miércoles, 19 de marzo de 2014

Capítulo 12. Ni un paso atrás.


Cerré los ojos y suspiré, con la cabeza mirando hacia el techo. Los abrí y pensé por muy mal que lo haya pasado, no me podía seguir afectando. Si mi madre pudo superarlo, yo también podía. No quería que mi pasado hundiera a mi presente. Y además, con lo bien que estaba ahora, habiendo encontrado a la mujer ideal. Así que, salí del baño. Puse a Malú, en estos momentos necesitaba escucharla. “Ni un paso atrás” hacía crujir las paredes de mi casa. “Vuelvo a empezar, ni un paso atrás...” comencé a cantar. No iba a dar ninguno, y menos para atrás. Nunca lo había echo, y no lo iba a hacer ahora. Me dirigí a mi habiación. Deshice la maleta a ritmo de aquella canción que tantas veces me había ayudado a seguir para delante. Me subí a la cama, cogí el mando de la televisión a modo de micrófono y empecé a cantar. La repetí como mínimo 3 veces. No me cansaba de escucharla. Pero, en ese instante, algo o más bien dicho: alguien, interrumpió mi momento cantante.Paré la música. - Perdona, hija. ¿Podrías quitar la música? - era la vecina del piso de abajo, la más pesada de todas. Es la típica vecina que te habla con cara de buena. Pero que después es una cotilla profesional. - Señora, es muy temprano aún. Y no creo que la música le moleste a nadie. - dije apoyada en el marco de la puerta. - Sí, a mí me molesta. Me tiemblan hasta las paredes de la casa con esta música que escuchais los jovenes de hoy en día. - dijo desafiándome. - Pues mire, todavía no ha subido a quejarse nadie, y la música ya lleva sonando un rato. Y para que se entere, esto que escuchaba se llama MÚ-SI-CA. Pero no se preocupe que la quito, no vaya a ser que se forme un terremoto y se caiga en bloque. - cerré la puerta. No volví a ponerla, no tenía ganas de volver a discutir con nadie. Eran las tres y media de la tarde, me moría de hambre. Solo había desayunado dos manzanas y un zumo de naranja porque, según Malú, en este fin de semana habíamos comido mucho y tocaba desayunar saludable. Fui a la cocina y me preparé unos espaguettis a la carbonara. No sé como lo hacía, pero cada vez me salían mejores. Me senté a comer y puse la tele. - Malú, la cantante femenina más importante de España, – estaban hablando de ella en las noticias. - está trabajando en su nuevo disco. La sobrina de Paco de Lucía, ha decidido grabarlo entre México y España. - contaba la mujer del telediario. Se me caía la baba cada vez que escuchaba hablar a la gente tan bien de ella. Casi que no había acabado la gira “Sí” y ya estaba grabando el siguiente disco. No paraba. Recogí los platos y los fregué. Como aún era temprano, me puse a recoger un poco mi habitación. Y sobre las cinco me fui para el hospital a ver a Miguel.

-¿Cómo está el enfermo? - dije entrando por la puerta.
-Presente. - dijo levantando un poco el brazo derecho.
-Pues el enfermo aquí está. - dijo Luis, era el único que estaba allí. - Yo creo que ya tiene “cuentitis” eh, no sé yo. - dijo riéndose.
-¿Así? Pues mañana nos echamos un partidillo los tres, ¿Vale? - bromeé.
-Sí. O, ahora mismo. Me quitó las escayolas y nos vamos al Bernabeu a jugar. - reimos los tres.
-Bueno, yo me bajo un ratillo. Que tendréis muchas cosas de que hablar, supongo. - dijo Luis levantándose.
-Claro, que te mueres por fumar, no. Que tenemos mucho de que hablar. Ya ya. - me reí.
-Bueno, eso también. - rió y salió por la puerta.
-Ahora en serio. ¿Qué tal te encuentras? - dije seria.
-Más o menos. A veces bien. Pero cuando me entran los dolores, pues... - dijo
-Ya, te entiendo. - dije acariciándole el pelo. - Anda te han quitado la escayola del brazo derecho. - no me había dado cuenta.
-Sí, aunque en verdad, era solo un vendaje fuerte. En el izquierdo igual, solo que éste no está muy bien del todo y me lo van a dejar un par de días más. Lo mejor de todo es que ya puedo tragar bien, y me dan comida sólida – dijo sonriendo.
-Pues me alegro mucho, campeón. - le froté el hombro.
-Oye, y tú te lo tenías muy calladito eh... - dijo. Me quedé desconcertada.
-¿El que? - me extrañé.
-Pues algo que me ha dicho María, que tienes con una cantante guapisma llamada Malú. - dijo con voz de intelectual. Me reí. - Anda que me lo ibvas a contar, eh. Vale vale. - dijo.
-No me ha dado tiempo, justo hoy acabo de llegar de su casa de pasar un fin de semana con ella, pero te lo iba a contar, sí. - dije.
-Sí, sí. Excusas. - se hizo el ofendido. - Bueno, y ¿Que tál es la jefa? ¿Es una maestra o aprendiz? - otro con la misma preguntita.
-Haber, solo porque sea Malú, ¿Tiene que hacerlo perfecto? - dije
-Bueno, ahora que lo dices …. - hizo una pausa. - ¡Si! - exclamó. Me empecé a partir de risa. En ese momento llegó Luis, se hizo el silencio. - Pero no os calleis, chicos. Que no os voy a comer. - dijo. - Si ya habiamos terminado de hablar – dije. Estuve como hora y medía allí con ellos. Echándome unas risas. De vez en cuando discutían por cosas absurdas, como si tuvieran diez años. Cada vez que hacían eso, me reía a más no poder. Aunque yo también discutía, pero con Luis. Era con el que más, porque él es del Barcelona y yo del Madrid. Rivalidad máxima. Pero en el fondo le quería mucho. Me marché para mi casa, pero al llegar lo ví. Estaba allí otra vez, no podia ser. Iba a entrar en el portal cuando me cojió del brazo. - Claudia, por favor, espera un segundo. Solo te quiero decir una cosa. - dijo. - No sé si te quedó ayer claro. Te lo vuelvo a repetir, no quiero hablar contigo. Y ahora dejame pasar. - se puso en mi camino. - Solo será un minuto de verdad, solo uno. - entrelazó sus dedos y cerró las manos. - Que quieres. - dije seria. - Lo primero, gracias. Y lo segundo que tienes un hermano. - no me lo podría creer. - Tiene ocho años. Él quiere conocerte y yo quiero que lo conozcas. - ¿Un hermano? Pero, ¿Este hombre se creía que tenía 20 años, o qué? Y, ¿Por qué mi mente habla sola? - Dejame pensarlo, y que sepas que si acepto verlo es por él, no por ti. - dije. - Ya, te entiendo. Gracias. - dijo él. - Ah! Un cosa. - me paré en la puerta. - Espero que si tu hijo te dice que es homosexual, no le des la paliza que me pegaste a mí. - cerré la puerta. No sé por qué, pero me sentía muy bien. Sentía una gran liberación al haberlo dicho eso. Subí por las escaleras, estaba feliz. Demasiado feliz, diría yo. Y pensar que mañana iría con Malú a sus sesión de fotos, incrementaba mi felicidad. Llegué a mi casa agotada. Quizás subir 5 plantas casi corriendo, no había sido buena idea. Eran las nueve, así que, me eché en el sofá. Cogí el móvil y le mandé un mensaje.
-¿Cómo está la mujer más guapa de este mundo? - escribí.
-Si buscas a la mujer más guapa, entonces se ha equivocado de persona. - bromeó.
-No, yo no me equivoco en eso, mi amor. Ni en eso, ni en nada que tenga que ver contigo. - dije
-Yo tampoco me equivoqué al elegirte, mi vida. - sonreí como una tonta. - Oye, que se me olvidó decirtelo, mañana te pasa un coche a buscar a las 8 de la mañana.-
-¿Un coche? ¿Para qué? Si yo tengo el mío. - dije
-¿Y qué? Primero pasa a buscarte a tí y luego a mí. -
-Jolín, ni que fuera el Rey, princesa. - reí.
-Sí que lo eres, y tu reino está en mi corazón. - eso me llegó profundamente. Se puso ñoña, y eso me encantaba. - Bueno, me voy marchando que todavía tengo que duchame y tal. Que mañana toca un día duro. Y habrá muchas sorpresas. - dijo.
-¿Qué sorpresa? -
-Aaaaah! Sí te las digo ya no son sorpresa, vida mia. - dijo.
-Jo...no. Eres mala, eh. - puse una carita sacando la lengua.
-Soy demasiado buena. - rió.
-Estás demasiado buena, que es distinto. - dije
-Tonta jajaja. Bueno me voy, y ya sabes que mañana a las 8. Hasta mañana, te quiero mi amor. - se despidió.
-Que sí! Descansa, te quiero, cielo. - lo hice yo también. Me duché, cené y me acosté pensando en qué sorpresas serían esas. Me dormí pensado en lo mismo. A la mañana siguiente, me levanté a las 7. Queria desayunar tranquila, y aprovechar para barrer un poco. A las ocho menos cinco, bajé al portal. Y, justo a las 8, venía un coche. Sería ese seguro, porque la calle a esa hora, estaba totalmente solitaria. Pero, un momento... ese coche ….

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