El despertador sonó como cada mañana
a las 6:15. Mi cabeza apareció de debajo de la almohada con los ojos
aún cerrados por el sueño que seguía teniendo. Me senté al borde
de la cama, apagué el maldito trasto que seguía sonando y me
desperecé. Fui al baño y me lavé la cara. Debía tener la peor
cara del mundo recién levantada, a veces llegaba a asustarme. Una
vez vestida y peinada, me dirigí a la cocina, cojí mi taza de
Pucca, la cual tenia mucho cariño ( al igual a la persona que me la
regaló) y me puse un café bien cargado. Mi dia acababa de comenzar.
Llegué al trabajo antes de lo previsto, con el objetivo de quitarme
de encima todo el mogollón de informes que tenía que hacer cuanto
antes. - Buenos días ,madrugadora- era Miguel, mi buen amigo y
compañero de trabajo. Le respondí con una leve sonrisa.
-Claudia, Claudia- me gritó desde la
otra punta María, una amiga muy loca que tenía. - ¡FELIZ
CUMPLEAÑOS!- Se acercó corriendo hacia a mi y con los
brazos abiertos. Me dió dos largos besos de esos que te dan las
abuelas, esos que dejan marcas en el moflete.
Ni yo misma me acordaba que era mi
cumpleaños, miré de reojo el calendario, y sí, era 20 de Marzo. El
mismo día que nací hace justo hoy 30 años.
-Si, si, si. Felicidades “vieji”-
dijo Miguel riéndose. Él tan simpático como de costumbre.
-Muchas gracias, chicos – dije
obligada. Mi cumpleaños no era el mismo desde hacía años.
-Bueno pues esta noche salimos y lo
celebramos – dijo muy segura de sí misma, María.
-No.no, yo es que... -
-No hay un no que valga, Claudia,
que te mereces salir un día. Así que esta noche toca “party”-
Me cortó. Ella y su spanglish me
hacía mucha gracia.
-Está
bien – dije suspirando y sentándome en mi silla.
A las
cinco de la tarde legué a casa, después de un largo y duro día de
trabajo. Me tumbé en el sofá y cerré los ojos. Me dormí
profundamente y cuando me quise dar cuenta eran las siete y media. Me
levanté de un saltó, y me metí corriendo en la ducha. Ya que a las
nueve había quedado con los dos prendas de mis amigos y unos cuantos
más. Salí de la ducha, me lié una toalla al cuerpo y otra a la
cabeza. Fui a mi habitación y abrí el armario. Eran las ocho y
cuarto y aún no había decidido que ponerme. Al final pillé un
vestido de primavera y unos tacones no muy altos, ya que no iba a
aguantar mucho con ellos. Me maquillé, cogí el bolso y salí. Al
salir de mi bloque, ya me esperaban mis amigos en la puerta con una
bolsa entre las manos.
-Pero..
chicos. No hacía falta que me regalarais nada- dije sonrojandome.
-Sh...
nada de eso – dijo Miguel acercandome la bolsa.
Era un
precioso almanaque con fotos fotos de nosotros tres. Me emocioné un
poco. - Bueno, bueno nada llorar eh, que se corre el rimel y no queda
muy bien – dijo muy acertada María.
Llegamos
a una discoteca donde frecuentaban a menudo famosos, allí trabajaba
un amigo y nos dió unos pases vips. Nada más entrar me tropecé, yo
dando la nota allí a donde iba. Iba a caer al suelo, cuando de
repente me cogió alguien del brazo. - Cuidado mujer- dijo una voz.
Una voz que me resultaba muy familiar, demasiado. Me giré y de
repente mi cara se quedó completamente blanca. Era ella, la mujer
que adoraba desde que empezó en el mundo de la música, la mujer que
solamente con sus letras me ayudaba en tantos momentos, era Malú.
-Ni
que hubieras visto un fantasma – dijo mostrando esa sonrisa, que
tan loca me volvía.
-Es
que todos los días no se encuentra una con su ídola – dije como
pude.
-Vaya,
no se que decir, me has dejado sin palabras – dijo sonrojandose.-
-Y
yo me hubiera quedado sin dientes, si no me hubieras cojido. Muchas
gracias – dije.
Un
silencio de unos segundos pasó entre nosotras. - Venga que te invito
a una copa, que me has caido bien - dijo cogiendome del mismo brazo
que me cogió justo antes de caerme. Yo estaba alucinando, estaba en
tomandome una copa con la persona que llevaba admirando toda mi vida.
-Ah,
por cierto. Me llamo Claudia – le dije una vez que pudimos
sentarnos. -Bonito
nombre, y yo... bueno... me parece que no hace falta que me presente
– dijo riendose.
-Claro
que no, señorita Sanchez Benitez – nos echamos las dos a reir,
otro silencio se cruzó.
Nos
quedamos mirandonos durante unos cortos pero intensos segundos. Su
mirada era capaz de llevarme al cielo, en solo un instante. Malú
miró su móvil, algo pasaba. - Claudia lo siento muchísmo pero me
tengo que ir, me ha encantado hablar contigo – se despidió con dos
besos y se fué. No me dió tiempo a decirle que como podía
contactar con ella, que me diera su número o algo. Pero claro, ¿
Cómo se lo va a dar a una desconocida y a alguien que solo habia
estado hablando poco mas de media hora? Que tonta podía llegar a ser
a veces. Miré para el lado y ví que se había dejado su pañuelo.
Lo olí. Y su olor me colapsó los sentidos. Olía tan bien que
podría llevarme oliendolo toda mi vida.
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