-Oye que me han preguntado las dos veces a mi, eh. - reímos todos.
-Y, ¿Cuánto lleváis? - dijo Pepe.
-Mes y medio. - dijimos la dos a la vez. Nos miramos y sonreímos complices. Adoraba la sonrisilla que le salía, por debajo de la nariz. La adoraba, sin más. La miraba y veía en ella a a mujer con quien compartir mis días, ya fueran buenos o malos. Veía a la mujer con quien compartir mi vida, la persona la cual ver nada más despertarme, nada más acostarme. La necesitaba en mi vida si o si. Ya había entrado y no podía salir. Era crucial en mi vida. La parte que me complementaba.
-Vaya, pues así se empieza chicas. A seguir. - nos sonrió Pepe. Yo creía que iba a ser más dificil, que se iba cerrar en banda y … me esperaba lo peor. Pero no fue así. Aceptó lo nuestro, y apostó por nuestra relación. Que buenos suegros iba a tener.

Nos sentamos a comer algo en la mesa. Eran las 10 de la noche y aún no nos habíamos cambiado de ropa desde que vinimos del viaje. José preparó una gran ensalada para los cuatro. Algo ligerito. - Bueno, yo traía ….. - dijo Pepi, sacando algo de una gran bolsa que trajo. - Una tortilla de patatas para cenar. - José estalló a reir, seguidamente lo hicimos Malú y yo. Pepi no había cogido el chiste. Sacó también filetes “empanaos” . - Pensé que echaría de menos la comida de tu madre y … bueno. - rió ella. - Claro, que la echo mami, que rico todo. - dijo mi chica. - Sobretodo la tortilla, eh. Hermanita. - dijo José casi llorando. Malú se levantó y le dio un puñetazo en el brazo al hermano. - Niña... oye tú... estaros quieto los dos. - se levantó Pepi. Vaya panorama. Los hermanos peleándose y la madre separándolos. Me empecé a reir a carcajadas. - Vaya tres. - dijo Pepe pinchando ensalada. - Voy a por un vinito … ven conmigo, amor. - me dijo Malú. -Haber, lo que hacéis, eh – levantó las cejas José. Que le gustaba picar a la hermana. Ella le lanzó una mirada asesina. Si la miradas matasen, él ya estaría muerto y enterrado. Una vez en la cocina me abrazó con fuerza, mis brazos rodearon su cuerpo también con fuerza. El olor de su cuello me cegaba, el de su pelo, el de su piel.... su olor en general me cegaba. Acaricié su pelo con mi mano izquierda. Ese momento era especial. Aunque todos eran especiales, pero ese era más. Me aferré a su cuerpo, no quería separarme de ella. Sentir su cuerpo pegado al mío, era lo que más me gustaba. Sentir sus latidos en mi pecho, su respiración en mi clavícula... eran cosas que no cambiaría por nada en este mundo.

  • Mi amor, te quiero – se despegó de mi
  • Y yo, mi vida. - besé sus labios. Un beso largo y lleno de ternura, como cada beso que le daba.
  • Ya formas parte de la familia, princesa. - volvió a abrazarme. Esas palabras hicieron que mis corazón se llenara de alegría. Aún no me podía creer que estaba con la hija de Los Lucía y formara parte de esa gran familia. Una familia llena de arte por todos lados que mirase.
  • Falta que tú conozcas a la mia. Bueno … a mi madre, en general – le dije.
  • Mi amor, no te preocupes. Ya sé cual es tu familia. Y recuerda que estaré a tu lado, como tú has estado al mio. Dándote fuerzas. - volvió a pegarse a mi cuerpo. No se quería separar de mi. Ni yo de ella tampoco.
  • Bueno, vamos a coger el vino, anda. Que sino... el malpensado de mi hermano empieza a divagar. - dijo riéndose.

    Abrió la puerta del mueble, se puso de puntillas, pero … no, no podía coger las copas. No llegaba. Yo me empecé a reir. - Eso, tú … riete de tu novia … - le costaba hablar, lo hacía con esfuerzo. Ya que, el esfuerzo lo tenía que hacer para ponerse de puntillas e intentar coge los vasos. Fui a ella, y alcé un poco su cuerpo para arriba. Primero cogió dos, luego otros dos, y por último, él que le quedaba. Al acabar de coger los vasos, quedó su cuerpo frente al mio, prácticamente pegados. Su boca frente a la mía. Respirando su respiración. Ese momento me parecía demasiado excitante, pero no era el lugar ni el mejor momento. Por eso no le dije nada. Pero ella no se calló. - Estamos muy cerca. - dijo en mis labios. - Ya lo sé. - reí perversamente. Acercó a su boca a la mía y me beso. Rodeó mi cuello con brazos. Yo agarré su cintura. Haciendo así, el beso más intenso. Perdió sus dedos en mi pelo, los mios ya estaban perdidos por su espalda. Recorriendo cada centímetro de su piel. La cogí y le senté encima de la encimera. Las respiraciones ya empezaban a entrecortarse. Mis besos pasaron de su boca a su cuello, mordiéndolo con fuerza. Dejando las marcas de mis dientes en él. Sus piernas rodearon mi cuerpo, sintiendo así su suave piel con la mia. Gemía en mi oído, sin yo apenas tocarla. Levantó mi cabeza y me besó con furor, mordiendo mi labio inferior. Cada vez que hacía eso me enloquecía. De repente, una silla se retiró de la mesa y alguien se aproximaba a la cocina. Se bajó corriendo de aquella encimera, puso bien su ropa y su pelo. Yo hice lo mismo con el mio. Por la puerta apareció Pepi. - Pero bueno, chiquillas. Que es un vino con cinco copas, no creo que se tarde tanto. - dijo ella. - Ya, pero no encontrábamos las copas y las estábamos buscando. Justo ibamos a tirar para allá, mamá. - cogió Malú el vino, y dos copas. Yo cogí las tres restantes. Nos dirigimos al salón, y nos sentamos en nuestro sitio. La una al lado de la otra. Estubimos hablando un rato después de comer, José se ofreció a llevar a sus padres a su casa. Vivían en el centro de Madrid. Después se iría a tomar algo con Rubén, que ya habían quedado con anterioridad. Los acompañamos todos a la puerta. Malú se despidió de sus padres y su hermano. Pepi se despidió de mi con dos buenos besos, y Pepe con un achuchón. José como de costumbre, estrujándome la espalda con un “hasta pronto, querida cuñada”. Una vez nos dirigimos al salón, me puse a recoger la mesa. Pero ella me agarró del brazo, impidiendo que siguiera. Se subió a la mesa y me atrajo hacia ella.

    -Tenemos que acabar lo que empezamos …

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