martes, 25 de febrero de 2014

Capítulo 1. Ahora tú


El despertador sonó como cada mañana a las 6:15. Mi cabeza apareció de debajo de la almohada con los ojos aún cerrados por el sueño que seguía teniendo. Me senté al borde de la cama, apagué el maldito trasto que seguía sonando y me desperecé. Fui al baño y me lavé la cara. Debía tener la peor cara del mundo recién levantada, a veces llegaba a asustarme. Una vez vestida y peinada, me dirigí a la cocina, cojí mi taza de Pucca, la cual tenia mucho cariño ( al igual a la persona que me la regaló) y me puse un café bien cargado. Mi dia acababa de comenzar. Llegué al trabajo antes de lo previsto, con el objetivo de quitarme de encima todo el mogollón de informes que tenía que hacer cuanto antes. - Buenos días ,madrugadora- era Miguel, mi buen amigo y compañero de trabajo. Le respondí con una leve sonrisa.
-Claudia, Claudia- me gritó desde la otra punta María, una amiga muy loca que tenía. - ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!- Se acercó corriendo hacia a mi y con los brazos abiertos. Me dió dos largos besos de esos que te dan las abuelas, esos que dejan marcas en el moflete.
Ni yo misma me acordaba que era mi cumpleaños, miré de reojo el calendario, y sí, era 20 de Marzo. El mismo día que nací hace justo hoy 30 años.

-Si, si, si. Felicidades “vieji”- dijo Miguel riéndose. Él tan simpático como de costumbre.
-Muchas gracias, chicos – dije obligada. Mi cumpleaños no era el mismo desde hacía años.
-Bueno pues esta noche salimos y lo celebramos – dijo muy segura de sí misma, María.
-No.no, yo es que... -
-No hay un no que valga, Claudia, que te mereces salir un día. Así que esta noche toca “party”- Me cortó. Ella y su spanglish me hacía mucha gracia.
-Está bien – dije suspirando y sentándome en mi silla.
A las cinco de la tarde legué a casa, después de un largo y duro día de trabajo. Me tumbé en el sofá y cerré los ojos. Me dormí profundamente y cuando me quise dar cuenta eran las siete y media. Me levanté de un saltó, y me metí corriendo en la ducha. Ya que a las nueve había quedado con los dos prendas de mis amigos y unos cuantos más. Salí de la ducha, me lié una toalla al cuerpo y otra a la cabeza. Fui a mi habitación y abrí el armario. Eran las ocho y cuarto y aún no había decidido que ponerme. Al final pillé un vestido de primavera y unos tacones no muy altos, ya que no iba a aguantar mucho con ellos. Me maquillé, cogí el bolso y salí. Al salir de mi bloque, ya me esperaban mis amigos en la puerta con una bolsa entre las manos.
-Pero.. chicos. No hacía falta que me regalarais nada- dije sonrojandome.
-Sh... nada de eso – dijo Miguel acercandome la bolsa.
Era un precioso almanaque con fotos fotos de nosotros tres. Me emocioné un poco. - Bueno, bueno nada llorar eh, que se corre el rimel y no queda muy bien – dijo muy acertada María.
Llegamos a una discoteca donde frecuentaban a menudo famosos, allí trabajaba un amigo y nos dió unos pases vips. Nada más entrar me tropecé, yo dando la nota allí a donde iba. Iba a caer al suelo, cuando de repente me cogió alguien del brazo. - Cuidado mujer- dijo una voz. Una voz que me resultaba muy familiar, demasiado. Me giré y de repente mi cara se quedó completamente blanca. Era ella, la mujer que adoraba desde que empezó en el mundo de la música, la mujer que solamente con sus letras me ayudaba en tantos momentos, era Malú.

-Ni que hubieras visto un fantasma – dijo mostrando esa sonrisa, que tan loca me volvía.
-Es que todos los días no se encuentra una con su ídola – dije como pude.
-Vaya, no se que decir, me has dejado sin palabras – dijo sonrojandose.-
-Y yo me hubiera quedado sin dientes, si no me hubieras cojido. Muchas gracias – dije.
Un silencio de unos segundos pasó entre nosotras. - Venga que te invito a una copa, que me has caido bien - dijo cogiendome del mismo brazo que me cogió justo antes de caerme. Yo estaba alucinando, estaba en tomandome una copa con la persona que llevaba admirando toda mi vida.

-Ah, por cierto. Me llamo Claudia – le dije una vez que pudimos sentarnos. -Bonito nombre, y yo... bueno... me parece que no hace falta que me presente – dijo riendose.
-Claro que no, señorita Sanchez Benitez – nos echamos las dos a reir, otro silencio se cruzó.
Nos quedamos mirandonos durante unos cortos pero intensos segundos. Su mirada era capaz de llevarme al cielo, en solo un instante. Malú miró su móvil, algo pasaba. - Claudia lo siento muchísmo pero me tengo que ir, me ha encantado hablar contigo – se despidió con dos besos y se fué. No me dió tiempo a decirle que como podía contactar con ella, que me diera su número o algo. Pero claro, ¿ Cómo se lo va a dar a una desconocida y a alguien que solo habia estado hablando poco mas de media hora? Que tonta podía llegar a ser a veces. Miré para el lado y ví que se había dejado su pañuelo. Lo olí. Y su olor me colapsó los sentidos. Olía tan bien que podría llevarme oliendolo toda mi vida.

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