- ¿Qué tenemos que acabar, eh? - insinué en sus labios. - Lo que dejamos a medias en la cocina. - rodeó sus piernas a mi cuerpo y me atrajo hacia el suyo. - Y ..¿Qué quieres que te haga? - volví a insinuar. - El amor salvajemente. - mordió mi cuello. Esa respuesta hizo que mi temperatura subiera unos grados más. Cada mordisco era más fuerte y de mayor intensidad, cosa que me perdía totalmente. - ¿No será más cómodo en otro lugar...como...la cama? - subí mis manos por sus muslos. - No, es aquí y ahora - Tiró de mi cuello hacia su boca y me empezó a besar a un ritmo frenético. Se lengua recorría todo el interior de mi boca, mientras que sus manos se encargaban de acariciarme por debajo de la camiseta, hasta que me la consiguió quitar. Yo la agarré por detrás de la cabeza e hice presión a su boca con la mía. Bajé mis manos hasta su espalda y la acaricié suavemente, poco a poco subí su camiseta hasta que la conseguí quitar. Le desabroché el sujetador, y lo tiré para detrás. Hacia la nada. Deslicé mis boca hasta su bonito cuello, el cual mordí con la misma intensidad que lo hizo antes ella. Los jadeos detrás mi oreja, hacía que intensificara el mordisco. Una mano agarraba su nuca, y la otra iba bajando lentamente, por todo su abdomen. - Ya sé que a ti te gusta lento..... - suspiró – y a mi también, pero en estos momentos no, venga. - nunca la había visto así de desatada. - Guíame tú – dije en su oído. Al oír esto, cogió mi mano derecha, y la bajó hasta meterla en el interior de su pantalón. Pasé de morder su cuello a morder su boca. Ahora, si que estaba yo fuera de mí. Casi no sabía lo que hacía ni como lo hacía. Malú cada vez se curvaba más y más. Me empezó también a morder a mí, intercambiando mordisco y gemido. Eso era lo que más me encendía. Encogía y estiraba sus piernas cada vez más rápido. No iba a tardar mucho más. Una vez aceleré el ritmo, se echó para detrás. Tumbándose en la mesa, sabía que no tardaría. Intentaba controlar el ritmo de su respiración. - Esto aún no ha acabado. - le dije. Al instante tiré de sus pantalones, llevándome con él, sus braguitas. Ella sabía lo que iba a hacer, las dos lo sabíamos. Bajé mi cabeza hasta su intimidad. Se estremeció. Pasaron no muchos minutos, cuando un grito de placer hizo que las paredes temblaran. - Ahora si ha acabado. - dije. - Ahora ha empezado. - se incorporó, se bajó de la mesa y me subió a mi ahora. Di un espaldazo, pero no se percató de ello, estaba más concentrada en desnudarme. Se subió a mi cuerpo y empezó a deshacerse de mi ropa. Lo hizo en menos de un minuto. Fue directa al cuello....sin más preámbulo. Recorrió todo mi cuerpo con su boca, dejando huella por donde pasaba. Mi respiración cada vez iba a peor, cada vez me costaba más respirar. Lo que esa mujer podía hacer con la manos no era normal. Metí un pequeño salto al notar sus dedos dentro de mí, no me lo esperaba. Pero así era ella, imprevisible hasta para el sexo. Si ella aguantó poco.....yo menos aún. Y menos con ella. - La mesa no va a aguantar, cariño. - dije echando la cabeza para atrás, intentando coger aire. - La que no va a aguantar vas a ser tú. - dijo en mi boca, la cual mordió segundos después. Tenía razón, no iba a aguantar mucho. Y así fue.... sentí como si mi interior fuera a explotar por dentro, y acabé explotando yo. - ¿Ves como tú aguantabas menos? - se rió y besó mis labios. - Eres mala. - dije una vez pude hablar. - Y más que puedo llegar a ser. - mordió mi labio inferior. Lo que le gustaba un mordisco. Vamos que yo no me quedaba atrás. Agarré su trasero y lo pegué hacía a mi. En ese momento eramos un cuerpo solo. Nos besamos más lentamente. Un crujido interrumpió nuestro beso. - Oh... oh.- dijo Malú en tono como “algo va a pasar”. Y pasó...pasó que la pata de la mesa se rompió, cayendo las dos hacia un lado. - Ay, ay, ay. Mi mesa. - dijo Malú, llevándose las manos a la cabeza. Yo me comencé a reir. - La mesa, ¿no? Tu chica....da igual. - no paraba de reirme. Me ayudo a levantarme. Busqué mi ropa interior, por el salón. No sabía donde la había mandado. Me empecé a vestir poco a poco, al igual que ella. - Te lo dije, en la ca,a más cómodo y no se rompe nada. - reí de nuevo. - Eso te pasa por pervertirme en la cocina. - se puso la camiseta – y la cama también se puede romper.- Elevó su ceja. Sabía que esas cosas también hacía que me entraran mil y una calores.
Fuimos a la habitación. Pasaban ya de
las once de la noche. Un día agotador, entre el viaje y la escena de
la mesa, hicieron un día francamente intenso. - Voy a darme una
ducha. - dijo Malú, yendo para el baño de su habitación. Yo
aproveché para llamar a mi madre, hacía unos días que no hablaba
con ella. Me senté en el borde de la cama y marqué su número. Hizo
tres llamadas y a la cuarta lo cogió. Su voz estaba algo
asustada...mierda no había caído en la hora. Era demasiado tarde
para haberla llamado. - Perdona mamá, no quería haberte asustado.
Solo era para saber como estabas. - le dije quitándome los zapatos.
Me dijo que no me preocupara, ella todavía no se iba a acostar. Le
costaba mucho conciliar el sueño, y para ello tenia que tomar unas
pastillas. Unos tranquilizadores. Yo le conté que había ido con
unos amigos a pasar el fin de semana al sur de España. Habíamos
alquilado una casita en Palos de la Frontera. Se asombró, porque a
ella también le gustaba mucho el sur. Antes íbamos bastante, cuando
aún eramos una familia ….. pero bueno, no voy a volver a pensar en
ello. - Y tú ¿que tal, mamá? - le pregunté. - Bien, hija bien.
Hace poco vinieron tus tios a casa, y me preguntaron por ti. - me
dijo. - Y, ¿ Qué le dijiste? - me levanté de la cama. Estaba
segura que eran ellos, lo más cotillas de la familia. Los que lo
querían saber todo, de todos. - Pues nada, saber de ti. - dijo. -
Ya,.... seguro que era eso solo. - dijo incrédula. Oí como la
puerta del cuarto de baño se empezaba a abrir. - Bueno mamá, mañana
vuelvo para la cuidad. Voy a casa, para comer, ¿Vale? - los padres
adoraban eso de que los hijos fueran a comer a casa. Aceptó muy
entusiasmada. Me despedí de ella cariñosamente, y colgué. - ¿Quien
era, cariño? - me abrazó por detrás mi chica. Me volví hacía
ella. - Era mi madre, cotilla. - me reí. Pude contemplar que estaba
desnuda. Tal como dios la trajo al mundo. - Ponte algo, anda. Que te
vas a enfriar. - le dije. - No me enfrío, y si lo hago... tú me
calientes. - besó mis labios. Hoy estaba desatada, no la reconocía.
- Toma. - le extendí el abornoz. - Con eso me entra mucha calor. -
dijo. Abrió su cajón y sacó unas bragas, y un sujetador a juego
con esta. Se las puso y se acostó en la cama. - ¿Así vas a dormir?
- señale a su cuerpo. Ella asintió divertida. No tenía ganas a esa
hora de ducharme y me puse el pijama. Ya lo haría mañana cuando me
levantará. Me acosté frente a ella, pasando mi brazo por su cintura
desnuda. Y la acaricié. Ella rodeó mi cuello con su brazo, e hizo
pequeños círculos en él. No tardó mucho en que el sueño le
rindiera. Yo caí al instante, también.
A la mañana siguiente, los rayos de
sol me despertaron. Me tapé la cara con la almohada, y con la mano
que me quedaba libre, busqué el cuerpo de Lucía. No estaba. Levanté
la cabeza y miré el despertador. Eran las 9 de la mañana. Me acordé
de que hoy tenía que volver al trabajo. A su disco. Pero no creería
que me dejara allí sola, sin antes haberse despedido. Era muy raro.
Me desperecé y me levanté. Fui al baño y allí estaba acabándose
de arreglar.
-Dormilona. - dijo mirándome a
través del cristal.
-Bueno días, madrugadora. - besé
su pelo, y me senté a hacer pipi.
-Anda, eh... tú no te cortes. -
rió al verme sentada en el wc. Sonreí al escucharla. Por las
mañanas estaba un poco espesa. Raro era, que había articulado
palabra. - Me voy dentro de nada, tú... ¿Qué vas a hacer? - me
preguntó mientras perfilaba sus ojos.
-Yo me visto y me voy para mi casa,
que he quedado con mi madre para comer. - le dije levantándome.
-Vale, vale. - contestó.
-No tardo nada. Dame unos minutos y
me visto. - corrí.
-No haces faltas que corras, amor.
Voy bien de tiempo, me gusta llegar un poquito antes siempre. -
dijo. Me vestí a un ritmo normal al escucharla. Cogí mi maleta, y
fui de nuevo al baño. Me lavé los dientes.
-¿Quieres un café? - dijo apoyada
en el quicio de la puerta del baño. Negué con la cabeza.
-Ya estoy. - me puse frente a ella
abierta de brazos. Cual niño delante de su madre para que viera lo
guapo que estaba.
-Te dije que no hacía falta que
corrieras, cariño – besó mis labios. El primer beso de la mañana
era sin duda el que mejor sabía. Pero ella hacía que supiera
mejor.
Nos despedimos al llegar a nuestros
respectivos coches, mi coche llevaba allí unos días. Nos fundimos
en un cálido abrazo, y un bonito beso. La seguí con la mirada hasta
que se montó en su coche, e hice yo lo mismo. Me lanzó un beso
desde dentro y salió antes que yo. De camino a mi casa, puse a mi
chica a todo volumen. No podía pasar sin oir su voz mucho tiempo.
Llegué a mi destino, y me bajé del automóvil. Al acercarme la
puerta, noté que alguien me llamó por la espalda. Me giré, y mi
cara cambió de alegría a seriedad. -¿Qué haces tú aquí otra
vez? - vi el rostro mi padre. - Es que me dijiste que me ibas a
llamar para conocer a tu hermano, y … ha pasado más de un mes, y
no he recibido noticias tuyas. - me dijo. - ¿Y qué? Yo te llamaré
cuando crea conveniente. - me volví y metí la llave en la cerradura
del portal. - Por favor, es por tu hermano. Hazlo por él, no por mi.
- me dijo. - Mira yo haré lo que yo quiera, ya soy bastante
mayorcita. - le dije. - ¿Cómo se llamaba? - entré en el
descansillo. - Carlos. - dijo él desde fuera. - Muy bien, ya te
llamaré – dije, y cerré la puerta. Subí a mi casa. Al entrar un
oleada de calor me dio en la cara, lo había dejado todo cerrado, y
era norma. En cuanto entré subí todas las persianas y abrí todas
las ventanas. La casa debía airearse un poco. Fui para la cocina y
me preparé el desayuno. Sobre las 11 me puse a limpiar la casa.
Necesitaba una limpieza, el estar unos cuantos días fuera de casa,
pasaba factura. Al acabar de hacer todo, me duché y me senté en mi
mesa – escritorio. Tenia que repasar todo lo que debia hacer cuando
las vacaciones terminaran. Tenía tres juicios que defender, y me
debía de preparar la defensa. A las dos fui a casa de mi madre, me
abrió muy sonriente. Nos abrazamos muy fuerte, hacía unos días que
no nos veíamos. - Mm....que bien huele por ahí, ¿no? - fui a la
cocina. Levanté la tapadera de la cacerola y vi lo que estaba
haciendo. Estofado de carne. Sabía que esa comida era mi perdición.
Se me iluminó la cara por completo. - Cuidado con que no se te caiga
la baba dentro, hija. - dijo riéndose. Yo también me reí. Puse la
mesa y nos sentamos a comer. Yo miraba para todos los lados mientras
comía, siempre que venía lo hacía. Me encantaban mirar aquellos
preciosos cuadros que tenía en la pared... y aquellas fotos. Pero al
ver una de mi padre se me cambió la cara otra vez. - Hija, ¿Qué te
ocurre? - dijo mi madre mirando para detrás. Recordé entonces el
encuentro con mi padre, tenia que decírselo. - Hoy lo he visto. -
dije sin levantar la vista del plato. - ¿ A quién? - dijo ella.
Señalé con mi vista a la foto en que saliamos los tres. Mi madre,
mi padre y yo. Una foto preciosa, se me caía la baba cada vez que la
veía. Su rostro cambió, como él mio. - ¿Qué te ha dicho? ¿Qué
le has dicho? - su mirada era ahora de tristeza e incertidumbre.
Solté el tenedor en el plato. - Tengo un hermano. - dije sin
pensarlo dos veces. - ¿¡Cómo?! - exclamó ella. - Se llama Carlos
y tiene 7 añitos, me ha dicho de que conocerlo. - mojé pan en la
deliciosa salsa. - ¿Qué vas a hacer? - me dijo. - Quiero conocerlo,
él no tiene la culpa de que su padre haya sido un cabrón, pero
todavía no le he dicho nada. - la miré. - Esa decisión es tuya,
cariño. - me acarició la mano. Agradecí el gesto con una sonrisa.
Después de comer, nos sentamos un poco en el sofá a reposar la
comida. Mi móvil empezó a sonar. Era ella. Una sonrisa se dibujó
en mi cara. - Ahora vengo mamá. - fui a mi antiguo cuarto a hablar.
-Hola, mi vida. - me dijo ella.
-Hola, amor. ¿Qué tal estás? -
le pregunté yo.
-Pues muy bien, acabo de llegar a
casa. Estoy agotadísima. Y Vero a venido a traerme al zoo. - rió –
Y tú, ¿ Qué tal? -
-Bien, bien. Aquí con madre
comiendo. -
-Está ahí ahora. - dijo
-Me he venido al cuarto a hablar. -
reimos.
-Bueno, gorda. Voy a comer y a
descansar un poco, luego hablamos. - me dijo.
-Vale, cielo. Descansa. Te quiero,
mi amor. - me despedí.
-Y yo a tí. - Colgué y me fui
para el salón. Mi madre estaba en la cocina, fregando los platos. -
Ya estoy aquí, mamá. - le dije. - ¿Quién es la afortunada? -
dijo de sopetón, sin dejar de fregar. Joder.....¿Cómo lo sabía?
Me quedé callada. ¿Qué hago? ¿ Le digo que mi novia es la mujer
que he admirado toda mi vida, o niego tener novia?
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