Un nuevo día asomó por la ventana.
Amanecí tumbada en aquel sofá, en el cual la noche anterior pasó
lo que nunca creí que me pudiera haber pasado: besar a Malú. Abrí
los ojos. Me desperecé, pudiendo comprobar que Malú no estaba. Que
raro. - ¡Malú! - no contestó. - ¡Malú! - volví a llamarla. No
estaba. Ví que la mesa estaba recogida, pero algo me llamó la
anteción. Un papel blanco. Lo leí en voz alta. “ Buenos días
dormilona. Si estas leyendo esto es que no he venido aún. He salido
un momento. En la cocina tienes para desayunar, busca en la nevera.
Coge lo que quieras eh. No tardo, un besito”. Había salido, pero ¿
Donde?- Ayer no me dijo nada de que tenía algo que hacer. Me levanté
y la cabeza me empezó a dar vueltas. No fue bueno mezclar cerveza y
vino. Estuve un rato parada, hasta que en mi cabeza se pusiera todo
en su sitio. Busqué el baño. Me lavé la cara e hice pis. Las
cremas que tenía allí me llamaba mucho la atención. - Así está
siempre tan guapa – dije cogiendo una. Oí una llave entrando en la
cerradura. Sería ella. - ¿Claudia? - me llamó. Sí, era ella. -
Estoy en el baño, un segundo – me lavé las manos y salí.
-Buenos días – sonrió. Traía
algo en las manos. - ¿Has desayunado? -
-Buenos días – le devolví la
sonrisa. - No, aún no. Me acabo de levantar – dije arrascándome
la cabeza.-Uf! Menos mal – me extrañé. “ Menos mal ”, ¿Por qué? - Toma – me entregó una bolsa. Estaba caliente.
-¡Churros! - exclamé. - Anda, no tenías que haberte preocupado. Si yo siempre desayuno un café, nada más. -
-Pues ya tienes algo que mojar en él – dijo riéndose. - Venga, siéntate que te preparo uno.
-¿Y tú? ¿ Ya has desayunado? -
-Sí, nada más levantarme. -
El olor a café se apoderó de la casa.
Me recordaba a mi infancia, cuando mi madre lo preparaba cada mañana.
Cerré los ojos y , sin querer, momentos de mi niñez vinieron a mi
mente. Una lágrima recorrió mis rostro. Mi infancia no había sido
muy buena. Abrí los ojos y sequé mi lágrima. No era momento de
recordar. - ¿Te has enterado? - dijo desde la cocina. - No, perdona.
Dime – puse mi mirada hacía allí. - ¿Azúcar o sacarina? -
repitió. - Dos cucharadas de azúcar. - Se acercó a mí y me dió
el café. - Muchas gracias – se lo agredecí. Sonrió. Sonreir era
su mejor respuesta.
-Una pregunta – dije moviendo el
café.
-Escucho – se sentó y cruzó las
piernas.-¿Donde has ido esta mañana? Es que me ha parecido raro no verte – dije avergonzada.
-De eso quería hablarte – los colores le subieron. - Salí a pensar – A pensar, ¿En qué? Me estaba asustando. - A pensar en lo ocurrido ayer. Mira Claudia, estoy un poco confundida, ¿Sabes? Creo que me gustas, pero no estoy segura. Desde aquel beso, no he parado de darle vueltas. Me levanté temprano y me perdí en el parque donde estuvimos ayer.- Yo la miraba con boquiabierta. Mi interior temblaba. - Recordando todo. Pero esto no viene de ayer, no. Viene desde hace dos días, en tu casa. Parecía como si te conociera desde siempre. Y ayer dí las gracias a Dios cuando no había nadie en casa de tus padres. - Soltó una risilla. - No sé Claudia, es muy raro. - miró al suelo mientras jugaba con la pulsera de su muñeca derecha. Volví su cara hacía a mí y la besé. La besé como nunca había besado a nadie. Lo tenía claro, sus labios eran la mayor adicción que existía. No podía pasar más tiempo sin rozarlos.
-Malú, yo... te quiero desde aquel día en la discoteca. Cuando me cogiste del brazo, sabía que algo en mí había cambiado. - la tenía cogida de la mano. - ¿Sabes? Yo también le dí las gracias a Dios de que te olvidarás el pañuelo. Ahí me di cuenta, que necesitaría tu olor el resto de mi vida – me miraba como yo la miraba a ella antes. Me apretó fuerte la mano. - Y que me besaras ayer, fue lo mejor que me podía haber pasado – Nos miramos durante unos segundos. Se me caía la baba cada vez que su mirada se clavaba en la mía.
-Quiero que esto vaya despacio, ¿Vale? - cogió aire antes de decirlo. Me traspasó el alma. “Esto”. Entonces, ¿Ya eramos algo? - No he estado nunca con ninguna chica – se sonrojó. - Y nunca me había fijado en ninguna. Hasta que llegaste tú y lo cambiaste todo. Algo en mi cambió también – rozó mis labios cariñosamente.
Cada vez era más importante para mí.
Cada vez la quería más, y la conocía desde hace dos o tres días.
Pero no hizo falta nada más para rendirme a ella. - Me tengo que ir
dos días a México. Allí grabaré el single del nuevo disco. Pero
en cuanto vuelva, nos vamos a pasar el finde a Majadahonda, ¿Vale? -
se sentó en mis piernas
-Como usted diga señorita Sanchez
Benitez – se rió un me dió un beso en la mejilla. - Me tengo que
ir llendo, que tengo mucho trabajo, se lo he dejado a mi amiga y me
querrá matar seguro – reímos.
-Te llevo anda. - Nos levantamos.
El viaje se me hizo demasiado corto.
Estaba en una nube, no podía creer lo que me estaba pasando. No
podía creer que Malú me hubiese abierto su corazón. No podía
creer que fuera a pasar un fin de semana en su casa. No podía creer
que estuviera con la mujer que tanto admiro. No podía creer que
estuviera enamorada de Malú. - Bueno, hemos llegado. - dijo. - Jo,
no. - dije con una voz infantil. Se rió. - En tres días, estaremos
en mi casa pasando un finde de lo más bonito, ¿Vale?. - me pasó un
mechón de pelo por detrás de la oreja. Solamente pensar en el hecho
de que pasaría con ella dos días, me hacía la más feliz del
mundo. - Lo estaré esperando como agua de mayo – Empezó a
tararear la canción. Yo la seguí. - Ten cuidado, ¿Vale? Te echaré
de menos - me acerqué a ella. - Y yo a ti, amor. Te quiero. - Eso me
acabó de matar. - Y yo a tí, princesa. - la besé y me bajé del
coche.
Busqué mis llaves. Pero claro no me
acordaba que no las tenía. Tuve que volver a casa de mis padres.
Estaba alejada de la mía, pero no me importaba. Me vendría bien un
paseo para repasar todos los momentos, con la que ahora era mi chica,
la noche anterior. El comprometido momento “pérdida de llaves”,
la propuesta de Malú para que me quedara en su casa, el largo paseo
por el parque, la cena en el bar, y el beso entre ella y yo. Cada vez
que pensaba en ello se me erizaba la piel. Era una sensación
inexplicable. Un escalofrió recorrió mi cuerpo. Algo, no muy bueno,
iba a pasar. Pero no presté mucha atención y seguí en mi mundo. En
el mundo de Malú. Llegué a casa de mis padres. - Hola, hija. - era
mi madre. Esta vez si estaban. - ¿Qué pasa? - se asustó un poco. -
Nada, que me he dejado las llaves dentro de mi casa. ¿Me podrías
dejar una copia? - dije recogiéndome el pelo en una coleta. - Si,
claro hija. - Fue a buscarlas. - Toma. ¿Has desayunado? - preguntó
como buena madre. - Sí, mama. Tengo que irme que tengo mucho lío.
Hasta luego. - le dí un beso y me fui. Al llegar a mi casa, me dí
cuenta que mí móvil no tenía batería. Se había apagado. Lo puse
a cargar. Cuando logré encender, ví que tenía 5 llamadas perdidas
de María y 10 whatsapps de 3 conversaciones. Me preocupé y llame a
mi amiga.
-Claudia, ¿Donde te has metido? Te
he estado llamando – parecía mi madre, pero algo me llamo la
atención. Su voz. Estaba llorosa.
-He pasado la noche fuera y el
móvil se me quedó sin batería. ¿Estás bien? ¿Te ocurre algo? -
empecé a asustarme.-Claudia, ha ocurrido algo…
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