viernes, 21 de marzo de 2014

Capítulo 14. Duele.


Pasaron días, semanas, hasta llegar al mes. El primer mes juntas. Un mes lleno de amor. Lo celebramos con una cenita romántica en mi casa, a la luz de las velas que alumbraban el salón. Pasamos una noche inolvidable, todo lo que hacía con ella se convertía en momentos inolvidables. Estuvimos desprendiendo amor toda la noche, cada poro de nuestra piel desprendía amor. No había mayor droga que recorrer su cuerpo desnudo, su suave piel, sus finos labios. 10 de Julio del 2014, jamás se me olvidaría esa fecha. La fecha en que aprendí el significado de la palabra amor, de la palabra sonreir. Aprendí a vivir con ilusiones. Malú ya había acabado la gira “Sí”, y también había casi acabado de grabar su siguiente disco, “En mí”. Un disco que , según ella, derrochaba amor y dulzura. Contenía canciones compuestas por ella y, otras por Armando Ávila. Yo había tenido el privilegio de ir a una de las grabaciones de ese nuevo trabajo, la experiencia fue increible. Ver a Malú grabando una canción, es mágico. Traspasaba su fuerza y su sensibilidad a través de ese gran ventanal donde se tenía que meter para grabar. Conocer a Armando, fue una de los mejores momentos de mi vida. Era un hombre llano, y una de los mejores productores del panorama musical. Un enamorado de la música. Por otra parte, a mí no me quedaba muchas vacaciones. En 20 días, tenía que volver al trabajo. A mi bufete de abogados. Todo seguía igual de bien, o mejor. Puesto que Miguel, ya había salido del hospital y había comenzado la rehabilitación. Una rehabilitación que, según los médicos, iba a ser un poco dura. Pero consiguió ganarle la batalla a la muerte, podía con esto también. María y yo, hablamos casi todos los días, yo le contaba mi día a día con Malú, y ella me contaba sus batallitas con una “amiga especial”. Estaba viviendo una de las mejores etapas de mi vida. Bueno no, era la mejor etapa de mi vida, junto a la mujer de mi vida. Aunque nos conociamos desde hacía un mes y poco, lo tenía claro. Nadie me había dado tanto en tan poco tiempo. Solo ella.

-¿Quien es? - dijo Malú, al ver que mi móvil empezó a sonar. Estabamos en el jardín de su casa. Tomando el sol.
-Nadie, amor. - le dije acariciando su espalda. Dibujando corazones en ella. Era mi “padre”. No sé como había conseguido mi número. Pero no se lo iba a coger.
-Sé que no es nadie. Conozco esa cara. Frunces la nariz cuando dices una mentirijilla. - dijo tocando mi nariz. Me conocía bastante bien.
-Tienes razón, es alguien. - le dije. - Es mi padre. -
-Y, ¿Por qué no se lo has cogido? -
-No se lo merece, no se merece nada. - dije con rabia.
-Puedes contarmelo si quieres. Pero solo si quiere, eh. No te veas obligada a hacerlo. - me acariciaba el pelo. Estabamos boca abajo, cada una en nuestras respectivas toallas. Mirando la una para la otra.
-No suelo hablarlo con nadie. Pero tu eres mi pareja y creo que debes saberlo. - dije.
-Vale, mi amor. - le empecé a contar todo lo que viví con mi padre. Todo el infierno que había pasado. Desde que empezó con la bebida, hasta la paliza que nos pegó a mi madre y a mí. Después de eso, estuvo en la cárcel un año y medio. Por maltrato y robo. Le conté que el encontronazo con él hacía un mes y lo de mi hermano. Me observaba con atención, mientras tanto. Le expliqué también el lote de llorar que me di cuando me encontré con él, al recordar mi pasado.
-Me dejas si palabras, vida mía. - me miraba con unos ojillos de pena. - Lo tuviste que haber pasado muy mal, joder.-
-Mal se queda corto. Fue un auténtico infierno. - le acaricié la cara.
-Jo.. amor. - me dio un beso en la mejilla.
-Bueno, pero eso ya pasó. Ahora solo miro al presente. Y mi presente eres tú, princesa. - se sonrojó. Y me besuqueo la cara, dándome algún que otro lametazo. - Cochina, no me chupes. - dije riéndome.
-¿Por qué no? Si esta cara es mía. Puede hacer lo que quiera con ella. Como sí le quiero dar pellizcos. - así lo dijo y así lo hizo. Empezó a darme pequeños pellizquitos por toda la cara.
-Eres bipolar, cielo. Lo mismo me besas, que me das pellizcos. Que bien. - dije intentando quitar sus manos de mi cara.
-Tengo una idea. - se levantó corriendo. - Y si … - esas pausas me daban pánico. - ¿Nos vamos a la playa un fin de semana? - se mordía el dedo índice.
-Me parece muy buena idea. - intensifiqué ese “muy”. - Pero, ¿Qué playa,amor? - le cogí de la cintura, pasó sus manos por mi cuello. Empezamos a balancearnos de un lado para otro.
-Emm... - se puso pensativa. - Dejame pensar... ¿Qué tal, Palos de la Frontera? - le encantaba Andalucía.
-Perfecto. -
-Wiiii, finde en la playa . - se puso a saltar como una niña pequeña. - Voy a por algo para beber, un segundo. ¡Palos de la Frontera, voy para allá! - dijo gritando mientras iba apara dentro. Me empecé a reir. Que loca estaba esta mujer. Pero, su locura, incrementaba la mía por ella.

Ese mismo día por la tarde, salimos a correr. Pero no solas, no. Con su hija mayor, Danka. Que vitalidad tenía Malú. Tuvimos que parar tres veces, por mí. Llevaba sin hacer deporte desde hace años. Con el trabajo, tampoco tenía mucho tiempo para ir al gimnasio. - Estas vieja, eh. - dijo ella trotando en el sitio. - Estoy quemadísima. - dije intentando recuperar el aire perdido. Llevábamos hora y media corriendo, y todavía no había parado ni una sola vez. - Venga que no es para tanto – dijo empujándome por la espalda. - Claro, como tú estas acostumbrada a estar dos horas y media de concierto, de arriba pa´ abajo corriendo sin parar, pues ya me dirás. - dije echando mi peso en sus brazos. - No te quejes, anda. Y venga, que no puedo contigo. - las fuerzas de sus brazos, comenzaron a flaquear. - O corres, o te suelto y vas al suelo. - me “amenazó”. - No eres capaz, mi amor. - la desafié. - ¿Que no? - elevó la voz. Negué con la cabeza. Dimos tres pasos más y... quitó sus brazos de mi espalda, cayendo yo al suelo. Me senté de culo en el suelo. Di un grito de dolor. - ¿Era o no era capaz? - puso sus brazos en jarra, y me miró. - Ay! ¡¡Bruta!! - la caída me había dolido de verdad. Me había echo daño en el coxis. - Pero, ¿Te ha dolido? - se agachó, frente a la atenta mirada de Danka, que estaba sentada a mi lado. - ¿Tú que crees? - quise levantarme, pero no pude. El dolor me lo impedía. ¡Joder!, exclamé. - Lo siento, mi amor. Espera que te ayudo a levantarme. - me cogió de los brazos y tiró hacía ella. - Ay, ay. Despacio. - me quejé. Conseguí levantarme. Pero al incorporarme, el dolor vino de nuevo. Al ver Malú mi cara, me abrazó. - La he cagao´. Lo siento, de verdad, cariño. Me duele hasta a mí, viendote. - dijo con su cabeza en mi pecho. - No pasa nada, mi vida. A sido una mala caida, da igual. - dije frotándome el lugar que me dolía. - No tenía que haberte soltado. - se volvió a disculpar . - Que no me estoy muriendo, mujer. Ya mañana estoy como nueva – le quité hierro al asunto. - Oye, y ¿ Cuando nos vamos a la playa? - cambié de tema. - Pues si estamos a martes, el viernes mismo. - dijo. - ¿Este viernes? - empezamos a andar, despacito. - Si, claro. ¿Para qué esperar más? - me agarró fuerte de la cintura, para que hiciese el menor esfuerzo posible. - Pues si. - cogeaba un poco . – No se hable más, el viernes nos vamos. Y ahora, para casa, que ese culo tiene que descansar. - nos reimos las dos. Que ocurriencias las suyas. - Bueno, y tu fima de discos, ¿Para cuando? - le dije. - Pues, a finales de Agosto terminamos de grabar, me cojo un mes de vacaciones – hizo un gesto de vistoria. - Y en octubre, empiezo en Sevilla. - empezaba la firma en la cuidad de sus amores. Sevilla. Yo había ido unas pocas de veces, tenía familia allí. Sevilla era una cuidad mágica. Sus cajellones llenos de historia, de olor a azahar, de gente maravillosa. Me encantaba a mi también. - A ti Sevilla no te gusta, ¿No? - dije ironicamente. - Pues no, no me gusta. Lo mismo que tú. - me guiñó el ojo.

-Anda, sientante despacito – llegamos a casa.
-Casi no puedo apoyar el culo en el sofá, cariño – me reí.
-Pues esperate un momentín. - se marchó corriendo. ¿Donde iría? Después de dos minutos vino con un pequeño flotador hinchado.
-Amor no tengo ganas de bañarme, y yo ya tengo una edad. Sé nadar – nos reimos a carcajadas.
-Que no, tonta. Que es para que te sientes en él – me lo dio entre risas.
-¿Por qué lo tienes? - pregunté
-Es de la hija de Vero, está guardado para cada vez que vienen. -
-Ay – suspiré. - Que agustito se está, mamá – dije con voz de niña chica.
-Idiota – me tiró un cojín.

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