Estaba igual de nerviosa que la primera
vez que iba a quedar con ella. Que tonta podría llegar a ser a
veces. Había un poco de tráfico. Que oportuno. Temía llegar tarde
a recoger a Malú, eran ya las siete menos cuarto y ella llegaba a
las siete. Empezaron los primeros pitidos en la calle. Le gente se
empezaba a impacientarse y yo cada vez me ponía más nerviosa.
Pregunté al coche de al lado mía el por qué de aquella retención
y, por lo visto era porque un coche había volcado y estaban
esperando a la grúa. El conductor salió por su propio pie, solo
tenía algunos rasguños sin importancia. Según me dijo. Cogí el
móvil y le mande un mensaje a Malú. “ Si has llegado y yo todavía
no estoy, espérame. Que un coche ha volcado en la calle y hay un
poco de tráfico. Llegaré lo antes posible. Te quiero”. A los dos
minutos me respondió. “Vale, no pasa nada. Yo acabo de llegar
ahora mismo, me tomaré algo en la cafetería. Tranquila que no me voy
sin ti. Un beso. Te quiero”. Solo con ese mensaje se me iluminó la
cara por completo. Me daba apuro que estuviera allí sola. No me
gustaba hacer esperar a nadie, era siempre muy puntual.
Extremadamente puntual diría yo. Abrieron, por fin, el tráfico.
Cogí un pequeño atajo y me puse rumbo a la estación. Tardaría
aproximadamente 10 minutos, pero a mi me parecía un mundo. Llegué y
aparqué donde pude. Había muchos coches, ya que, era viernes, y la
gente aprovechaba para venir a la ciudad. Entré al recinto y la
busqué con la mirada. Allí estaba, sentada en una cafetería
tomando una coca-cola. Llevaba unas gafas de sol y el pelo en la cara
para que no la reconociesen. No sé como pude hacerlo, pero la
reconocí.
-¿Le importaría que me sentará
con usted, señorita?. - dije con una voz de interesante.
-Claro que no, tiene usted vía
libre. - se reía mientras lo decía. Me senté a su lado.-¿Y tengo también vía libre para besarla? - dije mirándole a los labios. Se mordió el labio inferior y bajo la mirada. Ahora entiendo. Estabamos en un lugar público. Que cabeza la mía.
-Bueno, ¿Quieres algo?. - se terminó la bebida.
-No, no. Gracias. ¿Nos vamos? - dije sacando la cartera.
-¿Qué haces? - me miró extrañada.
-Invitarte. Todavía te debo una cena. Recuerda. - se quedó mirándome sonriente, mientras yo pagaba al camarero.
Llegamos al coche, cogí su maleta y la
guardé en el maletero. Se subió antes que yo. Seguidamente entré
yo, y me puse el cinturón. - Póntelo, anda. - le dije. Al oir esto,
desabrochó el mio y se tiró sobre mí. - Sí – me quedé
desconcertada. - ¿Sí qué, mi vida? - clave mi mirada en la suya. -
Que si tienes via libre para besarme. - y así lo hice. Nos fundimos
en un largo beso, lleno de pasión. Todos los besos que me estaba
guardando durante estos dos días, se los estaba devolviendo. Sus
manos jugaban libremente por mi pelo, mientras que las mias se
perdían en su espalda. El simple echo que su lengua buscara a la
mia, me enloquecía. Metió sus manos por debajo de mi camiseta,
empezando a tocar mi abdomen. Bajó hasta mi cuello. Me estaba
empezando a poner mala. - Cariño, sabes que no es el momento ni el
lugar. - dije incorporándola. - Ya, ya lo sé. - me acarició la
cara. Se quedó mirándome unos segundos, y me dio un ligero beso.
Volvió a sentarse en su asiento y se abrochó el cinturón. Abroche
también el mio. Miré unos instantes para delante y suspiré.
Aprovechando así para que mi respiración volviera a estar estable.
- ¿Qué te pasa? - preguntó. - Que me vuelves loca. - me puse roja
al decirlo. - Que mona eres. - me besó en la cara. En el camino a mi
casa, le pregunté que tal le había ido en México. Me contó lo
duro que había sido el rodaje, ya que, la lluvia les pilló de
imprevisto y tuvieron que rodar el videoclip en un solo día. 18
horas de grabación. 18 horas de duro e intenso rodaje. Después, me
preguntó ella como estaba mi amigo y cómo había ocurrido todo. Le
conté lo que me dijo María al llamarme para contarme lo de Miguel.
Le conté también desde cuando eramos amigos María, Miguel y yo. Se
sorpendió bastante al decirle que llevábamos toda la vida juntos.
Llegamos a mi casa, y mientras que yo cogía ropa para pasar el fin
de semana en Majadahonda, ella se limitaba a ver cada una de las
fotos que tenía en el salón. - Ya estoy. - dije con una pequeña
maleta. - Pues vámonos. - dijo abriéndome la puerta. Cerré y
bajamos hasta el coche. Majadahonda estaba a media hora de la ciudad.
Me iba indicando por donde tenía que tirar. Al llegar a su casa, me
quedé sorpendida, con la boc abierta. - En bocas cerradas no entran
moscas, amor. - dijo cerrándomela. Tenía un jardín inmenso, donde
había unas cuentas hamacas. En el jardín interior se encontraba una
amplia piscina, cubierta por un forro, para evitar que entrará la
suciedad. Al entrar había mucho silencio en la casa. Un silencio que
me estrañó. - ¿ Y el zoológico? - dije riendome. - Si con la
palabra zoológico te refieres a mis hijos, Danka, Ruma, Lola y
Chanelo, se lo dejé a Vero, para que nadie nos molestara. - me
agarró cariñosamente la cintura. Era más bajita que yo, cosa que
me gustaba.
-¿Te apetece un bañito? -
preguntó.
-¿En la piscina? - asintió ante
mi respuesta. - Mi amor, son casi las nueve de la noche y no me he
traido bikini. --¿Y qué? Todavía queda al menos una hora de luz y, por el bikini no te preocupes. Yo te dejo uno. Tendremos la misma talla.
-Me voy a poner un bikini de la gran Malú. Uh! Que morbo. - la miré con una sonrisa perversa.
-Que tonta eres, hija. - se estaba partiendo el culo ella sola. - Acompáñame, anda. Que te lo doy y deshaces la maleta. Igual que yo haré con la mía. - La acompañé a su habitación, la cual estaba en la segunda planta. Mientras que ella buscaba un bikini para mí, yo deshacía la maleta y ponía la ropa en el armario al lado del suyo. Todo era enorme en su cuarto. Una enorme cama, un enorme armario, un enorme vestidor, un enorme baño. Justamente al fijarme en el baño, salió ella. Ya se había puesto el bikini. Dejando ver su piercing en el ombligo y los tatuajes en los pies.
-¿Tienes un babero por ahí? - dije sin apartar la mirada de aquel monumento que tenía por cuerpo.
-Anda, toma el bikini y póntelo, mientras que yo voy deshaciendo mi maleta. - con cada paso que andaba hacía que mis sentido se colapsaran. Lo cogí y me metí en el baño. Al salir, todavía estaba colocando su ropa en el armario.
-Mi amor, se ha echo de noche ya. - dije mirando por la ventana.
-Mejor, un baño a la luz de las estrellas. - se acercó a mí y me beso dulcemente los labios,
Cogimos la toallas y bajamos a la
piscina. Había mucho silencio y, los únicos acompañante que
teniamos eran las estrellas. Malú quitó el forro y encendió las
luces internas de la piscina. Parecía que estaba viviendo un sueño.
Aún no me podía creer que me fuera a bañar con Malú. Me quedé
observando detenidamente el recorrido de las gotas de agua que caían
por su espalda mientras se duchaba. No entendía como un ser humana
podría ser tan perfecto. - Venga, te toca. - cerró el grifo y se
tiró de cabeza a la piscina. - ¿Está fría? - pregunté mientras
me duchaba. - Está perfecta. - dijo quitándose el agua de los ojos.
- Como tu entonces, ¿No? - no contestó. Me tiŕe yo también de
cabeza y buceé hasta ella. Haciéndole una pedorreta en la barriga.
Se enconjió de la impresión y tiró de mi cabeza hacia arriba. -
Eres preciosa. - la besé timidamente en los labios. Pegó un salto y
se subió a mí. Quedando con las piernas enredadas en mi cintura. Me
puse a dar vueltas sobre mí por la piscina, a ritmo de un vals. Pero
en esta ocasión no había otra música que el sonido de nuestros
besos.
-Para,anda,que me estoy mareando. -
dijo entre risas.
-Sí, es mejor que pare – me reí
y apoyé mi espalda en la pared de la piscina.-Tenía ganas de estar así contigo, a solas. - dijo en mis labios.
-Yo también, mi amor. - me abrazó. Empezó a tiritar. - Oye, que estás tiritando. Vamos a salirnos, anda. Que ya tengo los dedos que parecen garbanzos. - reimos las dos.
-Sí, vamos a salirnos ya. Que me muero de frió. -
-Espérate aquí, que voy a por las toallas. - me zambullí y me salí de la piscina. Cogí las toallas, me puse la mía por encima. Y llamé a Malú para que viniera. Nada más salír, la envolví en ella y la atraje hacía mí. Nos quedaamos abrazadas una vez más, compartiendo el calor. - ¿Estás ya mejor?. - le besé en el pelo. Asintió varias veces. Nos secamos un poco y fuimos para dentro. Era verano, pero por la noche refrescaba.
Nos pusimos el pijama y nos sentamos en
el sofá con una manta. A Malú se le había cortado el cuerpo tras
salir de la piscina. Se sentó entre mis piernas, pegando su espalda
a mi pecho. Yo tenía mis brazos rodeando su cintura. Puso una
película, que según ella, le encantaba: Dirty Dancing. Se sabía
los diálogos de principio a fin. De repente, paró la película y
apagó la televisión. - ¿Por qué la quitas ca...- no me dio tiempo
a acabar la frase cuando ya estaba vuelta a mí. Fundiendo sus labios
con los mios. - Me tienes que enseñar, porque no sé como se hace
...- dijo timidamente. - Dejate llevar. - dije besando su barbilla. -
Seré tu aprendiz, entonces. - rió. - Cariño, no tienes por qué
hacerlo, si no quieres. - la miré a los ojos. - No hay cosas que
deseé más en este momento. - volvió a fijar sus labios a los mios.
Estaba claro que queria algo más que besos y caricias, no sé por
qué se lo dije. Nos quitamos la ropa lentamente, sintiendo cada paso
que dábamos, no teniamos prisa. Queriamos disfrutar de ese momento
al máximo. Me tumbé sobre ella, juntado, por completo, su cuerpo
con el mio. Recorrí con mis labios cada rincón de su cuerpo,
saboreando cada parte de su ser. Los movimientos que hacía a cada
beso que le daba, me hacía delirar. Estaba en el paraiso. Me dió la
vuelta y se puso, ahora ella, sobre mí. Jugó con sus manos con cada
parte de mi piel. Nos perdimos la una en la otra, haciendo estremecer
las paredes de aquella habitación con nuestros gemidos. Acabamos con
la respiración entre cortada, casi sin poder articular palabra. -
Pues para no tener ni idea, lo haces muy bien, eh. - bromeé. Se echo
en mi hombro, pasando su brazo por mi vientre. - Nunca he sentido con
nadie, esto que he sentido cuando hemos echo el amor. - besó mi
hombro. - Será porque no lo has echo nunca con una mujer, cariño. -
reí. - Puede, pero influye más aún el que me esté enamorando de
ti a pasos agigantados. - me brillaron los ojos. - Te quiero,
princesa. - le dije al oído. - Te quiero, mi amor. - Estuve
acariándole el pelo hasta que el sueño pudo con ella. No tardó
mucho, ya que, estos días habían sido intensos para ella. Al rato,
me dormí yo también. Quedando mi mano enredada en su pelo y, su
brazo perdido por mi vientre.
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