viernes, 28 de febrero de 2014

Capítulo 3. Antes que amantes, amigos.


No podía dormir después de lo sucedido aquella noche, estaba totalmente confundida. Miré para el techo con los ojos cerrados, intentando conciliar el sueño. No había forma humana de dormir. Malú ocupaba mi mente. Repase todos los momentos vividos con ella aquella noche, desde que me cogió del brazo ,haciendo así que yo no cayer al suelo, hasta los dos besos en la puerta de mi casa antes de irse. Pero había una frase que no dejaba de pasearse por mi cabeza: “ Cuando quedemos otra vez ….” ¿ Habría una segunda vez? ¿ Quería volver a verme? ¿ Había sentido lo mismo que yo cuando se rozaron nuestras manos? Eran demasiadas preguntas sin respuestas. Me levanté de la cama y fui a la terraza, necesitaba que el aire de la noche me diera en la cara. Me apoyé en la baranda, y allí me quede durante un buen rato, mirando al horizonte, intentando convercerme de que entre ella y yo no va a haber nada nunca. Por mucho que me doliera, así era. Volví a entrar en la casa. Inspiré profundamente. Olía a ella.. No había estado mucho tiempo, pero sí lo suficiente como para que su fragancia se quedara en ella. - Joder, ¿ Por qué me pasa esto? - dije con los ojos llorosos. No podía entender como en tan solo unas horas me había enamorado de la mujer que llevaba admirando toda mi vida. Me apoyé en una pared y me dejé resbalar, quedando sentada y con los brazos en las rodillas. Eché mi cabeza en ellos y así me dormí.

-¿ En serio que ayer te fuistes directamente para casa? ¿ No te encontraste a nadie por el camino, no? - dijo María al verme con esas ojeras que tenía y dándome codazos en el brazo con una sonrisilla pícara.
-Sí, he dorrmido un poco mal esta noche – dije mientras me sacaba un café de la máquina. - ¿Que tal os lo pasasteis ayer?

Empezó a contarme lo ocurrido en la discoteca desde que me fui. Yo la escuchaba vagamente mientras daba vueltas al café con la cucharilla, fijando mi mirada en esta. Me enteraba de cosas puntuales. Por lo visto se lo estuvo pasando genial con una tal Cristina, y Miguel se fue antes de lo previsto también. - No sé, me parece que es el amor de mi vida – dijo ella. Al oir esto levanté mi miarada y la clavé en la suya. En ese instante se me vino la imagen de Malú a la cabeza. La imagen de ella sentada en mi sofá, dejando su olor en él. Mis ojos no pudieron evitar que les saliera unas lágrimas. - ¿Estás bien, Claudia? - dijo María cojiéndome de la mano. No le dije nada, mis ojos lo dijeron todo. Estaba claro que algo me pasaba, pero no sabía el qué. Me sequé las lágrimas que brotaban de mis ojos, cojí aire y le conté todo lo sucedido aquella noche. El por qué mi salida de la discoteca, el por qué de mis ojeras, el por qué de mis lágrimas. Ella no apartaba la vista de mí. Era mi mejor amiga y tenía que saber por qué me encontraba así. De repente mi móvil vibró. Era un WhatsApp de un número desconocido que decía: “Hola Claudia, que tal? Te acuerdas de mi, no? Soy Malú, te importarias que quedáramos esta tarde para hablar? Si puedes, claro. Un besazo enorme.” Me dió un vuelco al corazón. Era ella. Me quedé blanca mientras lo leía por tercera vez.

-¿Qué pasa? ¿ Quien es? - preguntó María al verme así.
-Es ella, María. Es Malú. - dije con la sonrisa más grande que pudiera sacar.
-Y, ¿Que te dice? -
-Quiere quedar esta tarde para hablar – le dije mientras apretaba el móvil contra mi pecho.
-¿Si? Guau, que bien tía. Me alegro mucho -
-Joder, y yo tía, y yo – mis ojos se iluminaba cada vez que leía aquel mensaje.
-Pues venga, ahora te vas para casa. Comes y elejis un buen modelito. - dijo ella cogiéndome la taza aún no terminada.
-Pero, no puedo irme aún. Tengo muchas cosas que hacer y no quiero dejarte todo a tí. -
-He dicho que te vas y te vas. Que ya me encargo yo de todo. Venga. - me dijo dándome el bolso y mi chaqueta.
-Jo, María, muchas gracias, de verdad. Eres la mejor, te quiero – la abracé muy fuerte.
-Ya lo sé que soy la mejor – me guiñó un ojo. - Ya me contarás todo, eh.
-Si, si claro. Adios y gracias de nuevo – me despedí.
-Adiós, “Julieta” - se rió.

Salí del trabajo y me monté en el coche. Puse su música a todo volumen. Pero me di cuenta que con la emoción no le había contestado a su petición. Paré un segundo y cojí el móvil. Al leer su mensaje otra vez, mi corazón gritó de alegría. “ Claro que me acuerdo de tí, como no hacerlo? Me alegra mucho haber recibido un WhatsApp tuyo jeje. Y respecto a esta tarde, me encantaría quedar, claro que sí. Te parece a las 6? Un besote” le respondí. No se conectaba desde que me lo mandó, a las 10:45 de la mañana. Lo solté en el asiento del copiloto. A los 5 minutos, volvió a vibrar. Lo miré de reojo, pero no paré. Aceleré para llegar cuanto antes a mi casa. “ Si, claro que me parece. ¿ Que tal si te recojo?” lo leí mientras subía las escaleras del bloque, me tropecé, como no. Pero esta vez no estaba alli ella para agarrarme. Me caí de rodilla en el tercer escalón y el móvil fue a parar al siguiente. “ Me parece, claro que me parece” le respondí lo mismo que ella a mí. Sonreí. “ Pues muy bien, hasta esta tarde entonces, un besito” dijo mandańdome una carita con un besito. “ Hasta esta tarde, un beso”. Repasé la conversación unas cien mil veces, mi sonrisa se agrandaba cada vez más. Me preparé algo rápido para comer, ya que con los nervios no me entraba mucho. Comí una ensalada de tomate, atún y pepino. Recojí el plato y me fui directa al baño a lavarme los dientes. Faltaba una hora para que Malú pasara a buscame y aún no me había vestido. ¿ Que me pongo? Esa pregunta rondaba mi cabeza mientras miraba el armario abierto por completo. Al final cojí unos vaqueros, una camiseta y mi chaqueta. Tenia claro que me iba a djar el pelo suelto, me lo planché un poco y me maquillé. Me puse las convers y miré el reloj: 17:58. Dos minutos. Solo dos minutos para que sonara el timbre y me encontrara a esa preciosidad delante mía. El timbré sonó, y un escalofrio recorrió todo mi cuerpo. Cojí las gafas de sol, el bolso y abrí la puerta. Entonces la ví. Allí estaba, frente a mi.

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