jueves, 20 de marzo de 2014

Capítulo 13. Siempre tú.

Se paró justo enfrente mía. Bajó la ventanilla del copiloto. - ¿Señorita González Moreno? - era ella. No lo podía creer. Di dos carcajadas. Ya decía yo que ese coche me resultaba familiar. - Pero bueno... ¿Y el coche? - dije asombrada. - Este es, ¿No te gusta? - dijo ella. - Claro que me gusta, mi amor. - me subí. - Me creía que iba a venir a buscar un chófer o algo. - reí mientras me ponía el cinturón. - Cambio de planes, mi vida. - miró el retrovisor antes de salir. Le empecé a besar la cara, me la iba a comer. - Venga, anda que no llegamos. - rió. - ¿Estás es la sorpresa? - le pregunté. - El día no ha echo más que empezar, amor. - otra vez me dejaba con la intriga. Llegamos a los estudios antes de tiempo, y entramos en la cafetería. Ella se pidió un café, y yo la acompañé con otro. Que grande era todo allí. Me fijaba en cada detalle, en cada rincón. - Bueno, pues vamonos. Que ya es la hora y, tienen que estar allí. - dijo. ¿Tienen? Sería el equipo de maquillaje y fotografía seguro. - ¿Quienes son exactamente? - que desesperación, joder. Subió y bajó las cejas varias veces. Le gustaba hacerme sufrir. Al andar por aquel largo pasillo, miraba cada fotografía que había colgada en las paredes. Fotos de famosos que habían pasado por allí. Estaban gente del mundo de la música, como Orozco, Bisbal, Alborán, Vanesa Martín, Juanes. Pero me quedé mirando fijamente una. La de Malú. Ya había estado en ese lugar antes. Que guapa salía. Pero no solo había gente de la música, sino actores españoles o personas del mundo del famoseo, como, Javier Bardem, J. J. Bayona, Miguel Angel Silvestre, Amaia Salamanca, Paz Vega y, un largo etcétera. Llegamos a la puerta de la sala. - ¿Estás preparada? - dijo cogiendo el pomo. - Preparada, ¿Para qué? - dije con cara de extrañada. Abrió la puerta. Aquella sala era super grande, pero no fue eso lo que más me impresionó. - Dios mio. - me tapé la boca con las manos. No me lo podía creer. Malú me miraba sonriente. La miré y asintió. Era ellos en carne y hueso. Delante mía. Vanesa Martín, Melendi, India Martinez y Manuel Carrasco. ¡ Delante mía ! Me temblaban las piernas de la emoción. - Buenos días, preciosa. - se acercó Vanesa a Malú, y le dio un enorme abrazo. - Buenos días, Lula. - ese era Melendi. Que alto era, madre mía. Los saludó uno a uno, mientras yo los miraba con la boca abierta y sin dejar de sonreir. - Pues, chicos. Ella es Claudia, una personita especial. - dijo frotándome la espalda. No me presentó como su pareja, pero sí como alguien especial. Eso me confundió un poco.

-Encantada, Claudia. - se acercó India y me dio dos cariñosos besos.
-¿Que tal, guapísima? - dijo Carrasco, con ese acento andaluz tan gracioso que tenía. Me dio dos besos.
-Encantada, cariño. - dijo “la Martin” dándome un abrazo. Era la que más ilusión me hacía abrazar. Era una de las mejores compositoras que habían en España. - Te admiro muchísimo. - dije sin soltarla. - Muchas gracias. - se apartó de mí.
-Persona especial, eh. - dijo Vanesa dándole codazos a Malú.
-Que sí, tonta. - le dio un empujón cariñoso.
-Hola, Claudia. - este último era Melendi. Me saludó con una gran sonrisa.
-Sí, sí ya. - volvió a la carga Vanesa. ¿Estaba tonteando con Malú o era mi impresión?
-Te estoy diciendo que sí, pesada. - le empezó a dar golpes por el brazo, y ella se defendía haciéndole cosquillas.
-Son dos niñas chicas, “vamó” - dijo Carrasco. No me empezaba a gustar nada ese momento. Acabaron al fin de pelearse. Malú pasó su brazo por el hombro de Vane, y ella por la cintura. Mis celos aumentaban por segundos. Yo no era celosa, pero de escuchar tantos rumores, sobre que Malú y Vanesa tenían algo, y ahora ver esta escena. Hacía crecer mis celos. Al ver mi cara, soltó a Vanesa.
-Bueno chicos, empezamos en nada. - dijo un fotógrafo. - Os teneis que vestir y maquillar.
-Quédate ahí. Tú en primera fila, para verlo perfectamente. - me besó en la cara y se marchó con los demás. Sentía como si sobrara en ese instante. Ella trabajando con sus compañeros de profesión y amigos. Y yo ahí, mirando. Me quedé pensando en la escena de antes. ¿Habrían tenido algo realmente? Siempre había pensado que Vanesa y Malú eran la pareja perfecta. Se les veía tan bien en los escenarios. Tanta complicidad, tanto tonteo, tanta amistad. Parecía raro que solo fueran amigas. O, quizás sí, solo tenían una bonita amistad y ya está. Bueno, no iba a pensar ahora en ello. Solo ,y exclusivamente, pensaría que estaba con la mujer más perfecta que existía. Al cabo de un rato, aparecieron todos vestidos y maquillados. Iban un tato informales ya que, según me había dicho un fotógrafo, era una sesión de fotos para una obra benéfica. Una ONG contra la pobreza infantil. Que corazones más grandes tenían. Malú me guiñó el ojo al salir, gesto que agradecí con una sonrisa. Esta vez, estaba hablando con Melendi ,y Vanesa hablaba con India y Manuel Carrasco. El director los llamó y los reunió. Les contó como iba a ser aquello, de las formas que se iban a poner y los cambios de vestuarios. La sesión empezó con Manuel Carrasco y Malú, seguidamente de India con Vanesa. Hicieron varias tomas, fotografiándose todos con todos, haciendose fotos de grupo. Se cambiaron tres veces de ropa y peinado. Yo mientras observaba a Malú. Me encantaba las formas seductoras que tenía al mirar. Me dedicó alguna que otra mirada. Empezaron a las nueve y hasta la una de la tarde, no acabó. Después de allí, nos fuimos a un bar a tomar algo. - Por fin nos sentamos, después de 5 horas sin parar. - dijo India, se veía que estaba cansada. - Ya ves, India. - dijo Vanesa sentándose a su lado. Al lado de Vanesa se sentó Malú. Y al lado de ella, yo. No sé por qué, pero me daba que se buscaban la una a la otra.

-Voy al baño un momento. - me sentía un poco incómoda. A los dos minutos, llamaron a la puerta. - Ocupado. - dije. - Soy yo, amor. - abrí la puerta.
-¿Qué te pasa? - dijo ella.
-Sé sincera, por favor. ¿Has tenido algo con Vanesa? - dije mirando al espejo. Malú estaba detrás mía.
-¿Por qué me preguntas eso ahora? - dijo
-Respóndeme, nada más. - me volví hacía ella.
-No, no hemos tenido nada. Solo somos buenas amigas. - respondió.
-¿Seguro? -
-Mi amor. - me agarró la cara. - creéme. No he tenido nada, de verdad. Un escalofrío recorrió mi espalda. Era la reacción ante el roce de sus labios. Saltó sobre mí, ya sabía lo que quería decir con eso. 

No sentamos en el wc. Su boca fue bajando hasta encontrarse con mi cuello. Donde empezó una guerra fría con él. Lo mordió y besó hasta dejar las marcas de sus dientes. Eso me perdía demasiado. Le quité la camiseta y recorrí todo su abdomen, de arriba a abajo. El ambiente empezó a caldearse a pasos agigantados. Me quitó la camiseta e hizo conmigo lo mismo que yo hice con ella, pero esta vez, con las manos. Me deseperaba. Llamaron a la puerta. - Está ocupado. - dijo Malú. - Joder, siempre con las interrupciones. - dije casi enfadada. - Ya ves. Pero estamos en un baño público, mi vida. - me mordió la oreja. - Pues no empieces a hacerme delirar, bonita. - dijo ironicamente. Reimos las dos. Nos levantamos y nos pusimos la camiseta, peinándonos y bebiendo un poco de agua. - Que sepas que ya van dos. - le susurré añl oído antes de abrir. Me lanzó una mirada pervertida. - Hija mía, lo que habeis tardado. Que os estamos esperando. - dijo Melendi. - Pues ya estamos aquí. - dije sentándome. Estuvimos hasta la tarde, entre risas y vinos. - Buenos, pues nosotras nos vamos llendo. - dijo Malú. Pagamos a medias y nos despedimos de todos. - Adiós parejita feliz. - dijo Vanesa, guiñándonos un ojo. No dijimos nada y salimos de allí. - ¿Hasta cuando no te veo, princesa? - le dije. - Todavía no ha acabado el día, amor. - se agarró de mi brazo. Nos subimos al coche. - ¿Donde vamos? - ya empezaba de nuevo la intriga. - ¡Sorpresa! - dijo. - ¿Más aún? - ella asintió poniendo morritos. Se los mordí, pero no solo el labio. Sino, la boca entera. - Ay! Bruta. - me rei ante la voz que puso. - Hemos llegado. - dijo. Estábamos en un parque enorme. Subiendo un poco por él, había un bonito mirador, donde seguramente irian todos los enamorados. - Vamos. - cogió mi mano y subimos hasta allí. Las vista eran increible. Ver como el sol se escondía entre los edificios, era algo mágico. - ¿Te gustan las vistas? - dijo echada en mi hombro. - Me gusta lo que veo, ahora mismo. - subió su mirada y se dio cuenta de que la estaba mirando. - Quiero atardeceres como estos siempre, mi amor. - me dijo. Se me encogió el corazón al escucharlo. - Yo te quiero a ti para siempre. - nos miramos unos segundos y nos fundimos en un romantico beso, ante la atenta mirada de aquel atardecer.

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