lunes, 31 de marzo de 2014

Capítulo 18. Sabes bien.


Vaya como había empezado el fin de semana, mareada. - Venga, que tampoco ha sido para tanto. - dijo aquella loca dejando la maleta en la cama. Se acercó a la ventana y divisó aquellas preciosas vistas, unas vistas que daban al mar. Un mar que brillaba por la luz del sol. Desde nuestra habitación, se veía a la gente muy pequeñitas. Aunque más bien solo se veian las sombrillas. Sombrillas de todo tipo y de todos lo colores habidos y por haber. - ¿Qué no es para tanto, Malú? - me senté en la cama. - Te dije que me daban pánico los ascensores y tú encimas te pones a saltar en él. - le dije echándome en la cama. - Ay, mi niña, que tontita es, que no aguanta ni una broma. - se echó en mi y me empezó a dar besos por toda la cara. Nariz, boca, barbilla, mofletes, frente. No dejó ni un rastro de mi cara a salvo. - Oye, ¿Qué te parece si estrenamos la cama, eh? - fue directa a mi oreja, en la cual dio un pequeño mordisco. Un mordisco en su hombro fue mi respuesta. Se sentó en mi vientre, se fue quitando lentamente la camiseta. - Dejame hacerlo a mi, ¿No? - dije besando sus labios. Nos deshicimos de nuestras camisetas. Mordió mi cuello, un mordisco que hizo que me estremeciera a más no poder. Sus besos pedían más y más intensidad. En pocos segundos nos acabamos de desvestir la una a la otra, quedando piel con piel. Los movimientos que estaba haciendo, hacían que me llevarán una vez más a la locura. Nos amábamos salvajemente. Las marcas de sus dientes, se quedaban por todo mi cuerpo. Mis dedos se perdieron en su interior, haciendo que en cada envestida su cuerpo se arquerá más y más. Los sudores le caían por la frente, por la espalda, por la nuca. No había cosa más excitante que ver a Malú sudar y gemir a la vez. Apretó fuertemente mi cabeza a su pecho, casi sin poder respirar. Sudábamos deseo. Las ganas de más, eran cada vez mayores. Me tiró para detrás, quedando tumbada por completo. Ella aún seguía sentada sobre mí. Recorrio con sus manos todo mi dorso. Cerré mis ojos, no los podía mantener abierto, al estar sintiendo lo que sentía. Después hizo el mismo recorrido con labios, que al hizo con las manos. Intercalando beso y mordisco. Su boca no tenía piedad. Sus labios se pasaron por mi clavícula, saboreando mis pechos, mordiendo mi costado, y jugando en mis oblicuos. Hasta llegar a mi intimidad, donde su lengua bailaba excitantemente. No dejó ni un rincón de mi ser, sin hacerlo suyo. Mientras tantos, mis manos arañaban y cogían las sábanas, haciendo que se salieran de un lado. Empecé a sudar yo también. Escaló por mi abdomen hasta llegar a mi boca. - ¿Sigues mareada aún? - me besó. Cogí aire de su boca, lo necesitaba. - Sí, pero no por el ascensor ya. Sino porque la falta de oxígeno en el cerebro, haces que te marees. - le acaricié la espalda. Se rió. - Llevábamos unos días que no disfrutábamos así, eh. - hacía circulos en mi barriga. - La verdad es que no. Se echaba ya en falta. - reimos las dos. - Pues un poco sí. - dijo Lucía entre risas. Miré el reloj de la habitación, eran las tres y media de la tarde. Y nosotros sin comer nada desde las siete de la mañana. - Deberíamos bajar a comer algo, ¿No? Creo yo. - le dije. - Sí, que hay que reponer fuerzas. - se colocó su ropa interior. - Mis fuerzas la reponen tu mirar. - me salió del alma. Se paró y me miró. - Ay, ay. Si es que … - acabó la frase con besos en mi cara. Me iba a hacer un piercing en ella, de lo bruta que llegaba a ser. Me dirigí al baño con la sábana reliadaba a mi cuerpo. - ¿Dónde vas ahora? - gritó Malú. - Una ducha rápida, no tardo nada. - me metí en la ducha. - Anda mira ella, me visto rápido para bajar, y ahora la señorita se quiere duchar. Olé. - me empecé a reir. - Soy lista, lo sé. - dije desde el interior. - Demasiado diría yo. - dijo. Al salir del baño, me la encontré cambiada de ropa. Llevaba un bikini y una camiseta larga, que le tapaba lo justo y necesario. En chanclas y gafas de sol. - ¿Donde vamos? - me secaba el pelo. - Ponte lo mismo que yo, y lo sabrás. - ya empzamos con las intrigas. Así lo hice, me puse mi bikini y una camiseta que me llegaba por las caderas. Bajamos hasta la cafetería del hotel, y vimos que el buffet cerraba a las dos y media. - Vamos a un lugar mucho mejor. - me estaba poniendo nerviosa con tanto suspense. - Pero si esto es la playa, hija mía. - dije extrañada. - Por aquí se llega. - nada. No decía nada. Andamos, como buenamente se podía, por la orilla del mar. En pleno Agosto y a las 4 de la tarde, había bastante gente en la playa. Me daba rabia el no poder pasear con ella, cogida a su mano o agarrada a su hombro. Pero bueno, eso era lo que tenía el estar saliendo con una de las artistas más importantes y conocidas de España. Llevaba puesto también un sombrero, que le hacía un look bastante sexy. Llegamos a un lado de la playa donde no había mucha gente. - Ahí es. - señalo un chiringuito al principio de la playa. Subimos por aquella arena, que desprendía fuego. En el chiringuito tampoco había mucha gente, solo tres mesas, con cuatro personas en cada una.

-Hombre. María Lucía. - salió un hombre a saludarla. ¿La conocía? Y lo más raro, ¿María Lucía?
-Lázaro, buenas tardes. ¿Qué tal? - le dio dos besos.
-Pues, muy bien. Y por lo que veo tú también. - bromeó. Esa broma no me gustó nada. Se rió ella. -
-Ah, mira. Ella es Claudia. - no dijo nada más. Se acercó y me dio dos besos.
-Pues sentaros que ahora voy a tomaros nota. - dijo él. Nos sentamos en una mesa al lado de un gran ventanal, donde se veía perfectamente el mar.
-¿De qué te conoce? - le pregunté.
-He venido aquí cada vez que tenía un hueco. Vengo desde hace años y ya me conocen. - se quitó el sombrero y las gafas de sol.
-Este fin de semana no puede ser más perfecto, princesa. - le dije bajito.
-Y aún nos queda este día y mañana. - me acarició el brazo.
-Bueno, que van a querer las señoritas. - dijo Lázaro abriendo una pequeña libreta.
-Dos cervezas, y una ración de sardinas. - dijo rápidamente ella. - Te gustan las sardinas, ¿No? - preguntó después de pedirlas. - Porque haber si me las voy a tener que comer yo solita. - se rió.
-Me gustan, si – dije. De repente un hombre joven, de apoximadamente 30 años, se paró frente a Malú. Se quitó las gafas de sol que llevaba.
-Hombre, Malú. Tú por aquí. - dijo aquel hombre, hasta ahora desconocido para mí.
-Gonzalo. - se asombró ella. ¿También lo conocía? Jolín.
-El mismo. - tenía un aspecto un tanto pasota. - ¿Qué tal? ¿Cómo tú por aquí? - le preguntó.
-Pues me he tomado un fin de semana de vacaciones, y … ¿Tú? - la notaba un poco incómoda con esa conversación, como queriendo salir del paso cuanto antes.
-Bien bien … has mejorado mucho, que lo sepas. Estás guapísima. - soltó sin más.
-Eh? Ah...je..gracias. - se avergonzó. Me miro de reojo. Yo miraba a los dos atónita
-Tenemos una cuenta pendiente, ¿No te acuerdas? - dijo él. - ¿Qué tal si la rematamos esta noche en mi casa con una cenita? ¿Qué te parece? - no me lo podía creer. Será … caradura. Le estaba tirando los trastos a mi chica.
-Mira … ella es Claudia. - cambió de tema.
-Ajá! Hola Claudia, guapa. - me dió dos pegajosos besos. Jolín, cuanto taraba la comida. Me estaba ya poniendo nerviosa.
-Lo siento pero no, Gonzalo. Tengo pareja, lo siento. - dijo Lucía.
-Pues que suerte debe tener. - se puso las gafas de nuevo. - Bueno, me voy, si cambias de opinión.... ya sabes donde vivo. - le sonrió y se marchó. Pero bueno.... ¿Se podría tener más cara?
-No le eches cuenta, siempre ha sido así. No cambiará. -aún yo seguía asombrada por lo que le había dicho.
-Por lo visto, tenéis una cuenta pendiente, ¿No? - la miré.
-Bueno, pero de eso fue ya hace año y pico. Pero quiero que te quede claro, que no va a pasar nada, mi amor. Confía en mí. - me cogió de la mano. En ese momento vino las sardinas y las cervezas.
-Muchas gracias, Lázaro. - dijo sonriente Malú. El hombre también le sonrió.
-Confió en ti, cariño. Y lo sabes. Pero es este prenda, que me he quedado muerta, con lo que ha soltado por esa boquita. - se rió ella. - A comer, anda. Que las sardinas frias, pierden su gracia. - cogí una y la puse en mi plato.
-Eres la mejor, gorda. Te quiero. - me miró con unos ojos que me entraron ganas de comérmelos, pero claro. No era plan de dejar ciega a la mujer más hermosa que existía en el mundo. - Yo también, princesa. - le contesté.

Al acabar de comer, nos quedamos un rato sentadas en aquella mesa, mirando como el mar brillaba a causa del sol. Le cogí de la mano por debajo de la mesa, me recordó a aquella canción que versionó mi chica. “Mujer contra mujer”. Qué bonito paisaje. Nos bajamos a la playa, y nos pusimos a andar hasta llegar a una pequeña nadie, donde no había practicamente nadie. Solo tres personas, pescando en la orilla. Sacó una toalla de gran bolso, y la tumbó en la arena. - Siéntate conmigo, “por fa” - fue la primera en sentarse. Me senté yo también a su lado, se quitó aquella camiseta que tapaba ese cuerpo monumental. No me acostumbrada a verla en bikini. Que perfección tenía ante mis ojos. Me quité yo la mía. - Echamela por la espalda. - me dió la crema. Se la eché pero de un modo especial, hice un corazón con ella en su torso. Se encogió un poco. - Aish! Qué fría, jo. - dijo. Me empecé a reir. - ¿Qué estas haciendo en mi espalda? - dijo volviendo su cara hacia atrás. - Creando. - le puse la cara como la tenía en un principio. Qué bonito le quedaba esa forma, aunque a ella le quedaba bien todo. Se la expandí, por todo su espalda. Pasando por su tatuaje en la nuca, sus hombros, el camino de sus vértebras, su costado y el tatuaje que tenía al final de esta. Adelanté mis manos, hacia su barriga, donde me quité es resto de crema que me quedaba. - Echo, amor. - le dije. - Venga, te toca. - dijo echando la crema en sus manos. - Ah! No. Eso si que no... yo crema no. Me da asco. - me levanté de un salto. Se lenvantó ella también y se acercó a mi con las manos repletas de esa sustancia pegajosa. Empecé a correr por aquella cala desierta. Corrió también ella detrás de mí. Menos mal que no había nada, porque vaya tela. Dos mujeres de 30 años, o un poco más, corriendo por la playa como alma que lleva el diablo.

viernes, 28 de marzo de 2014

Capítulo 17. Vértigo.


El despertador sonó a las 7 de la mañana. - Vamos, vamos. - se levantó de un salto. Me empezó a mover de un lado para otro. - Jolín, vaya una forma de despertar a la gente, hija mía. - mis despertares no eran muy buenos, y si me levantaban zarandeándome, menos. - Yo me esperaba un “buenos días, mi amor” o algo normalito. - dije sentándome en la cama. - ¡Buenos días, princesa.Que nos vamos a la playa! - chilló dando un salto en la cama. Parecía un niña chica. Como si nunca hubiera visto el mar. - Amor, parece que es la primera vez que vas a la playa. - me desperecé. - Contigo, si. Por eso estoy tan feliz. - se tiró a mi espalda. Agarrándose a mí, cual koala al árbol. La cogí, y empezamos a dar vueltas por la habitación. Corriendo de un lado para otro, la verdad es que yo también estaba muy feliz de ir con mi chica por primera vez a la playa. - Venga, que a las 8 viene José a recogernos para llevarnos a la estación. - ya habíamos preparado la maleta el día anterior. Malú la preparó de la misma manera que se levantó, dando saltos de alegria. - ¿Vas a hacer que tu hermano venga, solo para llevarnos? Es muy temprano, mi vida. - le dije mientras preparaba el café. - Déjalo, que hoy no tiene nada que hacer – dijo apoyada de espaldas en la encimera. Sus perras ya las tenía Vero, siempre se ofrecía a quedarselas cuando Malú no podía o no estaba. Justo a las 8, llamó José a la puerta. - Ve a abrir tú, cariño. Que yo voy cogiendo las maletas. - le dije mientras subía las escaleras. - Buenos días, hermanita. - me enteré desde la planta de arriba. Que vitalidad tenían Los Lucía por la mañana temprano, joder. Que envidia. Y yo para que me despierte, necesito a una banda de heavy metal a mi lado, y ni así a veces. Bajé las escaleras con las dos maletas. No eran muy grandes, ya que solo eran dos días. - Buenos días, querida cuñada. - me dijo con los brazos abiertos. - Espera que te ayudo. - vino corriendo hacía a mi. Solté las maletas en el suelo y le di un gran abrazo. - Todavía está dormida. - dijo Lucía riéndose. Yo le sonreí, tipo: “ Ja ja ja, que graciosa” - ¿Qué haceis por las noches para que le dejes agotada a la pobre, eh? - dijo José dándole un codazo a su hermana. - Eres un guarro, tio. - le di un empujón. - Así se hablo, amor mío. - me besó, pero por poco me saca la boca por la nuca. Que bruta era. - Oye, y ustedes, ¿Teneis pensado contarselo a vuestras respectivas familias o no? - dijo José, metiendo las maletas en el maletero. Malú y yo nos miramos, la verdad es que todavía no habiamos hablado nada. No teníamos nada pensado. - No tenemos decidido nada aún. - Malú se puso sus gafas de sol. Entramos en el coche, y nos sentamos en el asiento trasero. Ella no se quería separar ni un minuto de mi, y yo de ella, menos. - No sé, yo creo que lo deberiaís decir en plan cenita y ….” mamá, Claudia y yo somos pareja” - se rió a carcajadas. - No tiene gracia, José. - dijo ella muy seria. Al parecer, no le había gustado el comentario. José la miró por el retrovisor al escuchar su respuesta, yo también la miré. Ella desvió la vista hacía el exterior de la ventana. Le apreté la mano con fuerza. Durante el recorrido se produjo el silencio, un silencio incómodo, en donde nadie sabe que decir ni se atreve a hablar. Llegamos a la estación después de 30 minutos en coche. - Perdona si te molestó lo de antes. - le dijo José sacando su maleta. - No pasa nada. - le sonrió y le dio un abrazo. Él y yo, también nos despedimos con uno. - ¿Qué te pasa, amor? - nos dirigiamos al andén. Nuestro ave salía a las nueve y cuarto. En llegar a Huelva tardaría unas 4 horas, y una vez allí nos iriamos en autobús hasta Palos. Llegaríamos justo para irnos un rato a la playa. - Me pasa que se me había pasado eso por la cabeza todavía, me pasa que no sé cual será la reacción de mis padres al enterarse. - sabía que era algo relacionado con ese tema, su cara cambió por completo cuando José lo preguntó. - Mi amor, no te preocupes. Yo tampoco había pensado en eso, aún. Relacionado a tus padres pues, puede que al principio se sorpendán, normal. Pero tarde o temprano se tendrán que acosumbrar. O quizás su reacción sea la misma que si tú le presentarás a tu chico, eso no lo sabemos. Pero aceptar van a tener que hacerlo, porque eres su hija. Y un padre siempre quiere lo mejor para su hijo. Y si tú eres feliz así...pues nada. - la intenté tranquilizar. La abracé fuertemente a mi. En esos momentos lo que más necesitaba era eso, un abrazo. - Gorda, espero que con esto no empeore nada entre nosotras – dijo pegada a mi pecho. - ¿Empeorar? Al revés, lo que va a pasar es que haya un poco de más de libertad. Que podamos hablar tranquilamente con tus padres, sin tener que esconder nuestros sentimientos. Que si tenemos que darnos la mano, lo hacemos. Si tenemos que besarnos, lo hacemos. Si tenemos que decirnos te quiero, lo hacemos. No lo va empeorar, preciosa. Ya lo verás. - en ese momento llegó el ave. Cogimos nuestras maletas y nos subimos. Tardamos unos minutos en encontrar nuestros asientos, pero lo encontramos. No había tocado en frente de una madre con su hija. Una adolescente de unos 16 años, más o menos. - Hija, ¿Qué escuchas tanto? - le dijo la madre a su hija. - Pues Malú, mamá. - en ese instante miré de reojo a mi chica. Ella sonrió por debajo de las gafas. Estaba muy orgullosa de ella. Con solo 32 años, se había convertido en la artista femenina más querida y admirada del panoráma musical español. “Vértigo” salía desde los auriculares de aquella muchacha. Empecé a cantarla en mi cabeza, y estaba segura de que Malú también la cantaba en la suya. Se echó en mi hombro y se durmió un poco. Normal que tuviera sueño, si por la noche no paraba quieta con los nervios y después por la mañana se levantó con una energía impresionante. Aunque no entendía tantsísimos nervios, ni que fuera a hacer su primer Palacios de Deportes. Ni ahí tenía tantos nervios, seguro. Yo aproveché y me puse mis cascos. Tenía a Malú en todas partes. No podía pasar más de 1 minuto sin escuchar su voz. “Sin ti todo anda mal” inundaba por completo mis sentidos. Ahora cada canción de ella, decía algo de mí, de mis sentimientos, de mis pensamientos.

-Mi amor, estamos llegando. - le dije acariciando su pelo.
-¿Ya? - dijo con los ojos aún cerrados. - ¿Cuánto he dormido? -
-Pues todo el trayecto, princesa. Tenias sueño, eh. - me reí.
-Sí que tenía sí. - se frotó los ojos por encima de las gafas. Se puso bien el pelo, y se levantó.
-¿Dónde vas? - me reí.
-¿No hemos llegado ya? - se volvio a sentar.
-Te he dicho que estábamos llegando, ¿no ves que el ave se mueve aún? - mi risa iba en aumento.
-Ay, no sé. No me eches cuenta, estoy dormida todavía. - puso una voz de niña pequeña y se acurrucó a mí. La achuché fuerte.
-Ayy! Mi sonámbula. - nos reimos a carcajadas las dos.
-Tonta, cállate ya. - me dio una palmada en la pierna. Anunciaron la llegada a Huelva.
-Ahora sí, tontita. - fui a levantarme
-Pues ahora no quiero, ea. Ahora me quedo aquí. - dijo sujetándome para que no me levantara.
-No me seas gili, eh. - me volvió a dar la risa.
-Bueno venga, pero porque yo quiero, eh. Que te quede clarito. - dijo levantado el dedo índice. Se levantó ella antes. Me fui a poner en pie, y me empujó para el sillón. Me quedé mirándola y sacó la lengua. Si no fuera porque estábamos en un sitio público, le hubiera mordido toda su preciosa cara. - Pero venga, levántate, ¿No? - bromeó. Le hice una peineta. - ¿Te digo donde te vas a meter ese dedo? - me dijo
-¿Te digo dónde me los vas a meter tú? - se quedó con la boca abierta. Tapándosela con las manos.
-Guarra. - golpeó mi brazo. En verdad, le encantaban esas indirectas. Lo sabía yo.

A la salida de la estación, había un autobús que tenía su destino en Palos. Nuestro destino. Nos montamos y nos fuimos para el final. Ya era normal eso, de entrar en algún lado e irnos para el final del todo. El camino hacia el pueblo, fue precioso. Había unos paisajes muy bonitos, unos campos, unas flores, alguna que otra casita en media del campo. Me recordó a aquel día viendo el amanecer con mi chica. No podía apartar mi vista de aquella estampa. Andalucía era realmente bonita, sí. Al llegar al pueblo, y bajarnos del autobús, una brisa marina, recorrio suavemente mi rostro. Olia estupendamente a mar, y eso que estábamos un poco alejadas de él. Que calor hacía en el sur, por favor. Aunque tenía que admitir que en Sevilla la calor era más pegajosa, yo pasé un verano alli y por poco no me derrito. Andamos hasta el hotel. A cada paso que daba, me enamoraba más de aquel bonito lugar. De sus casitas, de sus pequeñas tiendas, de su gente, del acento, del olor, del paisaje, de todo. Andalucía me enamoraba. Llegamos al hotel. Un hotel muy grande, me extrañó que fuera tan grande, ya que las casas de allí no eran muy altas. - “Buenoh díah, señorah” - nos recibió el recepcionista con ese acento que tanto me gustaba. - Buenos días, reservé una habitación para dos, hace unos días. - dijo Malú aún con las gafas puestas. - Sí, dígame sus datos por favor. - dijo él. Lucía se los dió y seguidamente le dio la llave de nuestra habitación. La 121. Eso signicaba que teníamos que coger el ascensor. No, dios mio, ascensor. Yo solo lo cogía, y muy poco, para subir a mi piso. Me daban mucho miedo, más bien, pánico. - ¿Tenemos que cogerlo, no? - le dije con cara de miedo. - Hombre, mi amor, si no quieres subir 8 plantas andando, ya me dirás tú. - pulsó el botón de este. - Pues lo prefiero, fíjate. - le dije. - No me digas que.... - asentí. - ¿Te dan miedo, en serio? - sonrió. - Tengo vértigo, princesa. Las alturas, me dan más que miedo. - miré dónde ponia por la plata que iba el ascensor. - No te preocupes, que estás conmigo, amor. - me cogió de la mano y entramos. Estaba solo. Eran de esos ascensores en los que hay un cristal que puedes ver a través de él, el interior del hotel. - Anda y encima con cristal, toma ya. - me puse de espaldas a él. - Tranquila, tranquila. - se rió. En ese momento me acordé de la canción que escuchaba aquella muchacha en el ave y comencé a cantar el estribillo. Para que hice nada, me siguió ella también, pero no solo eso. Empezó a saltar. - Para, Malú. Para. - la cogí del brazo. No me hacía caso. Mi cara estaba descompuesta. - Por favor, para. - llegamos a nuestra planta y paró. Menos mal. No aguantaba más allí dentro y con la loca esta saltando. Llegué a la habitación con la cara blanca. Y no había echo más que empezar el fin de semana....

martes, 25 de marzo de 2014

Capítulo 16. Si tú me dejas.


En esos tres días que iba a estar sin poder hacer nada me dijo Malú que me quedara en su casa, que ella iba a estar conmigo todo el rato. Aunque terminaran de grabar más tarde de lo previsto, pero que no se separaría de mí. No me gustaba mucho la idea de que ella hicera todo y yo me quedara sin hacer nada, sentada en el sofá. Pero a Malú no se le podía llevar la contraria, porque al final acabaría cediendo yo sí o sí. Cuando se le metía algo en la cabeza era eso o eso, no había elección. Iba a pasar unos días muy tranquilos. Y si todo iba como hasta ahora, el viernes nos ibamos a Palos de la Frontera, a pasar un fin de semana de lo más romantico. Mis ganas por ir, aumentaban por segundos. Al día siguiente de ir al hospital, Malú se levantó temprano me dejó el desayuno en la mesita de noche y salió a correr. Al llegar ella, me encontró en el salón, jugando con Danka. - Oye, ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has bajado? - dijo soltando la botella vacía en la mesa. - Cariño, me canso de estar tanto tiempo en la cama y sin hacer nada, necesitaba salir un rato de esa habitación, y he bajado, pues agarrandome – me empecé a reir. Ella seguía sería. Se ve que no le gustó el echo de que hiciera nada sin su ayuda. - Pero haber, ¿Que te dijo el médico? Re-po-so absoluto, y estás ahí..ala! Jugando con Danka. - dijo ella. - Mi amor, entiendeme, tampoco he echo nada del otro mundo, solo estoy aquí sentada y acariciandola, ya está. Estar aquí es igual que estar arriba, solo que esto es un sofá y lo otro es una cama. - Danka no se separaba de su lado. - Gorda, entiendeme tú a mí. - se sentó a mi lado. - Que te quiero cuidar y que estes bien cuanto antes, para irnos el viernes. - me acariciaba la pierna de arriba a abajo. - Amor, tú me cuidas con solo una mirada, y todo lo que estás haciendo por mí, no sé como te lo voy a pagar. Así que si tú me dejas, no sé que haría yo ahora mismo sin tí. - me encantaba cuando se ponía colorada. - No me digas esas cosas tan bonitas, jo. Que se me cae el alma al suelo, tonta. - se echó en mis piernas. Llenando mis pantalones con el sudor de su pelo. - Date una ducha, anda. Que me empapas de sudor a mi también. - levanté su cabeza de mis piernas. - Ven tu conmigo – se acercó a mi boca. - Cómo tú dices, mi vida, tengo que guardar reposo absoluto – besé velozmente sus labios. Porque como lo hicera despacio, sabía que ese beso no tendria fin. - Tonta – me dio una palmada en la pierna y se levantó. - Pues que sepas que tú te lo pierdes, ea. - me guiñó el ojo y se marcho. “Bueno, Danka, parece que tu mami se ha enfadado un poco” le dije acariciando su lomo. - !ME HE ENTERADO, Y NO ME ENFADADO QUE LO SEPAS, TONTA¡ - dijo desde la planta de arriba, que oído tenía jolín. Yo me empecé a reir fuerte. A los pocos minutos aparecieron Rumba y Lola, corriendo una detrás de la otra. Danka, se fue con ellas y me dejó otra vez sola. Decidí llamar a María, hacía unos cuantos días que no hablábamos.

-Buenas tardes, capulli. - dijo María
-Hola, moco. ¿Qué tal estás? -
-Pues la verdad es que no me puedo quejar, con salud y trabajo. Estoy muy bien. Y, ¿Tú que tal estas, piojo? - no había una sola vez que no nos habláramos con algún mote “cariñoso”.
-Yo sí tengo de que quejarme, hija mía. - dije riendome
-¿Y eso? ¿Qué te ha pasado? ¿Te ha roto algún hueso Malú? - soltamos varias carcajadas.
-No, me gusta picarte con el tema, tonta.-
-Bueno te cuento. Ayer que salimos a correr Malú y yo. Y tu sabes el tiempo que llevo sin hacerlo, entonces me cansaba cada dos por tres. Bueno, pues me estuvo empujando por la espalda y le reté a que no era capaz de soltarme, entonces.... -
-Te soltó. - dijo ella.
-Así es. -
-Puajajajaja. - carcajeó. - Que paquete eres, ¿Cómo puedes retarla, hija mía? Es la jefa. - no paraba de reirse.
-Que graciosa eres tú, ¿No? Ya sé que es la jefa, pero creía que no iba a hacerlo, no sé. -
-Ayayay, que cabecita la tuya, de verdad. -
-Pues sí. - dije
-Bueno, te dejo. Que he quedado para salir, ya hablamos, cielo. -
-¿Cielo? Que raro en ti. ¿Con quién vas a salir, que te ha puesto melancólica? - ahora me reí yo. A veces llegaba a ser igual, o más, cotilla que ella.
-Ya te contaré ya. Con alguien especial. ¿Te acuerdas de la chica que te hablé, que conocí el día de tu cumpleaños en la discoteca? -
-Si, ¿Por? ¿Es ella? -
-La misma . -
-Bueno, pues suerte y ya me contarás, puta. Un beso muy grande. - ella no había tenido mucha suerte con el amor, y por una vez que encontraba a alguien... le deseé lo mejor del mundo.
-Gracias, cerda. Y te cuento, sí. Un beso. - colgó.

Empecé a recapitular lo sucedido la noche de mi cumpleaños, no recordaba que hubiera conocido a nadie. Aunque claro, yo no le eché mucha cuenta ,ya que, estaba conociendo a Malú. La persona que dias despues se convertiría en la más importante en mi vida. La persona que me hacía feliz día a dia, minuto a minuto, segundo a segundo. La mujer que toda persona existente en la tierra, quisiera tener. - ¿Con quién hablabas, mi amor? - bajó secándose el pelo. - Es María. Fue la primera persona en enterarse de lo nuestro. - solté sin pensarlo. - ¿Lo sabe? - se quedó boquiabierta. - Sí, se lo conté. ¿La he cagado, no? Joder no quería fastidarlo …. - me interrumpió ella en ese momento . - Ni la has cagado, ni has fastidiado nada, amor. Solo que me ha impresionado, pero no has echo nada malo. - dijo al ver mi cara de preocupación. - Solo lo sabe ella y Miguel, mis mejores amigos. - la cogí de la mano. - Vale, no pasa nada, cariño. Yo no se lo he dicho a nadie todavía, mantengo mi vida privada al margen. Aunque tarde o temprano, supongo que se acabarán enterando la gente. Ya sabes como son los paparazzis, amor. - se arrascó la cabeza. - No te preocupes, vida mia. Ellos no dirán nada a nadie, llevo confiando en ellos más de media vida y nunca me han defraudado, no lo van a hacer ahora y menos con esto. Puedes estar tranquila. - sabía que estaba nerviosa por si alguno de ellos dos se fueran de la lengua. Pero, apostaría mi cuello, y no lo perdería, que ellos jamás me traicionarían. - Sé lo buenos amigos que sois y la piña que habéis formado. Estoy tranquila, por eso. Porque sé que tú confías en tus amigos. - me dio un beso en la cara. Esos besos fugaces que me daban, hacía que mi corazón se parara por unos instantes. Eran unos besos demasiados perfectos. - No te vayas nunca, por favor. - le dije mirándole directamente a los ojos. Apuntando directamente al alma, como diria una canción suya. - No me dejes nunca – puso una mirada dulce. Aquel tipo de miradas que son capaz de matarte en el momento, esas miradas que hacía que me muriese más por esa mujer, esas miradas capaz de dejar ver el interior de esa persona. Una mirada que adoraba. Una mirada llena de dulzura y sinceridad. - No voy a dejar a la persona que me hace feliz. - dije cuando me repuse después de escuchar su respuesta y morir con su mirada. - No me iré nunca del lado de la persona que me hace sentir la mujer más …. no encuentro una palabra exacta para describirla, amor. - rió. - Pero es asi, vida mia. - dijo. Nuestro labios se fueron a juntar cuando de repente.... Danka saltó a los brazos de su dueña. - Ay! Danka, por favor. - la tiró a un lado del sofá. Nos empezamos a partir de la risa. - ¿Ves? Ella también está de acuerdo, en que no te tienes que ir nunca de mi lado. - no paraba de reir. - Y aunque ella no estuviera, tampoco me iba a …. - Danka no la dejaba casi hablar. - ...marchar...ains.. Danka, para. - que bien la tenía enseñada, fue decirlo y quitarse. Normal, le jefa mandaba. - Como se nota que eres la jefa, eh. - dije asintiendo. - ¿A que si? - reimos. - Oye, ¿Qué te parece si le digo a Vanesa, Vero y Pastora que vengan a cenar, esta noche? - dijo de repente. Me quedé callada, no sabía que responder. Guau! Pastora Soler.... me encantaría conocerla, era una de las artistas más grande que había en el país. A Vanesa... bueno me daba igual verla como que no, aunque ya tenía claro que entre ella y mi chica, no había ni hubo nada. Y a Vero ya la había visto unas cuantas de veces. Ninguna de las tres sabía de lo nuestro. - Me parece estupendamente bien, princesa. - respondí al fin. - Siiii. - saltó del sofá. - Pues voy a llamarlas a las tres, y le digo que a las 9 aquí en casa, ¿si? - asentí. Confirmado ya la cena, Malú a eso de las 8, se puso a hacer el banquete. No quería que lo hiciera todo ella sola, asi que, me levanté y me fui a la cocina. - No no no no. - dijo varias veces. - Tú te vas para el sofá, vamos. - me lo señalo. - Malú quiero y voy a ayudarte quieras tu o no. Así que, de nada sirve que me lo señales porque no voy a ir. - no dijo. - Como no te pongas bien por tus cabezonerías, te enteras. Pero te enteras eh. - cuando se ponía asi me daba un poco de miedo. - No pasa nada, mi amor. Venga manos a a obra. - me puse a ayudarla. Justo a las 9 llamaron a la puerta. Eran ellas. Malú fue a abrir, yo la acompañé.

-Buenas chicas, pasad. - dijo Malú muy sonriente.

-¿Que pasa, corazón? - dijo Pastora dando un gran abrazo a Malú.
-Hombre, Claudia. Tú por aquí. Buenas guapísma. - me dio dos besos, se olía algo.
-Pastora ella es Claudia. - dijo Malú, me hizo un gesto como de “espera espera”. Pero, ¿Para qué?
-Hola, Claudia. Encantadísima. - se acercó y me dio otro dos besos.
-Encantada yo, Pastora. -
-Hermanita. - dijo Vero a Malú. Se fundieron en un bonito abrazo.
-Mi niña....guapa. - abrazó Vanesa a Malú. Al fin y al cabo, tenía que admitir que sus abrazos me encantaban, eran muy sinceros. Seguidamente, Vero también me saludó.
-Bueno, pues vamos para dentro..- dijo Malú. - Pero Vanesa.... si te has traído a tu inseparable guitarra. - nos reimos todas.
-Por supuesto, como tú dices es inseparable y me la llevo a todas partes. Además después de comer, habrá que hacer algo, ¿No? - “si si si” dijimo casi a la misma vez todas.
-Pues venga, a comer. - nos sentamos todas en la mesa. La cena se alargó más de lo previsto. Entre chiste y chiste malo de Vanesa, venía una anecdota de los conciertos de cada una. Contaban cada cosa, que yo me partía. Al igual de ellas. Despues de cenar, cogimos nuestras copas de vinos y nos fuimos al sofá. Vanesa cogió su guitarra. Ya iba a hacer de las suyas. - Chicas, os tengo que contar algo. - dijo Malú. Dios mio, lo iba a contar. Estaba muy seguro de ello. - Claudia y yo somos pareja. - dijo sin más demora. Pastora, Vero y Vanesa, nos miraron durante unos segundos. - Olé olé. - dijo al fin Pastora, levantandose. - Ueeee. - dijo Vanesa levantandose también y aplaudiendo. - Esto hay que celebrarlo, señores. Vamos Vanesa. - esta era Vero. Vanesa le hizo caso y la cogió. Empezó a tocarla a ritmo de flamenquito, esos ritmos me encantaban. Malú se levantó y empezó a bailar por bulerías, Pastora la siguió. Vero y yo tocábamos las palmas. Entre bulerías y copas de vino estuvimos hasta pasada las tres de la mañana. Pasándolo en grande. No lo había pasado mejor en mi vida. Estaba disfrutando como una niña chica con zapatos nuevos.

lunes, 24 de marzo de 2014

Capítulo 15. Al alba.


Aquella noche la pasé muy mal. El dolor que sentía en el coxis no me dejaba dormir. ¿Me lo habría partido? Jolín, vaya faena. Y en la misma semana que nos ibamos a ir a la playa. - Gorda, ¿Por qué te mueves tanto? ¿Qué te pasa? - nunca había escuchado ese “gorda”. Por un momento se me olvidó el dolor. Pero una punzada, volvió a llevarme a la misma pesadilla. - Es la caída, vida mía. Todavía me da lata. - dije volviéndome a ella con mucho cuidado. - Vámonos. - dijo levantándose. ¿Ir? ¿A donde? Y a estas horas. - ¿Donde vamos,cielo? - ya se estaba vistiendo. No entendía nada. - ¿Donde va a ser? A urgencias. No puedes estar así. Que te pinchen algo para el dolor. - dijo poniéndose los zapatos. - No, no. Me tomo algo, y ya está. Anda, ven a la cama otra vez. Que son las 5 de la mañana. - dije dando golpecitos al lado de donde dormía para que viniera. - Amor, te has tomado ya dos pastillas y estas igual. Venga, que te ayudo a vestirte. - me levantó con mucho cuidado, y me quitó los pantalones, mientras yo me quitaba la camiseta. - Ay, ay. Duele. - no podía levantar mucho las piernas. - Sé que te duele, cielo. Y, ¿No quieres ir al hospital, no? Tú estás tonta. - me abrochaba los cordones de las zapatillas. - Oye, fea. - le di un golpecito en la cabeza que la destabilizó y cayó al suelo. - !!!Ay, ay, ay¡¡¡ Mi coxis, ayuda. - se empezó a revolcar por el suelo. Que le gustaba el teatro a esta mujer. - Cuando acabes el espectáculo del Circo de los Horrores, me ayudas. Pero tu tranquila, eh. Tómate tu tiempo. - al escuchar esto se levantó rápida. - Rancia, cortarollos. - se sacudía los pantalones por detrás. Le tendí los brazos y me levantó despacito. Lo más díficil era bajar las escaleras, me costaba mucho. Pero, más difíciles aún era subirlas. Iba a ver las estrellas. - Espera, un momentito. - fue al salón y, cogió lo que yo estaba pensando …. el dichoso flotador. - Toma, para el coche. - cogí el flotador y nos subimos en el coche. En salir tardamos media hora y en llegar al hospital 45 minutos. Eché una pequeña cabezada de media hora en el coche. No había pegado ojo. Al despertar, me estaba acariciando la pierna izquierda. - ¿Has podido dormir algo? - dijo sin apartar la vista de esa larga y solitaria carretera. No había un alma. - Más o menos. - dije frotándome los ojos. - ¿Cuánto queda? - le pregunté. - Poquito, vida. Poquito. - en 15 minutos llegamos al hospital. No se quitó las gafas de sol, para evitar reconocimiento alguno. Le di mis datos a la señora de recepción y, nos sentamos lo más atrás posible. En la sala había bastante gente. Alguna que otra madre con su hijo enfermo, varias en sillas de ruedas y otras tantas quejándose de sus dolencias. No me gustaban esos lugares, me daban mala espina. Pero por desgracia, nos ibamos a quedar ahí un buen rato. - Echate en mi hombro, cariño. Que después nos toca el camino de vuelta. - se echó en él. Y se durmió en nada. Que habilidad tenía la tía para dormirse. Puse mi cabeza en la suya. Los minutos fueron pasando y la sala se iba vaciando. “ Porque te vas y caigo en un abismo donde no hay salida. Porque te vas y se me acaba el mundo, y mi mundo eres tú..” Empecé a cantar bajito. Lo justo para que solo me enterara yo. - “Porque me queda en pedazos el cuerpo, el alma y la piel. No me acostumbró sin ti, yo no sé..” - al parecer ella también se había enterado. - Creía que dormias. - dije besando su pelo. - Y dormía, si. Pero tú me has despertado. - no levantó la cabeza de mi hombro. Al revés, se acomodó más. - Vaya. Pues, perdona no quería hacerlo, amor. - me disculpé. - Me encantan tus maneras de despertarme, cariñín. - sus diminutivos eran de lo más gracioso. Al cabo de estar media hora esperando, pronunciaron mi nombre por megafonía. - ¡Señotita Claudia Gonzalez Moreno, consulta 4! - lo repitió dos veces. - Nuestro turno, amor. - nos levantamos y nos dirigimos a dicha consulta.

-Pasen. - dijo el doctor al llamar nosotras a la puerta.
-Buenos días. - dijimos casi al unísino.
-Bueno, Claudia, ¿Qué le pasa? - entrelazó los dedos y puso sus manos cerradas en la mesa. Un gesto muy habitual en el mundo de los médicos.
-Pues, mire. Ayer me caí. Y al caerme, tuve la mala suerte de hacerlo de culo. Y me he echo daño en el coxis. No he podido dormir nada con el dolor. - dije.
-Levántese. - hice lo que dijo. Pero, claro, a mi ritmo. Se puso detrás mía.
-Bájese un poco los pantalones. - me quedé parada. - He visto muchos casos como estos, Claudia. No se avergüence. - me los bajé un poco. Me moría de vergüenza, ¿Por qué no podría ser una mujer?
-Vamos a ver. - me tocó el hueso varias veces. Como buscando algo. - Ya se los puede subir. - se quitó los guantes y se sentó. - Va a tener mucha suerte. No ha llegado a rompérselo, pero poco a faltado. - suspiré de alivio.
-Y entonces, ¿Por qué le duele tanto? - preguntó Malú, que hasta ahora había estado callada.
-Pues verá … - la miró y se quedó callado. Asombrado. - Tú.. tú eres Malú, ¿No? - joder, ya la había reconocido.
-Sí, si. - rió forzada.
-Mi hija te admira muchísimo, de verdad. ¿Puede firmarme un autógrafo para ella? - no salía del asombro.
-Sí, pero al final. Primero ella, que para eso estamos aquí. -
-Sí claro claro. Va a alucinar cuando diga que ha estado en mi consulta Malú con … - no acabó la frase.
-Mi prima, es mi prima. - me adelantó ella. Qué médico más cotilla.
-Bueno, pues vas a pasar allí. - señaló una puerta que, seguramente , daba a otra consulta. - Que le van a poner una inyección. Tiene que estar mínimo tres días de reposo, con antiflamatorios. - escribía mientras la receta. - Y si en ese intérvalo de tiempo, el dolor no ha cesado, venga de nuevo. -
-Vale, muchas gracias. - nos levantamos.
-¿Dónde firmo? - dijo Malú riéndose. El médico le tendió papel y boli. - ¿Cómo se llama su hija? -
-Irene. - dijo él. “Con mucho cariño para Irene. Gracias por escuchar mi música, un besote” seguida de su popular firma, que decoraba la mayoría de mis discos de ella.
-Muchas gracias. Le hará mucha ilusión. Ella dice que es... esto … ¿Malulera? ¿Puede ser? - dijo aquel hombre, estaba muy agradecido por ese gesto.
-Sí, si. Malulera. Y gracias a ella. -
-Pasamos a aquella sala, donde se encontraba una enfermera. Menos mal una mujer. - Hola, buenas. - dijo sonriente. - Buenas. - sonreí. Estaba preparando una jeringuilla. Me daban pánico las agujas. Pero, ¿Qué se le iba a hacer..? - ?¿Eres alérgica a algo? - dijo ella. - Sí, a las inyecciones. - bromeé. - Salvo a eso, nada más, ¿No? - reía. - No, no. - yo no apartaba la mirada de ese instrumento puntiagudo. - Bueno pues, bajate el pantalón. - ¿Otra vez? Jolín. El enseñar mi culo a desconocidos no me gustaba nada. Humedeció un algodón el alcohol y frotó con él, el primero de mi trasero. - Ay! - dije. - Pero si aún no te he echo nada, quejica. - carcajeó la enfermera. - Me adelanto a los acontecimientos. - reimos las tres. Ahora sí, me puso la inyección. Sentí la presión del líquido entrando en mí. Dolía un poco. Salí cojeando de allí, se me había dormido la pierna con el pinchazo. Esta vez pude montarme un poco mejor en el coche, no sé si era por el efecto de la inyección o porque me centraba más en la pierna que en el maldito hueso. Eran las 7:30 y el sol empezaba a asomar entre el horizonte. El alba allí era precioso. La carretera seguía solitaría. Estando en verano y a esa hora, no suele haber mucha gente en carretera. Que bello paisaje. Un cielo completamente despejado y anaranjado por la salida del sol. Unos pájaros que despertaban a los árboles y viceversa. Malú paró el coche en ese instante, a un lado de la carretera. - ¿Por qué paras? - pregunté extrañada. - Hay que inmortalizar este momento, ven. - me ayudó a salir. Sacó su móvil. - Este bonito paisaje, hay que tenerlo guardado. - dijo. - Sí, la verdad es que es precioso. - miré al horizonte y me apoyé como pude en el capó. - Yo lo decía por tí, amor. - me quedé sin palabras. Se apoyó un poco en mí, quedando su espalda pegada a mi cuerpo. Pasé mis brazos por su cintura, rodeamdo su cuerpo. Que mágico momento. Malú y yo, viendo amanecer en medio de la carretera. Sin nadie. Solo ella, yo y el amanecer. - Foto. - puso la cámara interna del móvil y nos la hicimos. Una bonito foto de Lucía y yo, con el sol por detrás nuestra. Amaría esa foto durante el resto de mi vida. Era perfecta. Como la mujer que salía conmigo, a la que también amaría durante toda mi vida. - Guau! Pedazo foto, mi amor. - dijo acurrucándose a mí. - Pedazo mujer la que sale a mi lado, esa si que es prefecta. - le di un besazo en la cara. - Si es que te como. Te como. - me mordió la mejilla, aumentando la fuerza del mordisco. - Ay! Para – me reí. No me hacía caso, siguió con sus dientes en mi moflete. - Para te digo. - la intenté apartar, pero nada. No hubo manera. - María Lucía Sánchez Benítez. - dije el nombre que aparecía en su DNI, su nombre al completo. - Uy! Vale, vale. Paro, jo. - se volvió a poner de espaldas a mí con los brazos cruzados. Estaba haciendo pucheros seguro. Me encantaba su lado de “enfado”. Su lado de querer hacerse la enfadada. No le salía nunca. - Oye. - le di con el dedo indice en su costado. Se encogió un poco. Sabía que tenía cosquillas ahí. - volví a repetir lo de antes, pero ahora con las dos manos. Una en cada lado de sus costillas. Le empecé a hacer cosquillas. Se retiró de mí. Poco me importó, porque fui al lado suya, pero no hice nada. Me quedé a su lado.
-Te quiero princesa. - pasé mi manos por su hombro y la atraje hacia mí. Me abrazó con fuerza. Le di otra vez en su punto débil. Se volvió a encoger.
-Para, anda. - se rió. Le hice caso, no quería que se “enfadara” de nuevo. Aunque sus enfados hacían que me derritiera un poco más por ella.
-Vale, amor. - pero se retiró de mí. - ¿Qué haces? -
-Que yo estaba enfadada contigo, no sé si lo recuerdas. - volvió con su cruces de brazos. Me empecé a descojonar.
-No te enfades, princesa. Que se entristece el sol y se vuelve a esconder. Y este amanecer es perfecto para que se apague. - le susurré. Me agarró la cara y ,me besó intensamente.
-No me puedo enfadar contigo, eh. - sus dedos acariciaban mi nuca.
-Lo sé, mi vida. - sus ojos marrones intensos me hipnotizaban. Volvimos a besarnos. Mi lengua buscaba a la suya y viceversa. El sol salió por completo. Eran ya las 8 de la mañana.
-¿Volvemos? - dijo ella. Nuestros labios se separaron.
-Volvemos.-

viernes, 21 de marzo de 2014

Capítulo 14. Duele.


Pasaron días, semanas, hasta llegar al mes. El primer mes juntas. Un mes lleno de amor. Lo celebramos con una cenita romántica en mi casa, a la luz de las velas que alumbraban el salón. Pasamos una noche inolvidable, todo lo que hacía con ella se convertía en momentos inolvidables. Estuvimos desprendiendo amor toda la noche, cada poro de nuestra piel desprendía amor. No había mayor droga que recorrer su cuerpo desnudo, su suave piel, sus finos labios. 10 de Julio del 2014, jamás se me olvidaría esa fecha. La fecha en que aprendí el significado de la palabra amor, de la palabra sonreir. Aprendí a vivir con ilusiones. Malú ya había acabado la gira “Sí”, y también había casi acabado de grabar su siguiente disco, “En mí”. Un disco que , según ella, derrochaba amor y dulzura. Contenía canciones compuestas por ella y, otras por Armando Ávila. Yo había tenido el privilegio de ir a una de las grabaciones de ese nuevo trabajo, la experiencia fue increible. Ver a Malú grabando una canción, es mágico. Traspasaba su fuerza y su sensibilidad a través de ese gran ventanal donde se tenía que meter para grabar. Conocer a Armando, fue una de los mejores momentos de mi vida. Era un hombre llano, y una de los mejores productores del panorama musical. Un enamorado de la música. Por otra parte, a mí no me quedaba muchas vacaciones. En 20 días, tenía que volver al trabajo. A mi bufete de abogados. Todo seguía igual de bien, o mejor. Puesto que Miguel, ya había salido del hospital y había comenzado la rehabilitación. Una rehabilitación que, según los médicos, iba a ser un poco dura. Pero consiguió ganarle la batalla a la muerte, podía con esto también. María y yo, hablamos casi todos los días, yo le contaba mi día a día con Malú, y ella me contaba sus batallitas con una “amiga especial”. Estaba viviendo una de las mejores etapas de mi vida. Bueno no, era la mejor etapa de mi vida, junto a la mujer de mi vida. Aunque nos conociamos desde hacía un mes y poco, lo tenía claro. Nadie me había dado tanto en tan poco tiempo. Solo ella.

-¿Quien es? - dijo Malú, al ver que mi móvil empezó a sonar. Estabamos en el jardín de su casa. Tomando el sol.
-Nadie, amor. - le dije acariciando su espalda. Dibujando corazones en ella. Era mi “padre”. No sé como había conseguido mi número. Pero no se lo iba a coger.
-Sé que no es nadie. Conozco esa cara. Frunces la nariz cuando dices una mentirijilla. - dijo tocando mi nariz. Me conocía bastante bien.
-Tienes razón, es alguien. - le dije. - Es mi padre. -
-Y, ¿Por qué no se lo has cogido? -
-No se lo merece, no se merece nada. - dije con rabia.
-Puedes contarmelo si quieres. Pero solo si quiere, eh. No te veas obligada a hacerlo. - me acariciaba el pelo. Estabamos boca abajo, cada una en nuestras respectivas toallas. Mirando la una para la otra.
-No suelo hablarlo con nadie. Pero tu eres mi pareja y creo que debes saberlo. - dije.
-Vale, mi amor. - le empecé a contar todo lo que viví con mi padre. Todo el infierno que había pasado. Desde que empezó con la bebida, hasta la paliza que nos pegó a mi madre y a mí. Después de eso, estuvo en la cárcel un año y medio. Por maltrato y robo. Le conté que el encontronazo con él hacía un mes y lo de mi hermano. Me observaba con atención, mientras tanto. Le expliqué también el lote de llorar que me di cuando me encontré con él, al recordar mi pasado.
-Me dejas si palabras, vida mía. - me miraba con unos ojillos de pena. - Lo tuviste que haber pasado muy mal, joder.-
-Mal se queda corto. Fue un auténtico infierno. - le acaricié la cara.
-Jo.. amor. - me dio un beso en la mejilla.
-Bueno, pero eso ya pasó. Ahora solo miro al presente. Y mi presente eres tú, princesa. - se sonrojó. Y me besuqueo la cara, dándome algún que otro lametazo. - Cochina, no me chupes. - dije riéndome.
-¿Por qué no? Si esta cara es mía. Puede hacer lo que quiera con ella. Como sí le quiero dar pellizcos. - así lo dijo y así lo hizo. Empezó a darme pequeños pellizquitos por toda la cara.
-Eres bipolar, cielo. Lo mismo me besas, que me das pellizcos. Que bien. - dije intentando quitar sus manos de mi cara.
-Tengo una idea. - se levantó corriendo. - Y si … - esas pausas me daban pánico. - ¿Nos vamos a la playa un fin de semana? - se mordía el dedo índice.
-Me parece muy buena idea. - intensifiqué ese “muy”. - Pero, ¿Qué playa,amor? - le cogí de la cintura, pasó sus manos por mi cuello. Empezamos a balancearnos de un lado para otro.
-Emm... - se puso pensativa. - Dejame pensar... ¿Qué tal, Palos de la Frontera? - le encantaba Andalucía.
-Perfecto. -
-Wiiii, finde en la playa . - se puso a saltar como una niña pequeña. - Voy a por algo para beber, un segundo. ¡Palos de la Frontera, voy para allá! - dijo gritando mientras iba apara dentro. Me empecé a reir. Que loca estaba esta mujer. Pero, su locura, incrementaba la mía por ella.

Ese mismo día por la tarde, salimos a correr. Pero no solas, no. Con su hija mayor, Danka. Que vitalidad tenía Malú. Tuvimos que parar tres veces, por mí. Llevaba sin hacer deporte desde hace años. Con el trabajo, tampoco tenía mucho tiempo para ir al gimnasio. - Estas vieja, eh. - dijo ella trotando en el sitio. - Estoy quemadísima. - dije intentando recuperar el aire perdido. Llevábamos hora y media corriendo, y todavía no había parado ni una sola vez. - Venga que no es para tanto – dijo empujándome por la espalda. - Claro, como tú estas acostumbrada a estar dos horas y media de concierto, de arriba pa´ abajo corriendo sin parar, pues ya me dirás. - dije echando mi peso en sus brazos. - No te quejes, anda. Y venga, que no puedo contigo. - las fuerzas de sus brazos, comenzaron a flaquear. - O corres, o te suelto y vas al suelo. - me “amenazó”. - No eres capaz, mi amor. - la desafié. - ¿Que no? - elevó la voz. Negué con la cabeza. Dimos tres pasos más y... quitó sus brazos de mi espalda, cayendo yo al suelo. Me senté de culo en el suelo. Di un grito de dolor. - ¿Era o no era capaz? - puso sus brazos en jarra, y me miró. - Ay! ¡¡Bruta!! - la caída me había dolido de verdad. Me había echo daño en el coxis. - Pero, ¿Te ha dolido? - se agachó, frente a la atenta mirada de Danka, que estaba sentada a mi lado. - ¿Tú que crees? - quise levantarme, pero no pude. El dolor me lo impedía. ¡Joder!, exclamé. - Lo siento, mi amor. Espera que te ayudo a levantarme. - me cogió de los brazos y tiró hacía ella. - Ay, ay. Despacio. - me quejé. Conseguí levantarme. Pero al incorporarme, el dolor vino de nuevo. Al ver Malú mi cara, me abrazó. - La he cagao´. Lo siento, de verdad, cariño. Me duele hasta a mí, viendote. - dijo con su cabeza en mi pecho. - No pasa nada, mi vida. A sido una mala caida, da igual. - dije frotándome el lugar que me dolía. - No tenía que haberte soltado. - se volvió a disculpar . - Que no me estoy muriendo, mujer. Ya mañana estoy como nueva – le quité hierro al asunto. - Oye, y ¿ Cuando nos vamos a la playa? - cambié de tema. - Pues si estamos a martes, el viernes mismo. - dijo. - ¿Este viernes? - empezamos a andar, despacito. - Si, claro. ¿Para qué esperar más? - me agarró fuerte de la cintura, para que hiciese el menor esfuerzo posible. - Pues si. - cogeaba un poco . – No se hable más, el viernes nos vamos. Y ahora, para casa, que ese culo tiene que descansar. - nos reimos las dos. Que ocurriencias las suyas. - Bueno, y tu fima de discos, ¿Para cuando? - le dije. - Pues, a finales de Agosto terminamos de grabar, me cojo un mes de vacaciones – hizo un gesto de vistoria. - Y en octubre, empiezo en Sevilla. - empezaba la firma en la cuidad de sus amores. Sevilla. Yo había ido unas pocas de veces, tenía familia allí. Sevilla era una cuidad mágica. Sus cajellones llenos de historia, de olor a azahar, de gente maravillosa. Me encantaba a mi también. - A ti Sevilla no te gusta, ¿No? - dije ironicamente. - Pues no, no me gusta. Lo mismo que tú. - me guiñó el ojo.

-Anda, sientante despacito – llegamos a casa.
-Casi no puedo apoyar el culo en el sofá, cariño – me reí.
-Pues esperate un momentín. - se marchó corriendo. ¿Donde iría? Después de dos minutos vino con un pequeño flotador hinchado.
-Amor no tengo ganas de bañarme, y yo ya tengo una edad. Sé nadar – nos reimos a carcajadas.
-Que no, tonta. Que es para que te sientes en él – me lo dio entre risas.
-¿Por qué lo tienes? - pregunté
-Es de la hija de Vero, está guardado para cada vez que vienen. -
-Ay – suspiré. - Que agustito se está, mamá – dije con voz de niña chica.
-Idiota – me tiró un cojín.

jueves, 20 de marzo de 2014

Capítulo 13. Siempre tú.

Se paró justo enfrente mía. Bajó la ventanilla del copiloto. - ¿Señorita González Moreno? - era ella. No lo podía creer. Di dos carcajadas. Ya decía yo que ese coche me resultaba familiar. - Pero bueno... ¿Y el coche? - dije asombrada. - Este es, ¿No te gusta? - dijo ella. - Claro que me gusta, mi amor. - me subí. - Me creía que iba a venir a buscar un chófer o algo. - reí mientras me ponía el cinturón. - Cambio de planes, mi vida. - miró el retrovisor antes de salir. Le empecé a besar la cara, me la iba a comer. - Venga, anda que no llegamos. - rió. - ¿Estás es la sorpresa? - le pregunté. - El día no ha echo más que empezar, amor. - otra vez me dejaba con la intriga. Llegamos a los estudios antes de tiempo, y entramos en la cafetería. Ella se pidió un café, y yo la acompañé con otro. Que grande era todo allí. Me fijaba en cada detalle, en cada rincón. - Bueno, pues vamonos. Que ya es la hora y, tienen que estar allí. - dijo. ¿Tienen? Sería el equipo de maquillaje y fotografía seguro. - ¿Quienes son exactamente? - que desesperación, joder. Subió y bajó las cejas varias veces. Le gustaba hacerme sufrir. Al andar por aquel largo pasillo, miraba cada fotografía que había colgada en las paredes. Fotos de famosos que habían pasado por allí. Estaban gente del mundo de la música, como Orozco, Bisbal, Alborán, Vanesa Martín, Juanes. Pero me quedé mirando fijamente una. La de Malú. Ya había estado en ese lugar antes. Que guapa salía. Pero no solo había gente de la música, sino actores españoles o personas del mundo del famoseo, como, Javier Bardem, J. J. Bayona, Miguel Angel Silvestre, Amaia Salamanca, Paz Vega y, un largo etcétera. Llegamos a la puerta de la sala. - ¿Estás preparada? - dijo cogiendo el pomo. - Preparada, ¿Para qué? - dije con cara de extrañada. Abrió la puerta. Aquella sala era super grande, pero no fue eso lo que más me impresionó. - Dios mio. - me tapé la boca con las manos. No me lo podía creer. Malú me miraba sonriente. La miré y asintió. Era ellos en carne y hueso. Delante mía. Vanesa Martín, Melendi, India Martinez y Manuel Carrasco. ¡ Delante mía ! Me temblaban las piernas de la emoción. - Buenos días, preciosa. - se acercó Vanesa a Malú, y le dio un enorme abrazo. - Buenos días, Lula. - ese era Melendi. Que alto era, madre mía. Los saludó uno a uno, mientras yo los miraba con la boca abierta y sin dejar de sonreir. - Pues, chicos. Ella es Claudia, una personita especial. - dijo frotándome la espalda. No me presentó como su pareja, pero sí como alguien especial. Eso me confundió un poco.

-Encantada, Claudia. - se acercó India y me dio dos cariñosos besos.
-¿Que tal, guapísima? - dijo Carrasco, con ese acento andaluz tan gracioso que tenía. Me dio dos besos.
-Encantada, cariño. - dijo “la Martin” dándome un abrazo. Era la que más ilusión me hacía abrazar. Era una de las mejores compositoras que habían en España. - Te admiro muchísimo. - dije sin soltarla. - Muchas gracias. - se apartó de mí.
-Persona especial, eh. - dijo Vanesa dándole codazos a Malú.
-Que sí, tonta. - le dio un empujón cariñoso.
-Hola, Claudia. - este último era Melendi. Me saludó con una gran sonrisa.
-Sí, sí ya. - volvió a la carga Vanesa. ¿Estaba tonteando con Malú o era mi impresión?
-Te estoy diciendo que sí, pesada. - le empezó a dar golpes por el brazo, y ella se defendía haciéndole cosquillas.
-Son dos niñas chicas, “vamó” - dijo Carrasco. No me empezaba a gustar nada ese momento. Acabaron al fin de pelearse. Malú pasó su brazo por el hombro de Vane, y ella por la cintura. Mis celos aumentaban por segundos. Yo no era celosa, pero de escuchar tantos rumores, sobre que Malú y Vanesa tenían algo, y ahora ver esta escena. Hacía crecer mis celos. Al ver mi cara, soltó a Vanesa.
-Bueno chicos, empezamos en nada. - dijo un fotógrafo. - Os teneis que vestir y maquillar.
-Quédate ahí. Tú en primera fila, para verlo perfectamente. - me besó en la cara y se marchó con los demás. Sentía como si sobrara en ese instante. Ella trabajando con sus compañeros de profesión y amigos. Y yo ahí, mirando. Me quedé pensando en la escena de antes. ¿Habrían tenido algo realmente? Siempre había pensado que Vanesa y Malú eran la pareja perfecta. Se les veía tan bien en los escenarios. Tanta complicidad, tanto tonteo, tanta amistad. Parecía raro que solo fueran amigas. O, quizás sí, solo tenían una bonita amistad y ya está. Bueno, no iba a pensar ahora en ello. Solo ,y exclusivamente, pensaría que estaba con la mujer más perfecta que existía. Al cabo de un rato, aparecieron todos vestidos y maquillados. Iban un tato informales ya que, según me había dicho un fotógrafo, era una sesión de fotos para una obra benéfica. Una ONG contra la pobreza infantil. Que corazones más grandes tenían. Malú me guiñó el ojo al salir, gesto que agradecí con una sonrisa. Esta vez, estaba hablando con Melendi ,y Vanesa hablaba con India y Manuel Carrasco. El director los llamó y los reunió. Les contó como iba a ser aquello, de las formas que se iban a poner y los cambios de vestuarios. La sesión empezó con Manuel Carrasco y Malú, seguidamente de India con Vanesa. Hicieron varias tomas, fotografiándose todos con todos, haciendose fotos de grupo. Se cambiaron tres veces de ropa y peinado. Yo mientras observaba a Malú. Me encantaba las formas seductoras que tenía al mirar. Me dedicó alguna que otra mirada. Empezaron a las nueve y hasta la una de la tarde, no acabó. Después de allí, nos fuimos a un bar a tomar algo. - Por fin nos sentamos, después de 5 horas sin parar. - dijo India, se veía que estaba cansada. - Ya ves, India. - dijo Vanesa sentándose a su lado. Al lado de Vanesa se sentó Malú. Y al lado de ella, yo. No sé por qué, pero me daba que se buscaban la una a la otra.

-Voy al baño un momento. - me sentía un poco incómoda. A los dos minutos, llamaron a la puerta. - Ocupado. - dije. - Soy yo, amor. - abrí la puerta.
-¿Qué te pasa? - dijo ella.
-Sé sincera, por favor. ¿Has tenido algo con Vanesa? - dije mirando al espejo. Malú estaba detrás mía.
-¿Por qué me preguntas eso ahora? - dijo
-Respóndeme, nada más. - me volví hacía ella.
-No, no hemos tenido nada. Solo somos buenas amigas. - respondió.
-¿Seguro? -
-Mi amor. - me agarró la cara. - creéme. No he tenido nada, de verdad. Un escalofrío recorrió mi espalda. Era la reacción ante el roce de sus labios. Saltó sobre mí, ya sabía lo que quería decir con eso. 

No sentamos en el wc. Su boca fue bajando hasta encontrarse con mi cuello. Donde empezó una guerra fría con él. Lo mordió y besó hasta dejar las marcas de sus dientes. Eso me perdía demasiado. Le quité la camiseta y recorrí todo su abdomen, de arriba a abajo. El ambiente empezó a caldearse a pasos agigantados. Me quitó la camiseta e hizo conmigo lo mismo que yo hice con ella, pero esta vez, con las manos. Me deseperaba. Llamaron a la puerta. - Está ocupado. - dijo Malú. - Joder, siempre con las interrupciones. - dije casi enfadada. - Ya ves. Pero estamos en un baño público, mi vida. - me mordió la oreja. - Pues no empieces a hacerme delirar, bonita. - dijo ironicamente. Reimos las dos. Nos levantamos y nos pusimos la camiseta, peinándonos y bebiendo un poco de agua. - Que sepas que ya van dos. - le susurré añl oído antes de abrir. Me lanzó una mirada pervertida. - Hija mía, lo que habeis tardado. Que os estamos esperando. - dijo Melendi. - Pues ya estamos aquí. - dije sentándome. Estuvimos hasta la tarde, entre risas y vinos. - Buenos, pues nosotras nos vamos llendo. - dijo Malú. Pagamos a medias y nos despedimos de todos. - Adiós parejita feliz. - dijo Vanesa, guiñándonos un ojo. No dijimos nada y salimos de allí. - ¿Hasta cuando no te veo, princesa? - le dije. - Todavía no ha acabado el día, amor. - se agarró de mi brazo. Nos subimos al coche. - ¿Donde vamos? - ya empezaba de nuevo la intriga. - ¡Sorpresa! - dijo. - ¿Más aún? - ella asintió poniendo morritos. Se los mordí, pero no solo el labio. Sino, la boca entera. - Ay! Bruta. - me rei ante la voz que puso. - Hemos llegado. - dijo. Estábamos en un parque enorme. Subiendo un poco por él, había un bonito mirador, donde seguramente irian todos los enamorados. - Vamos. - cogió mi mano y subimos hasta allí. Las vista eran increible. Ver como el sol se escondía entre los edificios, era algo mágico. - ¿Te gustan las vistas? - dijo echada en mi hombro. - Me gusta lo que veo, ahora mismo. - subió su mirada y se dio cuenta de que la estaba mirando. - Quiero atardeceres como estos siempre, mi amor. - me dijo. Se me encogió el corazón al escucharlo. - Yo te quiero a ti para siempre. - nos miramos unos segundos y nos fundimos en un romantico beso, ante la atenta mirada de aquel atardecer.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Capítulo 12. Ni un paso atrás.


Cerré los ojos y suspiré, con la cabeza mirando hacia el techo. Los abrí y pensé por muy mal que lo haya pasado, no me podía seguir afectando. Si mi madre pudo superarlo, yo también podía. No quería que mi pasado hundiera a mi presente. Y además, con lo bien que estaba ahora, habiendo encontrado a la mujer ideal. Así que, salí del baño. Puse a Malú, en estos momentos necesitaba escucharla. “Ni un paso atrás” hacía crujir las paredes de mi casa. “Vuelvo a empezar, ni un paso atrás...” comencé a cantar. No iba a dar ninguno, y menos para atrás. Nunca lo había echo, y no lo iba a hacer ahora. Me dirigí a mi habiación. Deshice la maleta a ritmo de aquella canción que tantas veces me había ayudado a seguir para delante. Me subí a la cama, cogí el mando de la televisión a modo de micrófono y empecé a cantar. La repetí como mínimo 3 veces. No me cansaba de escucharla. Pero, en ese instante, algo o más bien dicho: alguien, interrumpió mi momento cantante.Paré la música. - Perdona, hija. ¿Podrías quitar la música? - era la vecina del piso de abajo, la más pesada de todas. Es la típica vecina que te habla con cara de buena. Pero que después es una cotilla profesional. - Señora, es muy temprano aún. Y no creo que la música le moleste a nadie. - dije apoyada en el marco de la puerta. - Sí, a mí me molesta. Me tiemblan hasta las paredes de la casa con esta música que escuchais los jovenes de hoy en día. - dijo desafiándome. - Pues mire, todavía no ha subido a quejarse nadie, y la música ya lleva sonando un rato. Y para que se entere, esto que escuchaba se llama MÚ-SI-CA. Pero no se preocupe que la quito, no vaya a ser que se forme un terremoto y se caiga en bloque. - cerré la puerta. No volví a ponerla, no tenía ganas de volver a discutir con nadie. Eran las tres y media de la tarde, me moría de hambre. Solo había desayunado dos manzanas y un zumo de naranja porque, según Malú, en este fin de semana habíamos comido mucho y tocaba desayunar saludable. Fui a la cocina y me preparé unos espaguettis a la carbonara. No sé como lo hacía, pero cada vez me salían mejores. Me senté a comer y puse la tele. - Malú, la cantante femenina más importante de España, – estaban hablando de ella en las noticias. - está trabajando en su nuevo disco. La sobrina de Paco de Lucía, ha decidido grabarlo entre México y España. - contaba la mujer del telediario. Se me caía la baba cada vez que escuchaba hablar a la gente tan bien de ella. Casi que no había acabado la gira “Sí” y ya estaba grabando el siguiente disco. No paraba. Recogí los platos y los fregué. Como aún era temprano, me puse a recoger un poco mi habitación. Y sobre las cinco me fui para el hospital a ver a Miguel.

-¿Cómo está el enfermo? - dije entrando por la puerta.
-Presente. - dijo levantando un poco el brazo derecho.
-Pues el enfermo aquí está. - dijo Luis, era el único que estaba allí. - Yo creo que ya tiene “cuentitis” eh, no sé yo. - dijo riéndose.
-¿Así? Pues mañana nos echamos un partidillo los tres, ¿Vale? - bromeé.
-Sí. O, ahora mismo. Me quitó las escayolas y nos vamos al Bernabeu a jugar. - reimos los tres.
-Bueno, yo me bajo un ratillo. Que tendréis muchas cosas de que hablar, supongo. - dijo Luis levantándose.
-Claro, que te mueres por fumar, no. Que tenemos mucho de que hablar. Ya ya. - me reí.
-Bueno, eso también. - rió y salió por la puerta.
-Ahora en serio. ¿Qué tal te encuentras? - dije seria.
-Más o menos. A veces bien. Pero cuando me entran los dolores, pues... - dijo
-Ya, te entiendo. - dije acariciándole el pelo. - Anda te han quitado la escayola del brazo derecho. - no me había dado cuenta.
-Sí, aunque en verdad, era solo un vendaje fuerte. En el izquierdo igual, solo que éste no está muy bien del todo y me lo van a dejar un par de días más. Lo mejor de todo es que ya puedo tragar bien, y me dan comida sólida – dijo sonriendo.
-Pues me alegro mucho, campeón. - le froté el hombro.
-Oye, y tú te lo tenías muy calladito eh... - dijo. Me quedé desconcertada.
-¿El que? - me extrañé.
-Pues algo que me ha dicho María, que tienes con una cantante guapisma llamada Malú. - dijo con voz de intelectual. Me reí. - Anda que me lo ibvas a contar, eh. Vale vale. - dijo.
-No me ha dado tiempo, justo hoy acabo de llegar de su casa de pasar un fin de semana con ella, pero te lo iba a contar, sí. - dije.
-Sí, sí. Excusas. - se hizo el ofendido. - Bueno, y ¿Que tál es la jefa? ¿Es una maestra o aprendiz? - otro con la misma preguntita.
-Haber, solo porque sea Malú, ¿Tiene que hacerlo perfecto? - dije
-Bueno, ahora que lo dices …. - hizo una pausa. - ¡Si! - exclamó. Me empecé a partir de risa. En ese momento llegó Luis, se hizo el silencio. - Pero no os calleis, chicos. Que no os voy a comer. - dijo. - Si ya habiamos terminado de hablar – dije. Estuve como hora y medía allí con ellos. Echándome unas risas. De vez en cuando discutían por cosas absurdas, como si tuvieran diez años. Cada vez que hacían eso, me reía a más no poder. Aunque yo también discutía, pero con Luis. Era con el que más, porque él es del Barcelona y yo del Madrid. Rivalidad máxima. Pero en el fondo le quería mucho. Me marché para mi casa, pero al llegar lo ví. Estaba allí otra vez, no podia ser. Iba a entrar en el portal cuando me cojió del brazo. - Claudia, por favor, espera un segundo. Solo te quiero decir una cosa. - dijo. - No sé si te quedó ayer claro. Te lo vuelvo a repetir, no quiero hablar contigo. Y ahora dejame pasar. - se puso en mi camino. - Solo será un minuto de verdad, solo uno. - entrelazó sus dedos y cerró las manos. - Que quieres. - dije seria. - Lo primero, gracias. Y lo segundo que tienes un hermano. - no me lo podría creer. - Tiene ocho años. Él quiere conocerte y yo quiero que lo conozcas. - ¿Un hermano? Pero, ¿Este hombre se creía que tenía 20 años, o qué? Y, ¿Por qué mi mente habla sola? - Dejame pensarlo, y que sepas que si acepto verlo es por él, no por ti. - dije. - Ya, te entiendo. Gracias. - dijo él. - Ah! Un cosa. - me paré en la puerta. - Espero que si tu hijo te dice que es homosexual, no le des la paliza que me pegaste a mí. - cerré la puerta. No sé por qué, pero me sentía muy bien. Sentía una gran liberación al haberlo dicho eso. Subí por las escaleras, estaba feliz. Demasiado feliz, diría yo. Y pensar que mañana iría con Malú a sus sesión de fotos, incrementaba mi felicidad. Llegué a mi casa agotada. Quizás subir 5 plantas casi corriendo, no había sido buena idea. Eran las nueve, así que, me eché en el sofá. Cogí el móvil y le mandé un mensaje.
-¿Cómo está la mujer más guapa de este mundo? - escribí.
-Si buscas a la mujer más guapa, entonces se ha equivocado de persona. - bromeó.
-No, yo no me equivoco en eso, mi amor. Ni en eso, ni en nada que tenga que ver contigo. - dije
-Yo tampoco me equivoqué al elegirte, mi vida. - sonreí como una tonta. - Oye, que se me olvidó decirtelo, mañana te pasa un coche a buscar a las 8 de la mañana.-
-¿Un coche? ¿Para qué? Si yo tengo el mío. - dije
-¿Y qué? Primero pasa a buscarte a tí y luego a mí. -
-Jolín, ni que fuera el Rey, princesa. - reí.
-Sí que lo eres, y tu reino está en mi corazón. - eso me llegó profundamente. Se puso ñoña, y eso me encantaba. - Bueno, me voy marchando que todavía tengo que duchame y tal. Que mañana toca un día duro. Y habrá muchas sorpresas. - dijo.
-¿Qué sorpresa? -
-Aaaaah! Sí te las digo ya no son sorpresa, vida mia. - dijo.
-Jo...no. Eres mala, eh. - puse una carita sacando la lengua.
-Soy demasiado buena. - rió.
-Estás demasiado buena, que es distinto. - dije
-Tonta jajaja. Bueno me voy, y ya sabes que mañana a las 8. Hasta mañana, te quiero mi amor. - se despidió.
-Que sí! Descansa, te quiero, cielo. - lo hice yo también. Me duché, cené y me acosté pensando en qué sorpresas serían esas. Me dormí pensado en lo mismo. A la mañana siguiente, me levanté a las 7. Queria desayunar tranquila, y aprovechar para barrer un poco. A las ocho menos cinco, bajé al portal. Y, justo a las 8, venía un coche. Sería ese seguro, porque la calle a esa hora, estaba totalmente solitaria. Pero, un momento... ese coche ….

Capítulo 10. Como una flor.


Era la voz del hermano de Malú, José. Se puso bien la camiseta y nos levantamos corriendo. - ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado? - dijo ella un poco nerviosa. - He venido, porque teniamos previsto ensayar algunas canciones del nuevo disco, no sé si te acuerdas. Y he entrado, porque tengo llaves, no sé si tampoco te acuerdas. - se quitó sus gafas de sol y soltó la guitarra en el suelo. - Ostias, verdad. El ensayo. - se echó las manos a la cabeza. Yo no sabía que decir. - Bueno, ¿Me la presentas? - dijo con una media sonrisa. - Ah! Sí, ella es Claudia, mi … una... - se trabó un poco. - Dilo mujer. Tu chica. - nos quedamos avergonzadas. - ¿Por qué piensas eso? - dijo sin mirarle. - Venga, hermanita. No soy tonto ni nací ayer. Os he visto, ahí, en la hamaca. Tú sobre ella y … - no se acordaba de mi nombre. - Claudia! Haciendote cosquillas en la barriga. - conocía muy bien a su hermana. - Hola Claudia, soy José. - me dió dos besos. Me puse tremendamente colorada. - Bueno, hablad, ¿No?. ¿Os ha comido la lengua el gato? O, ¿Os la habeis comido vosotras? - nos miró pervesamente. - Idiota. - le dio un puñetazo a su hermano. Me empecé a partir de la risa. - Pero, oye, tú no te rías. - tampoco ella podía aguantarla. - Haber,si me ha echo gracia, igual que a ti. - dije tapandome la boca con la mano. - Uy, uy! Primera crisis. Venga, eso lo solucionais esta noche. - Malú te tiro encima de José y, le empezó a pegar cariñosamente. Parecían dos crios. Verlos revolcados por el suelo, hacía que se me saltara las lágrimas de tanto reime. - Venga, venga. STOP. Después seguís con el segundo round. - los separé. - Hombre, por fin escucho tu voz. - dijo levantándose y colocándose la coleta. Ayudé a mi chica a levantarse del suelo. Que graciosa estaba con los pelos alborotados. - Vamos a sentarnos y me lo contais, anda. - se sentó en una de las sillas que habían en el jardín, alrededor de una mesa. Nos sentamos frente a él. - ¿Contarte que, José? - dije arrascandome el brazo. Siempre que estaba en tensión lo hacía. - Pues lo vuestro, querida cuñada. - sus ojos marrones intensos se clavaron en los mios verdosos, haciendo que me pusiera más nerviosa aún. Malú tragó saliva. Iba a contarlo ella seguramente. - Pues veras, querido hermano. - dijo en un tono irónico. - Tienes razón, Claudia y yo somos pareja. - me cogió de la mano por debajo de la mesa. Se paró unos segundos. - Sigue, sigue. Que eso ya me lo sabía. - dijo él. - No hay nada más que contar, somos pareja, y punto. - no apartaba la vista del hermano. - Y, ¿ Ya está? ¿Como surgió el amor? ¿Cómo os conocisteis, no? - me recordaba a María, era igual de cotilla. - Pues nos conocimos por casualidad en una discoteca, un encuentro casual. Empezamos a hablar, hablar. Pero se tuvo que ir, olvidándose su pañuelo. Todo muy película. - rieron los dos. - Al día siguiente, quedamos para dar una vuelta. Pero no fue una vuelta cualquiera, no. - la miré. - Esa noche la pasé en su casa, porque me dejé las llaves en la mía. Y pasó, lo que llevaba esperando toda mi vida. Besarla. - mientras tanto, Malý y él, me miraban embobados. Los ojos de Malú brillaban como las estrellas en una noche de cielo despejado. - Desde aquel día, me di cuenta que no podía pasar mi vida sin ella, sin sus besos. - José se levantó y empezó a aplaudir y , Malú me daba besos por toda la cara. - Te quiero. - me dijo al oído. Le guiñé un ojo. - Y tú, siéntate ya, “pesao” - dijo cogiéndolo del brazo y sentándolo. - Vaya, hermanita, eh. Anda que eres tonta tú también. - hizo un gesto de complicidad con Malú. Rió orgullosa. - Voy a sacar algo para tomar, mientras. - dijo ella levantándose. - Te acompaño. - dije llendo con ella. Nos fuimos a la cocina. Una vez allí, asaltó mi boca.

-Malú, Malú … - dije riéndome
-Es que hablas tan bonito, que no lo puedo evitar. - saltó a mí. Nos besábamos compulsivamente, con el objetivo de desgastarnos los labios. La senté en una mesa que había allí.
-Tu hermano nos está esperando, amor. - dije en su cuello, ya con la respiración agitada.
-Pues, que espere, que espere. - apretó mi cabeza a su cuello, rodeando sus piernas a mi cuerpo. Haciendo así que nos juntáramos más. El calor empezaba a subir a nosotras. Nuestras manos jugaban por debajo de la camiseta. Nuestras lenguas corrían a toda velocidad, en la boca de la otra.
-Oye, tardáis mucho, eh. - gritó José desde el jardín. - No hagais cosas raras, puercas. - reimos una en la otra.
-Así no se puede, con mi hermano aquí. - rió.
-Me asaltas, te subes a mí, me recorres de arriba a bajo, y ahora, ¿Me dices que no? Vale, vale. - dije haciéndome la ofendida.
-¿No ves que con el loco este no se puede ni respirar? , tonta. - besó dulcemente mi cara. - Ya sabes que si fuera por mí …. - dejó la frase en el aire.
-Si fuera por ti, que … - me acerqué a su boca.
-¿Voy a tener que ir yo para traer unas cervezas? - volvió a gritar.
-Que hermano más “pesao” tengo, y que tú que cuñado, hija mía. - reimos. - Ya va, ya va. - gritó. Cogimos tres cervezas y una bolsa de patatas. Fuimos de nuevo al jardín. El hermano ya había sacado la guitarra y tocaba algunos acordes.
-Ya estamos aquí, cansino. - soltó las bebidas en la mesa, y yo solté la bolsa de patatas.
-Uy! Ustedes estais un poco coloradas, ¿No? - nos miraba con atención. - Y mirad vuestros labios … demasiados rojos, diria yo. - nos pusimos las manos sobre ellos. Él volvió a su guitarra.
-Pero, ¿Qué dices, tonto? - abrió su cerveza.
-Bueno, bueno. Yo lo dejo ahí. - dijo
-¿Qué tocas? - dije cambiando de tema.
-Pues lo que se me va ocurriendo. - cerró los ojos y siguió tocando.
-Cantate algo, hermanita. - me encantaba como la llamaba.
-¿Yo? ¿El qué? - cogió una patata.
-Lo que sea. Venga, venga. - supliqué.

José empezó a tocar el comienzo de “Ahora tú”. Le guiñó el ojo a su hermana y, ella empezó a cantar. “Ahora tú, llegaste a mí, amor. Y sin más cuentos, apuntas directo, en medio del alma” Me miraba mientras cantaba. Haciendo los movimientos, a veces, exagerados que hace en los conciertos. Verla cantar a centímetros de mí, era algo increible. Hizo un gesto para que yo la siguiera, pero negué con la cabeza. A esa le siguió “Así lo haré”, canción que me enamoraba más cada vez que la escuchaba. Y a esa “Búscame”. A lo tonto, a lo tonto, estaba haciendo un mini concierto. Un concierto privado. Llegó la hora de comer, y entre los tres preparamos una gran ensalada, echándole lo primero que encontrábamos. Eso sí, todo sano y saludable. Volvimos al jardin y acompañada con un vino, empezamos a comer. - Hermanita, cuéntale a tu chica, lo que te pasó una vez en El Rinconcillo, venga. - Malú le lanzó una mirada desafiante, y José rompió a reir. - ¿Qué te pasó, mi vida? - la miré sin dejar de comer. - Oh, mi vida. Que “ potito” - dijo José. - Pues haber … - iba a contarlo. - Vino una ola, me arrastró a la orilla y cuando me levanté no tenía la parte de arriba, punto. - dijo a toda velocidad para salir del paso. Nos empezamos a reir a carcajadas José y yo. Casi me atraganto con la ensalada.

-Muy bien, eh. Uno riéndose de su propia hermana y otra riéndose de su chica, que bonito. - bebió un sorbo de vino.
-Sabes que es broma, tonta. - dije limpiandome la boca.

Seguimos con nuestras risas, y sus anécdotas. José era un tío muy extrovertido y gracioso. Se me habían saltado varias veces las lágrimas con sus ocurriencias. Me lo estaba pasando en grande, y me encontraba muy agusto. Era como estar en casa. Malú lo notaba. - Bueno, enamoradas. Yo me marcho, que tengo que hacer cositas y prepararlas. - eran ya las siete, se me había pasado el tiempo volando. - El lunes tengo sesión de fotos, el martes entrevista en la radio, según como me pille te llamo y ensayamos, ¿Vale? - que de trabajo le quedaba por delante. José levantó el dedo gordo hacia arriba. Nos levantamos de la mesa. - Encantado de conocerte, querida cuñada. - me dió un abrazo cariñoso. - Cuidamela, ¿Vale? - me dijo al oido. Asentí en su hombro. Era como yo de alto. - Adiós hermanita, me llamas con lo que sea, ¿Vale? Y que no sea muy tarde, anda. - dijo cogiendo su guitarra. - Adiós, chicas. - Se paró un instante en la puerta - “Como una flor ...” - empezó a cantar. - “Sientes dolor ...” - le seguimos con el movimiento de brazos que hacía siempre al cantarla - “Al deshojarle el corazón, sientes la espina que rompe tu llanto. Si por un beso, pones la vida. ¿Qué importa tu sexo?” - cantamos los tres a la vez. Se marchó riéndose. - Estas muy atareada, ¿No? - le dije mientras nos fuimos al jardin. Nos sentamos de nuevo en la hamaca y de la misma manera. - Sí, ya estamos preparando el disco. Lo hemos empezado a grabar ya, y también estamos programando fechas para los próximos conciertos y tal. - se puso de nuevo las gafas. - Te quería pedir algo. - se arrascó la cabeza. - ¿Quieres venir conmigo el lunes a la sesión de fotos? - me quedé petrificada. - Claro que me gustaría, cariño. - dije. - SIIIII! - alzó las manos para arriba. Me empecé a reir. Me encantaba la idea de acompañar a Malú a su sesión de fotos.

martes, 18 de marzo de 2014

Capitulo 11. Y que pequeña soy.


Llegó el domingo por la mañana y, con él, la hora de marcharme. No quería ni deseaba tener que irme, habiendo encontrado a la mujer de mi vida. Aunque tampoco sería tanto tiempo, puesto que al día siguiente, iba a estar con ella en la sesión de fotos. Me hizo mucha ilusión el saber que quería que fuera con ella al estudio. - Jo, no quiero que te vayas. - se sentó al lado de la maleta, mientras yo la hacía. - Ni yo quiero irme, princesa. Pero mañana tienes un duro trabajo y, tienes que descansar. Además, yo tengo que cuidar de mi casa también. Voy también a aprovechar para ir a ver a mi amigo, haber que tal está. - seguía metiendo las últimas cosas. - No, no te vayas. - se enganchó a mí a modo de koala. - Amor, nos vamos a caer. - dije riéndome y sujetándola. Y así fue, di un paso en falso, cayendo las dos al suelo. Malú se empezó a descojonar. - Oye, que la hostia grande me la he pegado yo, eh. - me frotaba la cintura. Me quedé sentada en el suelo. - Haber, quejica. - puso su mano donde me dolía y, me dio un pequeño masaje. Se paró, echándose en mi hombro. Entrelacé mi mano con la suya. - Este fin de semana a sido mágico para mí. - empezó a jugar con mis pulseras. - Para mí también . - me apoyé en su cabeza. Subió su mirada hasta quedarse frente a la mía. - Cuando estoy contigo me haces sentirme especial, querida...Me haces sentirme la mejor persona del mundo. - junté mis labios a los suyos con delicadeza. Me recordó a aquel día en mi casa, cuando sus labios y los mio se juntaron por primera vez. Otro momento mágico. Cada minuto que pasaba con ella, era sin duda más mágico que el anterior. - Sintiéndolo mucho, tengo que irme, mi amor. - nos levantamos. - Pues cuando te vayas, me iré a un rincón a llorar. - di varias carcajadas. - Anda, tonta. - la abracé con fuerza. - Mañana nos vemos de nuevo, ¿Sí? - le cogí la cara y la separé un poco de mí. Nos fundimos en un abrazo y un bonito beso, antes de que me subiera al coche. - Descansa para mañana, cariño. Te quiero. - dije. - Y yo a ti. - me acarició la cara con dulzura. De camino a casa sonó mi móvil. Puse el manos libres.

-¿Sí? - contesté.
-Hija, que hace varios dias que no sé nada de tí. No te habrá pasado nada, ¿No? - era mi madre. Llevaba varios días sin hablar con ella, normal que se hubiera preocupado.
-No mamá. Estoy bien, solo he pasado el fin de semana en casa de una amiga. Y no he tenido tiempo contigo. - No le podía decir que aquella amiga era mi novia. Y encima, Malú.
-¿Te has enterado de lo de Miguel? - dijo asustada.
-Sí, me enteré. Estuve visitándole hace dos días. Y ahora cuando llegué, iré otra vez para allá. -
-Pero, ¿Dónde estás? Y, ¿Cómo es que no me lo has dicho? - dijo mi madre.
-Mamá te dije que estaba con una amiga. - elevé un poco a la vez. - Y no te lo dije porque me pilló de sopetón, y se me olvidó decírtelo.
-Oye, ¿Y qué amiga es esa? - me estaba empezando a poner nerviosa con tantas preguntas.
-Mamá una amiga, joder. No tengo quince años para que me estes controlando. -
-Bueno, tu sabrás con quien te juntas. ¿Quieres venir mañana a comer? - me preguntó
-¿Eh? ¿Mañana? - era imposible había con Malú para la sesión de fotos. - No puedo mamá, tengo muchas cosas que hacer.
-Haz un pocder, que viene el hijo de tu primo y quiere verte, pobrecito. - dijo con voz de pena.
-Mamá, no puedo, de verdad. Si me da tiempo, voy a tomarme un café, pero no te aseguro nada. - seguramente no iría, pero no se le puede decir un “no” rotundo a una madre.
-Vale, hija. ¿Has llegado ya a tu casa? -
-Estoy llegando. Si puedo ir te aviso, ¿Vale?. - no me gustaba hablar por el móvil cuando conducía.
-Venga, ten cuidado. Un besito. - se despidió. 
-Ciao. Un beso. - colgué.

Llegué a mi barrio y, vi a María y unas amigas en el bar de enfrente de mi casa. Decidí que sería buena idea tomar algo con ellas. Lo deseaba. Hacía unos días que no las veía. - Buenas chicas. - se sorprendieron al verme. “Hombre, Claudia” “Claudia, cariño. Por fin te dejas ver”. Y demás saludos que me dijeron al verme aparecer por la puerta. - Pero mira, quien está aquí. - era María. Parecían que llevaban tres meses sin verme. Y hacía escasamente cuatro o cinco días que nos vimos, celebrando mi cumpleaños. Me dio un gran abrazo. - ¿Estarás agotada, no? - me dijo al oído riéndose. Yo me reí también. - Capulla. - la separé de mí entre risas. Me senté con ellas, en la misma mesa en que estaban sentadas. - Cerveza,¿ No, Claudia? - dijo Lucía, una amiga del barrio. Asentí. - Bueno y, ¿Dónde te has metido estos días? Que no te hemos visto el pelo. - era Carmen. Una chavala de media altura, rubilla y de ojos azules intensos. Habiamos crecido juntas. - Pues he estado un poco liada y, en casa de unos familiares. - mentí. No se me daba muy bien mentir. Me empezaron a sudar las manos. - Sí, si. Liada seguro. - dijo María. Le pegué una patada por de la mesa. Puso una cara de dolor mientras se la arrascaba. Pasamos un rato muy agradable, todas juntas. Riéndonos de anécdotas y contando algún que otro cotilleo. De repente, mi cara se quedó blanca. Mi mirada se clavaba en alguien. Alguien que no veía desde hacía tiempo. Alguien con quien había pasado los peores años de mi vida. Alguien a quien guardaba tanto rencor, que ni yo creía que fuera capaz de tenerlo. Era mi padre. ¿Qué hacía allí?

-Chicas, yo me voy a ir llendo, lo siento. - dije levantándome.
-¿Estás bien, Claudia? - dijo María cogiendome del brazo.
-Sí, si. Solo es que tengo un poco de prisa. Me he acordado de que tengo cosas que hacer – volví a mentir. La única cosa que tenía que hacer era, salir de allí.
-¿Quieres que te acompañe? - volvió a preguntar.
-No,no. Gracias. Nos vemos chicas. - me despedí de cada una de ellas y, salí de allí. Al salir, noté como alguien tiraba de mi brazo. - Hija. - era él. Mi padre.
-¿Cómo te atreves a llamarme así? - me solté bruscamente. Sin mirarle. Andé de nuevo, cuando me volvió a parar.
-Espera, por favor, quiero hablar contigo. - dijo colocandose al lado mía.
-Yo no tengo nada que hablar contigo. Todo lo que tenía que decir, te lo dije en su día, en el juicio. Ahora, olvídate de mí y dejame pasar. - dije
-Pero soy tu padre, Claudia. - imterrumpió mi camino, poniéndose delante.
-Yo no tengo padre. - lo aparté para un lado y proseguí hasta llegas a mi casa. No me dijo nada más. Al llegar a mi casa, me apoyé en la puerta y me dejé resbalar. Hasta quedar sentada. Empecé a llorar al recordar los momentos más duros de mi infancia. Mi padre hizo de mi infancia, un infierno. Un largo camino de dolor, del cual, no veía el día en que ,por fin, encontrara el final. De mis ojos empezaron a salir más y más lágrimas, al recordar una de las escenas más duras que había vivido. Mi padre pegando a mi madre. Él tenía serios problemas con la bebida. Cada vez que bebía se volvía loco, según él, todo se volvía en su contra. Ese mismo día, traía unas copas de más. Cuando la llave entraba en la cerradura, mi cuerpo temblaba. Entró en mi casa y, se hizo el silencio. Llegó la tristeza. - ¿Por qué os callais cada vez que llego? - soltó las llaves en la mesa del pasillo. - Estábamos calladas de antes, Paco. - dijo mi madre, que estaba en la cocina. - Sí , ya. Calladas. - dijo. - Me ha llamado tu tutor, Claudia. - se acercó a mí. - Otro examen suspenso, ya van 4. - elevó la voz. Yo miraba para el suelo. - Mírame cuando te hablo. - dijo gritando. Al escuchar los gritos, vinó mi madre al salón. - Paco, no estás en condiciones para hablar de ese tema. Mañana tranquilamente, lo hablais. - lo cogió del brazo. - ¿Cómo que no estoy en condiciones? ¿Qué me estas llamando borracho? - se volvió hacia mi madre. Ella se calló. - ¿Qué si me estás llamando borracho? - la cogió fuertemente del brazo. - No, Paco, no. Y suéltame, que me haces daño – se liberó de él en un movimento brusco. Le dio una bofetada que la tiró al suelo. Me quedé inmóvil. - A mí no hables así – dijo golpeándola. “Para, para” decía llorando mi madre.Paró y se volvió a machar, pegandole porrazos a todo lo que se hallaba en su paso. Me acerqué a mi madre llorando y me puse de rodillas frente a ella. Puse su cabeza en mis piernas. Tenía varios moratones y sangre en el labio. La ayudé a incorporarse. Se quejaba. Le senté en el sofá y me quedé a la altura de sus piernas. No dijimos nada. Pero eso no acabá ahí. Otro momento que quedará marcado para siempre. Fue a los 16, cuando le dije a mis padre que me gustaban las mujeres. Al decirlo, mi padre empezó a dar voces por toda la casa. Maldiciendo todo. Me levanté y me fui a mi cuarto. Pero me cogió de la chaqueta …. - ¿Donde vas tu? - dijo quitandose el cinturon. No creía que fuera cierto lo que iba a hacer. Me empezó a dar con él en la espalda. A pesar de caerme al suelo, no paró. - Paco, Paco. - gritó mi madre viniendo hacia él y poniendose delante. - Pero, ¿Qué haces? Que es tu hija. - dijo llorando. - Yo no tengo hija. - se colocó el cinturón y se fue. Mi madre levantó mi camiseta, para ver como estaba. Rompió a llorar más aún, al verla. La tenía llena de arañazos y moratones, a causa de los golpes. Lo había pasado verdaderamente mal. A día de hoy, me sigue quedando una cicatriz en el costado derecho. Me levanté de donde estaba sentada, fui al baño. Me miré al espejo y me volví a derrumbar. En esos momentos me sentía como la persona más vulnerable del mundo. La más pequeña.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Capítulo 9. Días de sol.


Amaneció y, allí seguiamos. De la misma forma en la que nos habiamos quedado dormidas. Yo me despertó primera, pero no la desperté. Quería seguir comtemplando aquella preciosidad que dormía sobre mí. Puse mi brazo izquierdo sobre su brazo, que descansaba en mi vientre. Con la mano derecha, empecé a jugar con su pelo, mientras que con la izquierda, recorría su brazo, desde el hombro hasta el dedo meñique. Aprendiéndome cada poro de su piel. Podría pasarme así toda mi vida. Una pequeña sonrisa se dibujó en su cara. Se estaba despertando. - Buenos días, princesa. - dije sin dejar de acariciarle. - Buenos días, mi amor. - dijo acercandose más a mí y poniendo su rostro en mi cuello. - Me haces cosquillas al respirar. - encogí mi cuello. Se rió, pero sin apartar su cara de mi punto débil. - ¿Has dormido bien? - dije. - No he dormido más bien en toda mi vida. - me encantaba la voz que tenía la voz recién levantada. - Por cierto, ¿Qué hora es? - se restregaba los ojos. Miré el reloj que tenía en el salón. - Pues son las nueve. - me restregué los mios también. - Ya va siendo hora de levantarse, ¿No? - dije incorporandose, mientras que con la mirada buscaba algo. - ¿Qué buscas? - aproveché que estaba sentada para acariciarle la espalda. Me detuve en el tatuaje de la nuca. Recorriendo con mi dedo cada letra. “ El mayor desafío de la vida es vivir”. Esa frase me llevaba acompañando media vida, igual que su música. - Pues, busco ...esto... - seguía buscando – Mis bragas. - empezó a reirse. - ¿Quien sabe? Entre tanta ropa. - me puse a su lado y besé su hombro. - JÁ! -pegué un salto. - Aquí estas, condenada – empecé a reirme a carcajadas. Se puso su ropa interior y se levantó. - “Y al final, nuestra ropa quedó desordenada...” - cantó mientras se recogía el pelo en un moño. - Tu amiga “martini”, eh – rió ante el sobrenombre que le puse a Vanesa. Me puse mi ropa interior y me fui a la ventana. - Que día más bonito hace, tan soleado – vino hacía a mí y me agarró por la cintura. - “Días de sol, días de luz...” - empezó a cantar con la boca pegada a mi espalda. - “De amaneceres teñidos de azul...”- la seguí. - “ Dias de sol, DIAS QUE SE IRÁN ...”- exageró esa última frase. - ¿Siempre te levantas así? - reí. - ¿Contigo? No. Ójala. - puso una voz infantil. - Digo de cantarina, boba. - su contestación me había llegado. - Ah! No, o sí. No sé, según por lo que me dé. - reimos. - Bueno, amor, yo me voy a la ducha, ¿Vale? - cogió del suelo su pijama. - Muy bien, yo voy preparando el desayuno. - me acabé de vestir. - La cocina está a mitad del pasillo a la izquierda. - me indicó con el dedo. Se fue a ducharse y yo a la cocina. Era también enorme, como su habitación. Preparé tostadas, zumo, café y dos piezas de fruta. Mientras que ella seguía en la ducha, aproveché para coger el móvil. Tenía un mensaje de María. “ Hola, guarri. ¿Qué tal? Desde que estas con tu Malú no te acuerdas de nadie, eh. Jajaja. Miguel se está recuperando muy bien. Cuando puedas, pásate a verle ¿Vale? Que ha preguntado por tí. Un beso, fea”

-Buenos días, marrana. - escribí. Siempre nos hablábamos así de bien.
-Hombre, la desaparecida. - rió. - Por fin aparaces, ¿Donde te metes? -
-Pues, estoy en casa de Malú. Me ha invitado a su casa a pasar el fin de semana. - puse una carita sonriente.
-Vaya, eh. Bueno, ¿Que tal? ¿Es una verdadera jefa? ….Ya habeis ….. - esos puntos suspensivos me daban miedo.
-Ya hemos, que... - contesté
-Esto... ejem ejem. Juntado vuestros cuerpos. - se puso poética y ,a la vez, cotilla.
-Jajajaja – no respondí. - ¿Qué tal está Miguel? - cambié de tema.
 -Me lo tomaré como un sí. - junto con una carita de esas sacando la lengua. - Pues mejor, ya le han quitado los cables. Afortunadamente, no le van a quedar secuelas, solo las marcas de las heridas.
-Buf! Menos mal. El lunes voy a visitarle. - había empezado mis vacaciones de verano. - Bueno, te dejo que viene mi princesa. Un beso, mongola. -
-Pasatelo bien, y no la agotes mucho, eh – puso una cara con una mirada pervertida. - Un beso, cerdi.

La ví bajar por las escaleras, que conectaban la primera planta con la segunda y, viceversa. Se estaba acabando de secar el pelo con la toalla. Estaba tan sexy con el pelo mojado. Sus pantalones cortos y la camiseta, que dejaba ver su hombro derecho, me dejaba sin respiración. Dejó la toalla abierta en una silla, y se sentó a mi lado. - Guau! Pedazo desayuno. - dijo bensandome en la cara. - Un gran desayuno, para una gran mujer. - se sonrojó y cogió su taza de café. Empezamos a devorar el desayuno. Primeramente las tostadas con el café y ,por último, la fruta con el zumo. - Estoy llena. - se desabrochó el botón del pantalón. - Para comer, una ensaladita, eh. - se echó para detrás. Me reí. - Bueno, toca mi hora de baño – cogí la bandeja con los vasos y el plato vacío. - Deja eso ahí. - me la quitó de las manos. - Ya lo recojo yo. - se levantó. - A sus ordenes, mi capitana. - hice el gesto de los soldados y me dirigí para la planta de arriba. Cogí ropa limpia, y me metí en el baño. Deposité mi pijama junto al de Malú. Me quedé mirándolos. Una sonrisa iluminó mi rostro. Mientras me duchaba, repasaba aquella expléndida noche, en la que Malú y yo, nos entregamos por primera vez. Tenía una extraña manía, y era, que antes de dormir o en la ducha, me liaba a pensar en lo vivido el dia anterior. Repasaba cada instante. La ducha me había sentado de maravilla. Salí super relajada. Me vestí de la misma forma que ella, solo que a mí no se me veía el hombro. Bajé las escaleras y no estaba allí. Miré a mi alrededor, y ví que la cristalera que daba al jardín,estaba abierta. Fui para allá, y ahí la ví. En la hamaca que había en ese inmenso jardín.

-Cariño, ¿Dónde dejo la toalla? - dije desde lejos.
-Donde quieras. - levantó las rayban para verme. Entonces la dejé en la silla de al lado de la suya.
-Que cómoda, ¿No? - me acerqué a ella.
-Si tú te echas, mejor que mejor. - se sentó. Nos pusimos como la noche anterior en la sofá. Ella sentada entre mis piernas. Las dos echadas para detrás. El olor de su pelo me cegaba. Nos quedamos calladas durante un tiempo. Escuchando el cantar de los pájaros, el sonido del viento en los árboles. Una pequeña brisa rozaba nuestra piel. Que paz se respiraba. Levanté su camiseta y empecé a acariciarle el vientre. Pero de repente, una voz, rompió aquella tranquilidad.
-Hermanita ….

martes, 11 de marzo de 2014

Capítulo 8. Aprendiz.

Estaba igual de nerviosa que la primera vez que iba a quedar con ella. Que tonta podría llegar a ser a veces. Había un poco de tráfico. Que oportuno. Temía llegar tarde a recoger a Malú, eran ya las siete menos cuarto y ella llegaba a las siete. Empezaron los primeros pitidos en la calle. Le gente se empezaba a impacientarse y yo cada vez me ponía más nerviosa. Pregunté al coche de al lado mía el por qué de aquella retención y, por lo visto era porque un coche había volcado y estaban esperando a la grúa. El conductor salió por su propio pie, solo tenía algunos rasguños sin importancia. Según me dijo. Cogí el móvil y le mande un mensaje a Malú. “ Si has llegado y yo todavía no estoy, espérame. Que un coche ha volcado en la calle y hay un poco de tráfico. Llegaré lo antes posible. Te quiero”. A los dos minutos me respondió. “Vale, no pasa nada. Yo acabo de llegar ahora mismo, me tomaré algo en la cafetería. Tranquila que no me voy sin ti. Un beso. Te quiero”. Solo con ese mensaje se me iluminó la cara por completo. Me daba apuro que estuviera allí sola. No me gustaba hacer esperar a nadie, era siempre muy puntual. Extremadamente puntual diría yo. Abrieron, por fin, el tráfico. Cogí un pequeño atajo y me puse rumbo a la estación. Tardaría aproximadamente 10 minutos, pero a mi me parecía un mundo. Llegué y aparqué donde pude. Había muchos coches, ya que, era viernes, y la gente aprovechaba para venir a la ciudad. Entré al recinto y la busqué con la mirada. Allí estaba, sentada en una cafetería tomando una coca-cola. Llevaba unas gafas de sol y el pelo en la cara para que no la reconociesen. No sé como pude hacerlo, pero la reconocí.

-¿Le importaría que me sentará con usted, señorita?. - dije con una voz de interesante.
 -Claro que no, tiene usted vía libre. - se reía mientras lo decía. Me senté a su lado.
-¿Y tengo también vía libre para besarla? - dije mirándole a los labios. Se mordió el labio inferior y bajo la mirada. Ahora entiendo. Estabamos en un lugar público. Que cabeza la mía.
-Bueno, ¿Quieres algo?. - se terminó la bebida.
-No, no. Gracias. ¿Nos vamos? - dije sacando la cartera.
-¿Qué haces? - me miró extrañada.
-Invitarte. Todavía te debo una cena. Recuerda. - se quedó mirándome sonriente, mientras yo pagaba al camarero.

Llegamos al coche, cogí su maleta y la guardé en el maletero. Se subió antes que yo. Seguidamente entré yo, y me puse el cinturón. - Póntelo, anda. - le dije. Al oir esto, desabrochó el mio y se tiró sobre mí. - Sí – me quedé desconcertada. - ¿Sí qué, mi vida? - clave mi mirada en la suya. - Que si tienes via libre para besarme. - y así lo hice. Nos fundimos en un largo beso, lleno de pasión. Todos los besos que me estaba guardando durante estos dos días, se los estaba devolviendo. Sus manos jugaban libremente por mi pelo, mientras que las mias se perdían en su espalda. El simple echo que su lengua buscara a la mia, me enloquecía. Metió sus manos por debajo de mi camiseta, empezando a tocar mi abdomen. Bajó hasta mi cuello. Me estaba empezando a poner mala. - Cariño, sabes que no es el momento ni el lugar. - dije incorporándola. - Ya, ya lo sé. - me acarició la cara. Se quedó mirándome unos segundos, y me dio un ligero beso. Volvió a sentarse en su asiento y se abrochó el cinturón. Abroche también el mio. Miré unos instantes para delante y suspiré. Aprovechando así para que mi respiración volviera a estar estable. - ¿Qué te pasa? - preguntó. - Que me vuelves loca. - me puse roja al decirlo. - Que mona eres. - me besó en la cara. En el camino a mi casa, le pregunté que tal le había ido en México. Me contó lo duro que había sido el rodaje, ya que, la lluvia les pilló de imprevisto y tuvieron que rodar el videoclip en un solo día. 18 horas de grabación. 18 horas de duro e intenso rodaje. Después, me preguntó ella como estaba mi amigo y cómo había ocurrido todo. Le conté lo que me dijo María al llamarme para contarme lo de Miguel. Le conté también desde cuando eramos amigos María, Miguel y yo. Se sorpendió bastante al decirle que llevábamos toda la vida juntos. Llegamos a mi casa, y mientras que yo cogía ropa para pasar el fin de semana en Majadahonda, ella se limitaba a ver cada una de las fotos que tenía en el salón. - Ya estoy. - dije con una pequeña maleta. - Pues vámonos. - dijo abriéndome la puerta. Cerré y bajamos hasta el coche. Majadahonda estaba a media hora de la ciudad. Me iba indicando por donde tenía que tirar. Al llegar a su casa, me quedé sorpendida, con la boc abierta. - En bocas cerradas no entran moscas, amor. - dijo cerrándomela. Tenía un jardín inmenso, donde había unas cuentas hamacas. En el jardín interior se encontraba una amplia piscina, cubierta por un forro, para evitar que entrará la suciedad. Al entrar había mucho silencio en la casa. Un silencio que me estrañó. - ¿ Y el zoológico? - dije riendome. - Si con la palabra zoológico te refieres a mis hijos, Danka, Ruma, Lola y Chanelo, se lo dejé a Vero, para que nadie nos molestara. - me agarró cariñosamente la cintura. Era más bajita que yo, cosa que me gustaba.
-¿Te apetece un bañito? - preguntó.
-¿En la piscina? - asintió ante mi respuesta. - Mi amor, son casi las nueve de la noche y no me he traido bikini. -
-¿Y qué? Todavía queda al menos una hora de luz y, por el bikini no te preocupes. Yo te dejo uno. Tendremos la misma talla.
-Me voy a poner un bikini de la gran Malú. Uh! Que morbo. - la miré con una sonrisa perversa.
-Que tonta eres, hija. - se estaba partiendo el culo ella sola. - Acompáñame, anda. Que te lo doy y deshaces la maleta. Igual que yo haré con la mía. - La acompañé a su habitación, la cual estaba en la segunda planta. Mientras que ella buscaba un bikini para mí, yo deshacía la maleta y ponía la ropa en el armario al lado del suyo. Todo era enorme en su cuarto. Una enorme cama, un enorme armario, un enorme vestidor, un enorme baño. Justamente al fijarme en el baño, salió ella. Ya se había puesto el bikini. Dejando ver su piercing en el ombligo y los tatuajes en los pies.
-¿Tienes un babero por ahí? - dije sin apartar la mirada de aquel monumento que tenía por cuerpo.
-Anda, toma el bikini y póntelo, mientras que yo voy deshaciendo mi maleta. - con cada paso que andaba hacía que mis sentido se colapsaran. Lo cogí y me metí en el baño. Al salir, todavía estaba colocando su ropa en el armario.
-Mi amor, se ha echo de noche ya. - dije mirando por la ventana.
-Mejor, un baño a la luz de las estrellas. - se acercó a mí y me beso dulcemente los labios,

Cogimos la toallas y bajamos a la piscina. Había mucho silencio y, los únicos acompañante que teniamos eran las estrellas. Malú quitó el forro y encendió las luces internas de la piscina. Parecía que estaba viviendo un sueño. Aún no me podía creer que me fuera a bañar con Malú. Me quedé observando detenidamente el recorrido de las gotas de agua que caían por su espalda mientras se duchaba. No entendía como un ser humana podría ser tan perfecto. - Venga, te toca. - cerró el grifo y se tiró de cabeza a la piscina. - ¿Está fría? - pregunté mientras me duchaba. - Está perfecta. - dijo quitándose el agua de los ojos. - Como tu entonces, ¿No? - no contestó. Me tiŕe yo también de cabeza y buceé hasta ella. Haciéndole una pedorreta en la barriga. Se enconjió de la impresión y tiró de mi cabeza hacia arriba. - Eres preciosa. - la besé timidamente en los labios. Pegó un salto y se subió a mí. Quedando con las piernas enredadas en mi cintura. Me puse a dar vueltas sobre mí por la piscina, a ritmo de un vals. Pero en esta ocasión no había otra música que el sonido de nuestros besos.
-Para,anda,que me estoy mareando. - dijo entre risas.
-Sí, es mejor que pare – me reí y apoyé mi espalda en la pared de la piscina.
-Tenía ganas de estar así contigo, a solas. - dijo en mis labios.
-Yo también, mi amor. - me abrazó. Empezó a tiritar. - Oye, que estás tiritando. Vamos a salirnos, anda. Que ya tengo los dedos que parecen garbanzos. - reimos las dos.
-Sí, vamos a salirnos ya. Que me muero de frió. -
-Espérate aquí, que voy a por las toallas. - me zambullí y me salí de la piscina. Cogí las toallas, me puse la mía por encima. Y llamé a Malú para que viniera. Nada más salír, la envolví en ella y la atraje hacía mí. Nos quedaamos abrazadas una vez más, compartiendo el calor. - ¿Estás ya mejor?. - le besé en el pelo. Asintió varias veces. Nos secamos un poco y fuimos para dentro. Era verano, pero por la noche refrescaba.

Nos pusimos el pijama y nos sentamos en el sofá con una manta. A Malú se le había cortado el cuerpo tras salir de la piscina. Se sentó entre mis piernas, pegando su espalda a mi pecho. Yo tenía mis brazos rodeando su cintura. Puso una película, que según ella, le encantaba: Dirty Dancing. Se sabía los diálogos de principio a fin. De repente, paró la película y apagó la televisión. - ¿Por qué la quitas ca...- no me dio tiempo a acabar la frase cuando ya estaba vuelta a mí. Fundiendo sus labios con los mios. - Me tienes que enseñar, porque no sé como se hace ...- dijo timidamente. - Dejate llevar. - dije besando su barbilla. - Seré tu aprendiz, entonces. - rió. - Cariño, no tienes por qué hacerlo, si no quieres. - la miré a los ojos. - No hay cosas que deseé más en este momento. - volvió a fijar sus labios a los mios. Estaba claro que queria algo más que besos y caricias, no sé por qué se lo dije. Nos quitamos la ropa lentamente, sintiendo cada paso que dábamos, no teniamos prisa. Queriamos disfrutar de ese momento al máximo. Me tumbé sobre ella, juntado, por completo, su cuerpo con el mio. Recorrí con mis labios cada rincón de su cuerpo, saboreando cada parte de su ser. Los movimientos que hacía a cada beso que le daba, me hacía delirar. Estaba en el paraiso. Me dió la vuelta y se puso, ahora ella, sobre mí. Jugó con sus manos con cada parte de mi piel. Nos perdimos la una en la otra, haciendo estremecer las paredes de aquella habitación con nuestros gemidos. Acabamos con la respiración entre cortada, casi sin poder articular palabra. - Pues para no tener ni idea, lo haces muy bien, eh. - bromeé. Se echo en mi hombro, pasando su brazo por mi vientre. - Nunca he sentido con nadie, esto que he sentido cuando hemos echo el amor. - besó mi hombro. - Será porque no lo has echo nunca con una mujer, cariño. - reí. - Puede, pero influye más aún el que me esté enamorando de ti a pasos agigantados. - me brillaron los ojos. - Te quiero, princesa. - le dije al oído. - Te quiero, mi amor. - Estuve acariándole el pelo hasta que el sueño pudo con ella. No tardó mucho, ya que, estos días habían sido intensos para ella. Al rato, me dormí yo también. Quedando mi mano enredada en su pelo y, su brazo perdido por mi vientre.