Llegamos a la capital onubense. Jolín,
que calor hacía allí también. Como se notaba que estábamos en
pleno Agosto. Pero ese no era el problema. Era problema era, ¿Qué
hacíamos allí? Entramos a un polígono industrial grandísimo.
Fuimos a una nave, miré el nombre y nada más verlo me eché para
detrás. “Puenting. Adrenalina en estado puro.” Tiré del brazo
de Malú para detrás. - Malú, si piensas que voy a hacer esto ….
estas equivocada. - le advertí seriamente. - No sabía nada de que
tenías vértigo, hasta este fin de semana, con lo del ascensor. Y no
se … hice esto sin pensarlo. - me dijo. - Pero, ¿Por qué no me lo
has preguntado antes? Te hubieras ahorrado el dinero, cielo. - era
muy impulsiva en todo. Hacía las cosas, a veces, sin pensar y
preguntar. Sin saber si le iban a salir bien o no. - Jo, ya lo sé,
mi amor. Pero era una sorpresa. - dijo apenada. Miré al cielo, cogí
aire y emití un bufido. - Vamos. - la empujé para dentro. - No, mi
amor. No lo hagas, sé que te estas muriendo de miedo y no quiero que
pases un mal rato por mi culpa. Vámonos y no ha pasado nada. - tiró
esta vez ella de mí. - Ya sé que le tengo pánico a las alturas.
Pero algún día lo tendré que superar. Y ahora tengo la posibilidad
de hacerlo, mi vida. Hasta ahora, es el mayor desafío que me he
enfrentado. Pero como tú dices “ el mayor desafío de la vida es
vivir” y este quiero vivirlo contigo, princesa. - ni yo estaba
segura de lo que iba a hacer, pero tenía que arriesgar. No dijo
nada. Se quedó embobada mientras yo hablaba, hasta yo me quedé así
de como había hablado.
-Buenas,” Malusita” - un hombre
con rastas y de aspecto un tanto hippie, vinó hacía nosotros.
-Ey, Sergio, ¿Qué tal estas? - se
dieron dos besos.
-Pues muy bien y, tú muy loca. Al
hacer lo que vas a hacer. - rieron los dos.
-Mira, ella es Claudia. - me
presentó.
-Hola, valiente. Yo soy Sergio, el
loco que junto a otro más que yo, os van a ayudar a saltar. - rió
y me saludó con dos besos. Me hizo mucha gracia lo de “valiente”.
La verdad es que tenía que serlo, para hacer aquella locura.
-Encantada, Sergio. - al
presentarme, vino corriendo otro individuo hasta nosotros.
Seguramente ese sería el otro loco del que hablaba Sergio.-No irse sin mi. - chilló desde lejos.
-¿Este no madura nunca, no? - dijo Malú riéndose.
-Nació asi, déjalo. - eso lo dijo
Sergio, yo me empecé a reir también.
-Ese que viene corriendo por ahí,
es el loco de Alejandro. - lo señaló el rastafari. Me caía muy
bien, la verdad. Y nada más que había echo conocerlo.
-Dios, no sé si me atreveré a
saltar con ustedes, eh. Me parece que me voy. - bromeé.
-Tú. Quieta aquí. - me agarró
del brazo Malú.
-¿Cómo estamos? - dijo Alejandro,
dando un salto en el sitio.
-Tú igual de loco que siempre,
Alex. No cambias nunca. - dijo mi chica.
-Todo el mundo tiene su punto de
locura, sino no es persona. - esa frase de él, me impresionó. Qué
razón tenía.
-Guau! Te has puesto filosófico,
Alexito. - dijo Sergio.
-Bueno, quiero causarle buena
impresión esta chica que se atreve a saltar hoy con nosotros. - se
refería a mi. Me dio un poco de corte.
-Tú no causas buena impresión, ni
vistiéndote de traje de chaqueta, campeón. - le dio un golpe en el
hombro al amigo.
-Que buena imagen teneis de mí,
eh. Gracias. - nos reimos todo. - Por cierto, soy Alex. - me dio dos
besos.
-Yo Claudia, encantada. -
-Uuh! Me parece que está
intentando ligar contigo, Clau. - nunca me habían llamado así,
sonaba bien.
-Pues que se deje, que ya tiene
dueña, anda. - dijo de repente Malú. Nos miraron con los ojos como
platos. - Sí, si. No nos mireís así. Somos pareja. - no salía
del asombro. Lo había dicho. Y sin pensar, como la mayoria de las
cosas. Pero no sé como lo hacía, que siempre le salía todo bien,
a la jodía.
-¡¡¡¡OLE!!!!! - gritaron los
dos a la vez. - Vamos a celebrarlo con un par de saltos, anda. -
dijo Alex. Cogieron 4 mochilas, uno para cada uno y nos fuimos en el
coche de Malú.
Las piernas me temblaban al pensar en
lo que iba a hacer. Ni yo me lo creía, en la vida hubiera pensado
que fuese a hacer puenting. Es más, solo con pensar en esa palabra,
me entraba vértigo. Pero lo iba a hacer. No sé como, pero iba a
hacerlo. Malú se fijó en mi cara de preocupación, y me acarició
la pierna mientras que conducía. - También es mi primera vez. Si
eso te tranquiliza. - vaya, no sabía. Creía que ya lo había echo
más veces, como iba tan segura y tan decidida. - Nadie lo diría.
Actuas como si ya tuvieras mucha experiencia. - me rei. - Pero por
dentro, me estoy muriendo de miedo, que lo sepas. La procesión va
por dentro, como dice. - le cogí fuerte de la mano. Me miró
dulcemente y me sacó la lengua. - Gira ahora para allá, Malú –
le indicó Sergio. Llegamos hasta un puente, un poco alejado de la
ciudad. Miré para abajo del puente, y las cosquillas subieron desde
mi dedo gordo del pie, hasta el último pelo de mi cabeza. Me apoyé
sobre la barandilla, de aquel puente. - Mi amor, si no estás segura,
no lo hacemos eh. - me abrazó por detrás. Echándo su cabeza en mi
espalda. - Lo vamos a hacer, princesa. Si. Solo son los nervios del
momento, como en las bodas, cariño. - reimos las dos. Me volví
hacía ella y la abracé con fuerza. - Vamos a volar, cielo. - le
cogí de la mano y nos fuimos donde estaban Alex y Sergio. Los
cuales, se estaban poniendo ya todo el equipamiento, para caer al
abismo. Eso para mi era como una misión suicida. Porque so fallaba
alguna cuerda, si se rompía a mitad de camino, si me daba con el
suelo … VALE, deja de pensar eso, Claudia. De los nervios que
tenía, estaba hablando hasta conmigo misma. Que faena.
-Chicas, os toca a vosotras. - nos
dio Sergio lo que nos teniamos que poner.
-Pero Sergio, diles como, huevón.
- dijo Alex. Aún no se había percatado de que eramos primerizas en
esto de suicidarnos. Sergio, vinó hacia mi y me lo colocó.
Mientras que Alex, se lo ponía a Malú.
-Haber, no os vayais a aprovechar
ahora, eh. Pervertidos. - bromeó Malú.
-Por vuestra madre. Asegurar esto
muy bien. - rieron los dos.
-Tranquila Clau, ya verás como no
es para tanto. Cuando saltes, querrás saltar una y otra vez. - dijo Sergio.
-Si no muero antes, ¿No? - se me
estaba secando la boca y todo.
-Exagerada. No vas a morir, y si
mueres. Yo lo haré contigo, no te preocupes. - si no moría allí,
me mataba Malú, con esos comentarios.
Llegó la hora, nos montamos en aquel
puente. Pero por el otro lado, el que daba al vacío. Nos agarramos
con los brazos hacía detrás a la barandilla. No me atrevia ni mirar
para abajo. El aire nos daba en la cara, temía que nos destabilizara
a la hora de saltar. El corazón se iba a salir por la boca. Tenía
hasta ganas de vomitar. - Ya sabeis chicas. De cabeza y con los
brazos abiertos, ¿Vale? - dijo Sergio. Asentimos sin mirarle. Miré
para Lucía y estaba muy serena. Jolín, que suerte. Me cogió de la
mano. - Lo que nos tenga que pasar, que nos pase juntas, cariño. -
me dijo. Eso me tranquilizó un poco, era raro. Porque en ese mismo
instante ni 40 tilas a la vez, me podían tranquilizar. - Te quiero,
Malú. - no la llamaba así nunca, y hasta ella se extrañó. - Te
quiero, Señorita González. - bromeó un instante antes de saltar. -
¿Vamos? - le dije yo. Inspiró. - Vamos. - nos agarramos fuerte de
la mano. Y nos tiramos al vacío. Chillamos cual poseidas. La caída
duró menos de 10 segundos. Pero fueron los más intensos de toda mi
vida. Abajo estaban Alex y Sergio, que fueron los primeros en saltar.
Nos quitaron la seguridad de los tobillos, y nada mas hacerlo. Me lié
a saltar como una loca. Menos mal que no nos veia nadie. - DIOS MIO!
- grité. - Menuda pasada, joder. - estaba eufórica perdida. La
adrenalina me salía hasta por los codos. Estaba fuera de mi. Había
sido la mejor experiencia de mi vida, hasta ahora vivida. - Tenías
razón. - le dije a Sergio. - ¿En qué? - me miró con cara de
póker. - Quiero saltar otra vez. - dije dando palmas. - VÁMONOS,
PARA ARRIBA. - Malú me cogió del brazo. - Pues nada a saltar se ha
dicho. - dijo Alex.
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