Se estaba acercando cada vez más a mi.
Me puso la zancadilla por detrás y caí a la arena. - Ajá! Te cogí.
- se sentó en mi trasero. Y recuperando un poco el aire, me echó la
crema por la espalda. - ¡No! ¡Quita! - dije moviéndome para
deshacerme de ella. - Como te sigas moviendo, te va a entrar arena
hasta en los ojos. ¡Para! - apretó sus piernas, para evitar que me
moviera. Pero no lo consiguió. - Ea, mira que monas has “quedao”
- paré de moverme, ya no había nada que hacer. Me había echado la
crema. Cuando algo se le metía en la cabeza, no había forma humana
de sacárselo. Se levantó lentamente, y se apartó para sacudirse la
arena de las rodillas. Yo también lo hice, pero más lentamente aún.
Tenía por los menos 1kg de arena metido en el bikini. Que asco. Por
eso no me gustaba mucho la playa. Por la maldita arena. Una vez en
pie, me dirigí al mar con los brazos y las piernas abiertas. No
quería que nada me rosace. - Pero … - se empecé a reir. - Si
pareces que estas “escocía” - ese acentillo suyo madrileño –
andaluz, me encantaba. Estaba descojonándose, mientras yo me metía
poco a poco en el mar. Entre la crema en la espada, la arena en el
bikini y el agua que estaba congelada.... vaya tela. - Y, ¿Cómo
crees que estoy, guapa? - me metí hasta el cuello y empecé a
quitarme la arena con el agua. Ella no paraba de reirse. Le había
entrado un ataque. Al final tenía ella razón, la arena me había
llegado hasta los ojos. Hasta las cejas. - Sí, sí. Tú riete, que
que quién rie el último rie mejor. - le grité. Cuando me quité
toda la arena, salí del agua. Me quedé en la orilla un segundo
parada y corrí hacía ella. Hizo el intento de correr, pero no pudo.
La cogí antes. - No, no. Que está fría....NO! - dijo pataleando.
Me la puse al hombro, cual cochino. - Te dije que... - nos ibamos a
caer por su culpa. - que...quien rie el último....¡Para ya!... rie
mejor. - nos tiramos al agua. Al salir de la zambullida, empezó a
darles golpes al agua. - Ay! “ Tota que be a etrado agua eb la
nariz” - se frotaba la nariz, mientras yo me hartaba de reir. Ahora
era mi turno. Estornudó dos veces seguidas. - Ya. - respiró
tranquila. Dicho esto, me miró malvadamente, y se tiró sobre mi. -
Eres … - me metió bajo agua y me saco.- … una ….- volvió a
hacerlo. - ….puñetera... rencorosa. - salí y le eché el agua que
tenía, en mi boca , en su cara. Hizo, ahora, el intento de volver a
echarme sobre mi, pero la volvi de espaldas. Haciendole una llave
para inmovilizarla. Puse sus brazos para detrás, los mios entre los
suyos y su cabeza. Sujetando esta. - ¿Puedes para quieta un segundo?
Por favor, uno solo. - le dije. Dejó de oponer resistencia, y la
solté. Ahora sí, se subió a mi, más tranquilamente, rodeando sus
piernas a mi cuerpo y se echó en mi hombro. - Así sí, mi amor. Que
estoy muerta, hija mia. Y solo estamos a viernes. - me rei un poco.
Ella se rió también. - Tengo sueño. - se acurrucó en mi cuello.
- Pues duerme, princesa. - normal que tuviera sueño, si es que no
podía estar parada dos minutos. - Pero, ¿Nos salimos mejor y
duermes en la toalla? - le propuse. Ella asintió. Estaba casi
dormida. Cada vez me sorpendía más como se podía quedar dormida en
nada de tiempo. Bajó de mi cuerpo y andó hasta donde estaban las
toallas. Se echó en ella en la misma postura, que salía en la
portada de su último disco, Sí. Yo me tumbé a lado de ella,
bocaabajo y mirándola. Que mona estaba durmiendo así. Al rato, y
sin pensarlo, me quedé yo también dormida. Un sol de verano, doraba
nuestra piel. Pasó hora y media cuando me desperté. Ella seguía
durmiendo y de la misma postura. Me tumbé boca arriba y …. vi las
estrellas. Que dolor, madre mía. Me había quemado. Despacio, volví
a la misma en la que estaba. Unos minutos después, se despertó
Malú.
-Buenas tardes, dormilona. - le
dije apoyándome sobre los codos.
-Uy! ¿Qué hora es? - me preguntó.
-Pues no se, espera que saco el
móvil. - busqué en mi bolso. Guau! Eran las 8 y media de la tarde.
- Es un poco tarde. - me reí.-¿Haber? - cogió mi móvil. - Buf! Si que es tarde, sí. Me pica la espalda, ay. - dijo llevando su mano al torso. - Joder, joder. - ella también se había quemado.
-Tú también, ¿No? - me había acordado que Malú guardó en su bolso un after-sun. Lo cogí y se lo extendí por la espalda.
-Pero flojito, eh. - levantó el dedo indice.
-Sí tranquila – la espalda la
ardía.
-¡Despacito! - se curvó para
delante.
-Ya, mi amor. Si así lo hago.
Pero, es que, que te has quemado mucho. - menos mal que aquella
crema estaba fresquita y le iba aliviar un poco. Cuando acabé, hizo
ella lo mismo conmigo. Aunque yo estaba peor. Yo había dormido con
la espalda completamente al sol. Me eché bastante. El frescor de la
crema, me calmaba el dolor.-Buenos vamos tirando para hotel. Nos duchamos y salimos a cenar, anda. - se levantó poco a poco y sacudió la toalla. Yo hice lo mismo con la mia. Mi móvil vibró. Era un mensaje de Miguel.
- Guapi, ¿qué tal estás? -
- Pues muy bien, y ¿Tú? ¿Qué tal la rehabilitación? - le pregunté.
- Ahí va, tirando poco a poco. Por lo demás, todo muy bien. -
- Me alegro mucho, paciencia cielo. - le dije.
- ¿Te ha contado María? - me desconcerté.
- ¿Sobre qué? - pregunté un tanto extrañada.
- Pues que ha empezado a salir con la chavala esta ….¿Carolina? La que conocío en la disco. - no me había dicho nada, era un poco raro.
- Ella me comentó algo, pero no de que estuvieran saliendo. Quedaron varias veces, pero no me dijo nada más. ¿Cuando te lo dijo? - le pregunté.
- Hoy por la mañana. - se le habría olvidado seguro, o no habrá tenido tiempo. Pero no sé …. era raro.
- Pues no, no. Jeje …. - le contesté. - Cariño, traeme una toalla, por favor. - era Malú que me gritaba desde el baño. - Vooy. - contesté.
- Bueno, Miguel. Te dejo, ya hablamos, ¿Vale? Un besito y ánimo. -
- Igualmente, guapa. Y, gracías. - siempre agradecía todo. Fui al armario y cogí un par de ellas, por si acaso. Entré al baño y todavía estaba metida en la ducha. - Ya estoy, amor. - dije abriendo la toalla. Salió y la envolví en ella. Estaba tiritando, era muy friolera. La achuché contra mi. - ¿Mejor? - dije en su pelo. - Mucho mejor, si. - subió la cara y me besó. - Acaba y ahora entro yo. - me separé de ella y fui a coger mis cosas. Saqué también la ropa que me iba a poner. Pantalón , roto, corto y una camiseta normalita. No me quebré mucho. Malú salió del baño. - Vuelve a echarme la crema, gorda. - me dio el bote. Esta vez no le dolió tanto. Me metí en la ducha. La verdad es que estaba un poco cansada. Dejé caer el agua por mi cabeza. Me quedé en un estado de nirvana. Que paz sentía. Al salir, algo me deslumbró …. la figura de Lucía. Estaba vestida con un precioso vestido blanco, que le llegaba más arriba de las rodillas, y unas sandalias del mismo color. Parecía un ángel. Sí, un ángel caído. Mí ángel caído. - Estas preciosa, cariño. - le dije con una sonrisa de oreja a oreja. Los colores le subieron a su bonito rostro, que ya de por sí, estaba rojo por el sol.
Andamos por aquel magnífico pueblo.
Nos acercamos a una feria medieval que se encontraba en la plaza.
Según Malú, estaba muy entretenida y divertida. Le di totalmente la
razón, al ver aquel ambiente. Un ambiente basado en la edad
miedeval, como la feria decía. Gente disfazada, puestos con cosas y
comidas de aquella época, pequeños espectáculos. Me quedaría a
vivir en Palos para siempre, me encantaba ese maravilloso lugar. Un
pasacalles pasó justo por al lado nuestra, y como de costumbre, Malú
se puso a bailar. Pero no un baile normal, no. Un baile que, según
ella, era de aquella época. En ese momento le daba igual todo, si la
reconcian como que no. Estaba disfrutando como una niña pequeña, y
me encataba verla así. Me tiró del brazo y me puso al lado de ella
para que bailara. Así que, dejé mi vergüenza a un lado, y baile
con ella. Imitando sus movimientos. Algunos me costaban hacerlo, pero
los hacía. Me dolía ya la barriga de tanto reirme. Cada día al
lado de ella, era una aventura nueva. Salimos de aquel coro que
habían formado la gente, y que más personas se habían metido a
bailar. - Vamos a comer pero ya. Que se me ha abierto el apetito de
una forma, alucinante. - dijo Malú riéndose. Fuimos a comer, a un
pequeño restaurante, al lado del mar. Las vistas eran increiblemente
bonitas desde allí. - ¿Qué van a tomar? - dijo el camarero. -
Traiga una botella de vino, y de comer ….. - miró la carta. - ¿Tú
que quieres? - me preguntó. - Yo unos spaguettis a la boloñesa. -
dije. - ¿Sí? - se rió. Asentí varias veces. - Yo también. - el
camarero nos retiró la cara y se marchó. - Yo no como cosas que no
se ni lo que es. Que hay ponen unas cosas muy raras – reimos las
dos a la vez. - Haces bien, mi vida. - Transcurridos 2 minutos, vinó
el mismo camarero con la botella de vino y las dos copas. La abrió y
nos sirvió. Dejó en la mesa la botella y se volvió a ir. Sin
mediar palabra. - Brindemos. - levantó la copa. - ¿Por nosotras? -
le guiñé el ojo. - Por nosotras, por este fin de semana mágico,
por nuestro presente, por nuestro futuro. Por una vida contigo. -
sacó ese lado ñoño que tenía, que me volvía loca. - Te quiero,
princesa. Por nosotras. - brindamos. - Te quiero, mi amor. - Después
de 20 minutos vinieron los platos. Que buena pinta tenían esos
spaguettis, dios mío de mi vida. Tenía mucha hambre, pero me los
comí despacio. No queria devorarlos, que iba a parecer que no había
comido en mi vida, ni tampoco que se acabar pronto. En cambio Malú,
se los comió en nada. - Amor, no haces faltas que te cortes. Sé que
estas muerta de hambre, igual que yo. - se limpió la boca con la
servilleta. Al escuchar esto, aumenté el ritmo, pero tampoco mucho.
- Pues yo ahora, voy a pedir unos canelones, ¿Quieres? A la mierda
la dieta y a la mierda todo. Hoy paso. Ya sigo el lunes. - le aplaudí
flojito. - Si, yo también quiero. - le dije terminando el plato. Lo
pedimos y al rato nos lo trajeron. Se comía muy bien en aquel lugar.
Cuando salimos del restaurante, casi no podia andar. - Estoy
llenisima, jolin. - masajeó su tripa. - ¿Granizado de limon, y lo
bajamos todo? - le dije. - Si, bien. - dió palmas como una niña
pequeña. Compramos uno para las dos. Yo sola con uno no podía.
-Vamos por allí – le indiqué. -
-¿Donde vamos? - me preguntó,
ahora la intrigada era ella.
- Sorpresa, princesa. Sorpresa. -
le llevé hasta la pequeña cala, donde fuimos este mediodía. -
-Que bonito, jo. - se echó en mi.
Ahora no nos veía nadie.
- Vamos. - empujé de ella, hacia
la playa.
- ¿Abajo? ¿Ahora? - me dijo. --Paseo a la luz de la luna y las estrellas, como en las películas, amor. - le tendí la mano. Corriendo se agarró de ella, y bajó conmigo. Y por allí nos perdimos. Ella agarrada a mi cintura y yo a su hombro, compartiendo granizado, cual adolescentes enamorados. La luna de aquel bonito Agosto, la luz de las estrellas y el sonido de las olas, nos acompañaron en el romántico paseo.
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