- -Buenas – dijo con una sonrisa. Estaba vestida muy parecida a mí : vaqueros, camiseta, chaqueta y botas. Llevaba el pelo suelto y unas gafas que escondía una radiante mirada. Se las quitó al saludarme.-Hola, ¿ Qué tal ? - pregunté-Bien, bien. ¿ Nos vamos ? --Sí, claro – dije saliendo y cerrando la puerta.
Cogimos el ascensor hasta llegar a la
planta baja. Vivía en un 5º y no era plan de bajar cinco pisos con
lo cansaba que estaba. Aunque a ella no le hubiese importado, o más
bien, no las hubiera notado porque con las palizas que se pegará en
el gimnasio, no le hubiese sabido a nada cinco pisos. - Ay, Dios –
dije al llegar al portal. Me dirigí de nuevo al ascensor, esta vez
corriendo. Frente a la atónita mirada de Malú. - ¿ Qué pasa ? -
Se acercó a mí. Al meterme las manos en los bolsillos, noté que
había un vacío. Era muy extraño, porque ahí siempre guardaba....
!!! Las llaves ¡¡¡ - Me parece que me he olvidado dentro de las
llaves – dije con las manos en la cabeza. Que cabeza la mía.
Normal, al verla a ella, me olvidé de todo. Y al olvidarme de todo,
me olvidé las llaves encima de la mesa. - ¿ Qué dices ? - Emití
un bufido al meterme en el ascensor. Ella se subió conmigo. Lo había
estropeado todo. Una tarde que podría ser perfecta, con la mujer que
había admirado durante toda mi vida, tirada al garete por unas
llaves. Pero, ¿ Para qué subía ? Si se me habian olvidado dentro,
daba igual si subiese o no, que las llaves no se iban a mover de
sitio. - Pero, Claudia. No sirve de nada que hayamos subido, las
llaves siguen dentro – me había leído la mente. Hasta un niño
chico se hubiera dado cuenta de que subir no hubiera servido para
nada. Pero con los nervios que tenía, no podía pensar.
-Y, ¿ No tienes a nadie que tenga
una copia ? -
-Sí, mis padres tienen una, pero
su casa está un poco retirada de aquí – dije mirando al suelo.-No pasa nada, vamos para allá – me cogió del brazo y nos dirigimos de nuevo al ascensor.
-Jolin, vaya fallo, tío – pensé en alto. Rompiendo el silencio.
-Mujer, no pasa nada todos cometemos fallos, no te preocupes – dijo pasando su brazo por mi hombro, apretándolo con fuerza. Me puse más neviosa aún. Le sonreí, devolviéndome otra más grande si cabía la posibilidad.
Callejeamos un poco hasta llegar a la
casa de mis padres. Era un tranquilo bloque de pisos de tan solo 4
plantas. Ellos vivían en un 2º, asi que, subimos por las escaleras.
Me bebía los escalones de dos en dos. Temía caerme, pero poco me
importaba, quería llegar cuanto antes y pedirles las llaves. Rezaba
para que estuvieran en casa. Llamé al timbre. Nadie respondía. A
los diez segundos volví a llamar, obtuviendo el mismo resultado. No
había nadie. Esta era la guinda del pastel. - ¿ Qué hacemos ? ¿
No tienes a nadie más ? - dijo ella. - No, ya no tengo a nadie más
- . Empezó a andar por el descansillo, era bastante amplio. Andaba
con las manos para detrás y con la cabeza para abajo, cual profesor
se pasea en un examen. Parecía que estaba intentando buscar una
solución.
-Vale, hagamos una cosa – me
agarró de los bazos y clavó su mirada en la mía. - Ya que no
tienes llaves, y ahora no hay nadie que las tenga. Y como yo no voy
a dejar que duermas en la calle, pasas la noche en mi casa. - Me
quedé paralizada. ¿ Había oído bien ? ¿ Pasar la noche en casa
de Malú ?
-No, no Malú. Te lo agradezco pero
no. No quiero ser ninguna molestia. Ya buscaré dónde quedarme,
tranquila --Vale, decidido. Te quedas en mi casa. - No le importó mi respuesta.
-Que no, en serio. Que ya buscaré algo -
-He dicho que te quedas en mi casa y te quedas en mi casa, ¿ Vale ? - puso una mirada que me dio miedo.
-Vale, vale “jefa” - reímos las dos ante mi respuesta.
Pasamos una tarde estupenda. Dimos un
largo paseo por el parque, un parque al cual nunca había ido. El sol
le daba en la cara, haciendo que se le pusiera los mofletes rojos. Me
entraban ganas de cogerlos y estrujarlos. Le estuve contando cosas de
mí, anécdotas de mi niñez. Le conté desde cuando tenía esa
admiración por ella. Se puso más colorada de lo que estaba al oir
tantos elogios. -Para, para. Que al final me lo creo – rió. Ella
me contó cosas de sus nuevos conciertos, su nueva gira, nuevas cosas
que quería incluir en el nuevo disco. También me contó algunas
anécdotas de cuando veraneaba en El Rinconcillo. Me hacía muchas
gracia como las contaba porque hacía muchos movimientos. No podía
apartar mis ojos de ella. Después de esa larga caminata fuimos a
tomar algo a un bar cercano al parque. Nos sentamos lo más profundo
posible para evitar que la reconociesen. Pedimos un par de cervezas y
un plato de jamón ibérico. - Lo siento, pero no aguanto más. Me
muero de hambre. - dijo mientras cogía un trozo. Reí. Cenamos allí,
ya que recorrernos el parque de cabo a rabo abrió nuestro apetito. -
Bueno, a medias, ¿No? - saqué el monedero. - No, a esta invito yo –
dijo sacando el suyo. - Ah! No! De eso nada. Me quedo en tu casa a
dormir, y encima ¿Quieres pagar la cena? No. - dije. - Sí, sí.
“Por fis”, déjame – entrelazó los dedos haciendo pucheros. No
podía hacer nada respecto a eso. Ver a Malú haciendo pucheritos
traspasó mi corazón. - Tú ganas, pero te debo una cena, que te
quede claro – dije con el dedo índice hacia arriba. Salimos del
bar y nos fuimos para su casa. Al entrar, su olor llenó por completo
mi interior. Olía tan bien como ella.
-Este piso no lo utilizo mucho,
solo para cuando tengo alguna entrevista o evento. Así que, lo
siento si está desordenado – se disculpó.
-No te disculpes, está perfecto. -
dije quitándome la chaqueta y sentándome en el sofá.
-Pon te cómoda, eh. - estaba en la
cocina. - Vino, ¿No?
-Vale, aunque mezclar cerveza y
vino no es muy buena idea, ¿No? -
-Bah! Un día es un día. Ah! La
botella que te debo – traía dos copas en una mano y la botella en
la otra. - Haz los honores – se quitó las botas y se sentó en
“indio”
-Que bonitos calcetines – eché
vino en su copa.
-¿A que si? Son muy cuquis. - sacó
un pie y me lo enseñó, mientras yo echaba vino en la mía.
Me lo estaba pasando en grande. A la
botella ya se le veía el fondo. Y las primeras risas empezaron. -
Estoy muerta hoy – dijo riéndose. Se echó en mi hombro. Mi
corazón empezó a bombear más sangre de lo normal. - Pues pon te
cómoda, es tu casa – bebí un sorbo más. - Ya lo estoy - . De
repente, levantó su mirada. Yo al ver que me miraba, la miré. Nos
miramos durante unos segundos. Levantó un poco más la cabeza, hasta
quedar a 1cm de distancia. Podía escuchar los latidos de su corazón.
Posó sus labios suavemente en los mios. Un segundo beso llegó, y
con este, un tercero. Hasta que nuestros labios fueron uno solo. Mi
mano se perdió en su pelo, al igual que yo en sus besos. Se volvió
a echar en mi hombro y así nos quedamos dormidas. Ella en mí y yo
en ella.
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