jueves, 3 de abril de 2014

Capítulo 20. Desafío.

  A la mañana siguiente nos quedamos dormidas. Malú puso el despertador a las 9 de la mañana, pero por lo que se ve, no sonó. O ella lo apagó. Quería comprar algunos detalles para la familia y tal . - Dios, mira que hora es. - dijo mirando el reloj en su móvil. Yo hice un ruido que vendría a significar “vale vale”. Estaba muerta de sueño. Por la noche nos acostamos muy tarde caminando por la playa. - Y el buffet estaŕa cerrado … oootra vez. - se cruzó de brazos. Yo no sabía si esa conversación la estaba teniendo en el sueño, o estaba pasando de verdad. - Pero, oye … mirala.. ¿Te quieres despertar ya? - tiró de mi sábana. - Ay, Malú. Un ratito más. jo... - me tapé de nuevo. Esta vez hasta la cara. - Pues nada, quédate ahí. Que yo me voy. - se levantó. - ¿Donde te vas? - no me quité la sábana de la cara aún. No me respondió. Destapé mi cara y la vistiéndose. - Oye, ¿Por qué te enfadas ahora? No he echo nada. - le dije. - Pues por eso mismo, como no haces nada. Ni te levantas ni nada, me voy yo a dar una vuelta. - di un salto y me quité los pantalones. - Y tú, ¿Donde vas? - se fue para el baño. En ese momento tampoco respondí. Me acabé de vestir y me dirigí al baño. Ella se estaba lavando los dientes. - ¿Que donde vas? - me parece que dijo eso, porque entre el cepillo y la pasta, no se le entendía muy bien. - Pues voy donde tu vayas. - imité el mismo sonido que hizo ella. Se echó a reir y escupió el cepillo con la pasta incluida. Me reí yo también al verla. Se enjuagó la boca y me hizo sitio a mi para que yo también me los lavara. - Bueno, ahora sí. ¿Donde vamos? - me coloqué el bolso. Más bien, me lo crucé. No me gustaba nada llevarlo colgando, se me caía la mayoría de veces y me parecía incómodo. - Es una sorpresa. - se guardó el móvil y las llaves de la habitación. - Pero tenemos que irnos ya, que sino no llegamos. - salimos corriendo de allí y nos montamos en el coche. - ¿Qué hora es? - me preguntó. - Las doce y media, ¿ Por qué? - le dije. - Mierda, mierda. - dijo entre dientes. Aceleró un poco más. Tanta intriga me ponía demasiado nerviosa. Las sorpresa me gustaban, pero esa intriga que ella siempre ponía, no.

Llegamos a la capital onubense. Jolín, que calor hacía allí también. Como se notaba que estábamos en pleno Agosto. Pero ese no era el problema. Era problema era, ¿Qué hacíamos allí? Entramos a un polígono industrial grandísimo. Fuimos a una nave, miré el nombre y nada más verlo me eché para detrás. “Puenting. Adrenalina en estado puro.” Tiré del brazo de Malú para detrás. - Malú, si piensas que voy a hacer esto …. estas equivocada. - le advertí seriamente. - No sabía nada de que tenías vértigo, hasta este fin de semana, con lo del ascensor. Y no se … hice esto sin pensarlo. - me dijo. - Pero, ¿Por qué no me lo has preguntado antes? Te hubieras ahorrado el dinero, cielo. - era muy impulsiva en todo. Hacía las cosas, a veces, sin pensar y preguntar. Sin saber si le iban a salir bien o no. - Jo, ya lo sé, mi amor. Pero era una sorpresa. - dijo apenada. Miré al cielo, cogí aire y emití un bufido. - Vamos. - la empujé para dentro. - No, mi amor. No lo hagas, sé que te estas muriendo de miedo y no quiero que pases un mal rato por mi culpa. Vámonos y no ha pasado nada. - tiró esta vez ella de mí. - Ya sé que le tengo pánico a las alturas. Pero algún día lo tendré que superar. Y ahora tengo la posibilidad de hacerlo, mi vida. Hasta ahora, es el mayor desafío que me he enfrentado. Pero como tú dices “ el mayor desafío de la vida es vivir” y este quiero vivirlo contigo, princesa. - ni yo estaba segura de lo que iba a hacer, pero tenía que arriesgar. No dijo nada. Se quedó embobada mientras yo hablaba, hasta yo me quedé así de como había hablado.

-Buenas,” Malusita” - un hombre con rastas y de aspecto un tanto hippie, vinó hacía nosotros.
-Ey, Sergio, ¿Qué tal estas? - se dieron dos besos.
-Pues muy bien y, tú muy loca. Al hacer lo que vas a hacer. - rieron los dos.
-Mira, ella es Claudia. - me presentó.
-Hola, valiente. Yo soy Sergio, el loco que junto a otro más que yo, os van a ayudar a saltar. - rió y me saludó con dos besos. Me hizo mucha gracia lo de “valiente”. La verdad es que tenía que serlo, para hacer aquella locura.
-Encantada, Sergio. - al presentarme, vino corriendo otro individuo hasta nosotros. Seguramente ese sería el otro loco del que hablaba Sergio.
-No irse sin mi. - chilló desde lejos.
-¿Este no madura nunca, no? - dijo Malú riéndose.
-Nació asi, déjalo. - eso lo dijo Sergio, yo me empecé a reir también.
-Ese que viene corriendo por ahí, es el loco de Alejandro. - lo señaló el rastafari. Me caía muy bien, la verdad. Y nada más que había echo conocerlo.
-Dios, no sé si me atreveré a saltar con ustedes, eh. Me parece que me voy. - bromeé.
-Tú. Quieta aquí. - me agarró del brazo Malú.
-¿Cómo estamos? - dijo Alejandro, dando un salto en el sitio.
-Tú igual de loco que siempre, Alex. No cambias nunca. - dijo mi chica.
-Todo el mundo tiene su punto de locura, sino no es persona. - esa frase de él, me impresionó. Qué razón tenía.
-Guau! Te has puesto filosófico, Alexito. - dijo Sergio.
-Bueno, quiero causarle buena impresión esta chica que se atreve a saltar hoy con nosotros. - se refería a mi. Me dio un poco de corte.
 -Tú no causas buena impresión, ni vistiéndote de traje de chaqueta, campeón. - le dio un golpe en el hombro al amigo.
-Que buena imagen teneis de mí, eh. Gracias. - nos reimos todo. - Por cierto, soy Alex. - me dio dos besos.
-Yo Claudia, encantada. -
-Uuh! Me parece que está intentando ligar contigo, Clau. - nunca me habían llamado así, sonaba bien.
-Pues que se deje, que ya tiene dueña, anda. - dijo de repente Malú. Nos miraron con los ojos como platos. - Sí, si. No nos mireís así. Somos pareja. - no salía del asombro. Lo había dicho. Y sin pensar, como la mayoria de las cosas. Pero no sé como lo hacía, que siempre le salía todo bien, a la jodía.
-¡¡¡¡OLE!!!!! - gritaron los dos a la vez. - Vamos a celebrarlo con un par de saltos, anda. - dijo Alex. Cogieron 4 mochilas, uno para cada uno y nos fuimos en el coche de Malú.

Las piernas me temblaban al pensar en lo que iba a hacer. Ni yo me lo creía, en la vida hubiera pensado que fuese a hacer puenting. Es más, solo con pensar en esa palabra, me entraba vértigo. Pero lo iba a hacer. No sé como, pero iba a hacerlo. Malú se fijó en mi cara de preocupación, y me acarició la pierna mientras que conducía. - También es mi primera vez. Si eso te tranquiliza. - vaya, no sabía. Creía que ya lo había echo más veces, como iba tan segura y tan decidida. - Nadie lo diría. Actuas como si ya tuvieras mucha experiencia. - me rei. - Pero por dentro, me estoy muriendo de miedo, que lo sepas. La procesión va por dentro, como dice. - le cogí fuerte de la mano. Me miró dulcemente y me sacó la lengua. - Gira ahora para allá, Malú – le indicó Sergio. Llegamos hasta un puente, un poco alejado de la ciudad. Miré para abajo del puente, y las cosquillas subieron desde mi dedo gordo del pie, hasta el último pelo de mi cabeza. Me apoyé sobre la barandilla, de aquel puente. - Mi amor, si no estás segura, no lo hacemos eh. - me abrazó por detrás. Echándo su cabeza en mi espalda. - Lo vamos a hacer, princesa. Si. Solo son los nervios del momento, como en las bodas, cariño. - reimos las dos. Me volví hacía ella y la abracé con fuerza. - Vamos a volar, cielo. - le cogí de la mano y nos fuimos donde estaban Alex y Sergio. Los cuales, se estaban poniendo ya todo el equipamiento, para caer al abismo. Eso para mi era como una misión suicida. Porque so fallaba alguna cuerda, si se rompía a mitad de camino, si me daba con el suelo … VALE, deja de pensar eso, Claudia. De los nervios que tenía, estaba hablando hasta conmigo misma. Que faena.

-Chicas, os toca a vosotras. - nos dio Sergio lo que nos teniamos que poner.
-Pero Sergio, diles como, huevón. - dijo Alex. Aún no se había percatado de que eramos primerizas en esto de suicidarnos. Sergio, vinó hacia mi y me lo colocó. Mientras que Alex, se lo ponía a Malú.
-Haber, no os vayais a aprovechar ahora, eh. Pervertidos. - bromeó Malú.
-Por vuestra madre. Asegurar esto muy bien. - rieron los dos.
-Tranquila Clau, ya verás como no es para tanto. Cuando saltes, querrás saltar una y otra vez. - dijo Sergio.
-Si no muero antes, ¿No? - se me estaba secando la boca y todo.
-Exagerada. No vas a morir, y si mueres. Yo lo haré contigo, no te preocupes. - si no moría allí, me mataba Malú, con esos comentarios.

Llegó la hora, nos montamos en aquel puente. Pero por el otro lado, el que daba al vacío. Nos agarramos con los brazos hacía detrás a la barandilla. No me atrevia ni mirar para abajo. El aire nos daba en la cara, temía que nos destabilizara a la hora de saltar. El corazón se iba a salir por la boca. Tenía hasta ganas de vomitar. - Ya sabeis chicas. De cabeza y con los brazos abiertos, ¿Vale? - dijo Sergio. Asentimos sin mirarle. Miré para Lucía y estaba muy serena. Jolín, que suerte. Me cogió de la mano. - Lo que nos tenga que pasar, que nos pase juntas, cariño. - me dijo. Eso me tranquilizó un poco, era raro. Porque en ese mismo instante ni 40 tilas a la vez, me podían tranquilizar. - Te quiero, Malú. - no la llamaba así nunca, y hasta ella se extrañó. - Te quiero, Señorita González. - bromeó un instante antes de saltar. - ¿Vamos? - le dije yo. Inspiró. - Vamos. - nos agarramos fuerte de la mano. Y nos tiramos al vacío. Chillamos cual poseidas. La caída duró menos de 10 segundos. Pero fueron los más intensos de toda mi vida. Abajo estaban Alex y Sergio, que fueron los primeros en saltar. Nos quitaron la seguridad de los tobillos, y nada mas hacerlo. Me lié a saltar como una loca. Menos mal que no nos veia nadie. - DIOS MIO! - grité. - Menuda pasada, joder. - estaba eufórica perdida. La adrenalina me salía hasta por los codos. Estaba fuera de mi. Había sido la mejor experiencia de mi vida, hasta ahora vivida. - Tenías razón. - le dije a Sergio. - ¿En qué? - me miró con cara de póker. - Quiero saltar otra vez. - dije dando palmas. - VÁMONOS, PARA ARRIBA. - Malú me cogió del brazo. - Pues nada a saltar se ha dicho. - dijo Alex.

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