miércoles, 2 de abril de 2014

Capítulo 19. Ángel caído.


Se estaba acercando cada vez más a mi. Me puso la zancadilla por detrás y caí a la arena. - Ajá! Te cogí. - se sentó en mi trasero. Y recuperando un poco el aire, me echó la crema por la espalda. - ¡No! ¡Quita! - dije moviéndome para deshacerme de ella. - Como te sigas moviendo, te va a entrar arena hasta en los ojos. ¡Para! - apretó sus piernas, para evitar que me moviera. Pero no lo consiguió. - Ea, mira que monas has “quedao” - paré de moverme, ya no había nada que hacer. Me había echado la crema. Cuando algo se le metía en la cabeza, no había forma humana de sacárselo. Se levantó lentamente, y se apartó para sacudirse la arena de las rodillas. Yo también lo hice, pero más lentamente aún. Tenía por los menos 1kg de arena metido en el bikini. Que asco. Por eso no me gustaba mucho la playa. Por la maldita arena. Una vez en pie, me dirigí al mar con los brazos y las piernas abiertas. No quería que nada me rosace. - Pero … - se empecé a reir. - Si pareces que estas “escocía” - ese acentillo suyo madrileño – andaluz, me encantaba. Estaba descojonándose, mientras yo me metía poco a poco en el mar. Entre la crema en la espada, la arena en el bikini y el agua que estaba congelada.... vaya tela. - Y, ¿Cómo crees que estoy, guapa? - me metí hasta el cuello y empecé a quitarme la arena con el agua. Ella no paraba de reirse. Le había entrado un ataque. Al final tenía ella razón, la arena me había llegado hasta los ojos. Hasta las cejas. - Sí, sí. Tú riete, que que quién rie el último rie mejor. - le grité. Cuando me quité toda la arena, salí del agua. Me quedé en la orilla un segundo parada y corrí hacía ella. Hizo el intento de correr, pero no pudo. La cogí antes. - No, no. Que está fría....NO! - dijo pataleando. Me la puse al hombro, cual cochino. - Te dije que... - nos ibamos a caer por su culpa. - que...quien rie el último....¡Para ya!... rie mejor. - nos tiramos al agua. Al salir de la zambullida, empezó a darles golpes al agua. - Ay! “ Tota que be a etrado agua eb la nariz” - se frotaba la nariz, mientras yo me hartaba de reir. Ahora era mi turno. Estornudó dos veces seguidas. - Ya. - respiró tranquila. Dicho esto, me miró malvadamente, y se tiró sobre mi. - Eres … - me metió bajo agua y me saco.- … una ….- volvió a hacerlo. - ….puñetera... rencorosa. - salí y le eché el agua que tenía, en mi boca , en su cara. Hizo, ahora, el intento de volver a echarme sobre mi, pero la volvi de espaldas. Haciendole una llave para inmovilizarla. Puse sus brazos para detrás, los mios entre los suyos y su cabeza. Sujetando esta. - ¿Puedes para quieta un segundo? Por favor, uno solo. - le dije. Dejó de oponer resistencia, y la solté. Ahora sí, se subió a mi, más tranquilamente, rodeando sus piernas a mi cuerpo y se echó en mi hombro. - Así sí, mi amor. Que estoy muerta, hija mia. Y solo estamos a viernes. - me rei un poco. Ella se rió también. - Tengo sueño. - se acurrucó en mi cuello. - Pues duerme, princesa. - normal que tuviera sueño, si es que no podía estar parada dos minutos. - Pero, ¿Nos salimos mejor y duermes en la toalla? - le propuse. Ella asintió. Estaba casi dormida. Cada vez me sorpendía más como se podía quedar dormida en nada de tiempo. Bajó de mi cuerpo y andó hasta donde estaban las toallas. Se echó en ella en la misma postura, que salía en la portada de su último disco, Sí. Yo me tumbé a lado de ella, bocaabajo y mirándola. Que mona estaba durmiendo así. Al rato, y sin pensarlo, me quedé yo también dormida. Un sol de verano, doraba nuestra piel. Pasó hora y media cuando me desperté. Ella seguía durmiendo y de la misma postura. Me tumbé boca arriba y …. vi las estrellas. Que dolor, madre mía. Me había quemado. Despacio, volví a la misma en la que estaba. Unos minutos después, se despertó Malú.

-Buenas tardes, dormilona. - le dije apoyándome sobre los codos.
-Uy! ¿Qué hora es? - me preguntó.
-Pues no se, espera que saco el móvil. - busqué en mi bolso. Guau! Eran las 8 y media de la tarde. - Es un poco tarde. - me reí.
-¿Haber? - cogió mi móvil. - Buf! Si que es tarde, sí. Me pica la espalda, ay. - dijo llevando su mano al torso. - Joder, joder. - ella también se había quemado.
-Tú también, ¿No? - me había acordado que Malú guardó en su bolso un after-sun. Lo cogí y se lo extendí por la espalda.
-Pero flojito, eh. - levantó el dedo indice.
-Sí tranquila – la espalda la ardía.
-¡Despacito! - se curvó para delante.
-Ya, mi amor. Si así lo hago. Pero, es que, que te has quemado mucho. - menos mal que aquella crema estaba fresquita y le iba aliviar un poco. Cuando acabé, hizo ella lo mismo conmigo. Aunque yo estaba peor. Yo había dormido con la espalda completamente al sol. Me eché bastante. El frescor de la crema, me calmaba el dolor.
-Buenos vamos tirando para hotel. Nos duchamos y salimos a cenar, anda. - se levantó poco a poco y sacudió la toalla. Yo hice lo mismo con la mia. Mi móvil vibró. Era un mensaje de Miguel.
  • Guapi, ¿qué tal estás? -
  • Pues muy bien, y ¿Tú? ¿Qué tal la rehabilitación? - le pregunté.
  • Ahí va, tirando poco a poco. Por lo demás, todo muy bien. -
  • Me alegro mucho, paciencia cielo. - le dije.
  • ¿Te ha contado María? - me desconcerté.
  • ¿Sobre qué? - pregunté un tanto extrañada.
  • Pues que ha empezado a salir con la chavala esta ….¿Carolina? La que conocío en la disco. - no me había dicho nada, era un poco raro.
  • Ella me comentó algo, pero no de que estuvieran saliendo. Quedaron varias veces, pero no me dijo nada más. ¿Cuando te lo dijo? - le pregunté.
  • Hoy por la mañana. - se le habría olvidado seguro, o no habrá tenido tiempo. Pero no sé …. era raro.
  • Pues no, no. Jeje …. - le contesté. - Cariño, traeme una toalla, por favor. - era Malú que me gritaba desde el baño. - Vooy. - contesté.
  • Bueno, Miguel. Te dejo, ya hablamos, ¿Vale? Un besito y ánimo. -
  • Igualmente, guapa. Y, gracías. - siempre agradecía todo. Fui al armario y cogí un par de ellas, por si acaso. Entré al baño y todavía estaba metida en la ducha. - Ya estoy, amor. - dije abriendo la toalla. Salió y la envolví en ella. Estaba tiritando, era muy friolera. La achuché contra mi. - ¿Mejor? - dije en su pelo. - Mucho mejor, si. - subió la cara y me besó. - Acaba y ahora entro yo. - me separé de ella y fui a coger mis cosas. Saqué también la ropa que me iba a poner. Pantalón , roto, corto y una camiseta normalita. No me quebré mucho. Malú salió del baño. - Vuelve a echarme la crema, gorda. - me dio el bote. Esta vez no le dolió tanto. Me metí en la ducha. La verdad es que estaba un poco cansada. Dejé caer el agua por mi cabeza. Me quedé en un estado de nirvana. Que paz sentía. Al salir, algo me deslumbró …. la figura de Lucía. Estaba vestida con un precioso vestido blanco, que le llegaba más arriba de las rodillas, y unas sandalias del mismo color. Parecía un ángel. Sí, un ángel caído. Mí ángel caído. - Estas preciosa, cariño. - le dije con una sonrisa de oreja a oreja. Los colores le subieron a su bonito rostro, que ya de por sí, estaba rojo por el sol.

Andamos por aquel magnífico pueblo. Nos acercamos a una feria medieval que se encontraba en la plaza. Según Malú, estaba muy entretenida y divertida. Le di totalmente la razón, al ver aquel ambiente. Un ambiente basado en la edad miedeval, como la feria decía. Gente disfazada, puestos con cosas y comidas de aquella época, pequeños espectáculos. Me quedaría a vivir en Palos para siempre, me encantaba ese maravilloso lugar. Un pasacalles pasó justo por al lado nuestra, y como de costumbre, Malú se puso a bailar. Pero no un baile normal, no. Un baile que, según ella, era de aquella época. En ese momento le daba igual todo, si la reconcian como que no. Estaba disfrutando como una niña pequeña, y me encataba verla así. Me tiró del brazo y me puso al lado de ella para que bailara. Así que, dejé mi vergüenza a un lado, y baile con ella. Imitando sus movimientos. Algunos me costaban hacerlo, pero los hacía. Me dolía ya la barriga de tanto reirme. Cada día al lado de ella, era una aventura nueva. Salimos de aquel coro que habían formado la gente, y que más personas se habían metido a bailar. - Vamos a comer pero ya. Que se me ha abierto el apetito de una forma, alucinante. - dijo Malú riéndose. Fuimos a comer, a un pequeño restaurante, al lado del mar. Las vistas eran increiblemente bonitas desde allí. - ¿Qué van a tomar? - dijo el camarero. - Traiga una botella de vino, y de comer ….. - miró la carta. - ¿Tú que quieres? - me preguntó. - Yo unos spaguettis a la boloñesa. - dije. - ¿Sí? - se rió. Asentí varias veces. - Yo también. - el camarero nos retiró la cara y se marchó. - Yo no como cosas que no se ni lo que es. Que hay ponen unas cosas muy raras – reimos las dos a la vez. - Haces bien, mi vida. - Transcurridos 2 minutos, vinó el mismo camarero con la botella de vino y las dos copas. La abrió y nos sirvió. Dejó en la mesa la botella y se volvió a ir. Sin mediar palabra. - Brindemos. - levantó la copa. - ¿Por nosotras? - le guiñé el ojo. - Por nosotras, por este fin de semana mágico, por nuestro presente, por nuestro futuro. Por una vida contigo. - sacó ese lado ñoño que tenía, que me volvía loca. - Te quiero, princesa. Por nosotras. - brindamos. - Te quiero, mi amor. - Después de 20 minutos vinieron los platos. Que buena pinta tenían esos spaguettis, dios mío de mi vida. Tenía mucha hambre, pero me los comí despacio. No queria devorarlos, que iba a parecer que no había comido en mi vida, ni tampoco que se acabar pronto. En cambio Malú, se los comió en nada. - Amor, no haces faltas que te cortes. Sé que estas muerta de hambre, igual que yo. - se limpió la boca con la servilleta. Al escuchar esto, aumenté el ritmo, pero tampoco mucho. - Pues yo ahora, voy a pedir unos canelones, ¿Quieres? A la mierda la dieta y a la mierda todo. Hoy paso. Ya sigo el lunes. - le aplaudí flojito. - Si, yo también quiero. - le dije terminando el plato. Lo pedimos y al rato nos lo trajeron. Se comía muy bien en aquel lugar. Cuando salimos del restaurante, casi no podia andar. - Estoy llenisima, jolin. - masajeó su tripa. - ¿Granizado de limon, y lo bajamos todo? - le dije. - Si, bien. - dió palmas como una niña pequeña. Compramos uno para las dos. Yo sola con uno no podía.

-Vamos por allí – le indiqué. -
-¿Donde vamos? - me preguntó, ahora la intrigada era ella.
- Sorpresa, princesa. Sorpresa. - le llevé hasta la pequeña cala, donde fuimos este mediodía. -
-Que bonito, jo. - se echó en mi. Ahora no nos veía nadie.
- Vamos. - empujé de ella, hacia la playa.
- ¿Abajo? ¿Ahora? - me dijo. -
-Paseo a la luz de la luna y las estrellas, como en las películas, amor. - le tendí la mano. Corriendo se agarró de ella, y bajó conmigo. Y por allí nos perdimos. Ella agarrada a mi cintura y yo a su hombro, compartiendo granizado, cual adolescentes enamorados. La luna de aquel bonito Agosto, la luz de las estrellas y el sonido de las olas, nos acompañaron en el romántico paseo.

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