Me quedé unos segundos en blanco,
pensando en que contestar a mi madre. Pero solo me hicieron falta
esos segundos para decirle que sí, que había alguien. Estaba muy
segura de lo que iba a hacer, ya que Malú tuvo el valor de decírselo
a su familia. Y encima así, de buenas a primeras.
-Pues una chica, mamá. - dije
mirando el móvil
-Cuentame. Quiero saber. - dijo con
una risa diabólica.
-Pues … haber como empiezo. -
cogí aire.
-Antes de eso, vamos a sentarnos. -
nos dirigimos al salón y nos sentamos en el sofá. Yo al lado de
ella, y ella con su mano puesta en la mia.
-Es una chica muy especial, mamá.
Alguien de la que estoy profundamente enamorada. Alguien con quien
vengo de pasa el mejor fin de semana de mi vida. Alguien que me
llena cada día más. Alguien con quien espero pasar el resto de mi
vida. Nunca había estado tan enamorada como estoy ahora. - no sé
como me salían las palabras con lo nerviosa que estaba. Me
temblaban hasta las manos, me sudaban. -
-Bueno, ¿Ponle nombre a ese
“alguien”, no? - dijo ella.
-Eh...sí. - jolín, en ese momento
hubiera preferido tenerla a mi lado. - Bueno, mejor quiero que la
veas con tus propios ojos. Quiero que la conozcas. - le dije
sonriente. Eso sería lo mejor.
-Ajá! Y … ¿cuando podré
conocer a la mujer de tu vida? - si su sonrisa era grande, la mía
era más todavía.
-Pronto, pronto mamá. - pasamos el
resto de la tarde repasando fotos, entre sorbo y sorbo de café. Con
mis tíos, mis primos, mis amigos de la infancia. Con María y
Miguel.
Sobre las 8 llegué a mi casa. Me
duché, venía empapada de sudor. Al salir de la ducha, pensé que
estaría bien llamar a María y Miguel y salir a dar una vuelta, que
hacía tiempo que no quedábamos los tres. Llamé primero a mi amiga
y después a Miguel. Quedamos en el bar de abajo de mi casa a las 9 y
media. Al llegar nos dimos un abrazo de grupo, de esos que sin darte
cuenta te pones a saltar en círculo gritando: eh eh eh eh. Necesita
esos momentos. Momentos de amigos. Decidimos ir al centro de Madrid,
cogimos el metro y en 15 minutos llegamos. Al ser lunes, no había
tanto ambiente pero daba lo mismo, estando con mis amigos, lo demás
me daba igual. - ¿Comemos aquí? - dijo María señalando un
restaurante. Pero no uno cualquiera, no. Un mexicano. Nos pareció
buena idea y decidimos comer allí. Todo estaba bueno, pero claro, lo
unico que no estaba bueno era el precio. Pero como dice el refrán:
Una vez al año no hace daño. Nos atendió un camarero típico de
méxico. Sombrero a lo grande, un bigote largo, poncho, vaqueros y
botas tejanas. Yo me pedí para beber, al igual que mis amigos, una
coca-cola. Tequila me parecía muy fuerte, al menos para mi. Para
comer pedimos tacos,nachos y fajitas para los tres. Pero Miguel fue
tan “valiente” que pidió chile. - Ahh ah! - chilló mi amigo. Se
echaba aire con las manos en la boca. - Agua agua agua. - repetia una
y otra vez. Se estaba poniendo rojo. María y yo nos estábamos
partiendo de la risa. Nosotras tambien nos pusimos rojas, pero de
tanto reirnos. - Ve al baño, Miguel y te echas agua. - le dije yo.
Así lo hizo. Le falto poco tiempo para ir corriendo al cuarto de
baño. - Bueno y ?tú que tal con tu “Malusita”? - me preguntó
María. Yo le sonreí. Creo que solo bastó una sonrisa para
contestarle. - Muuuy bien – dije intensificando ese “ muy”. Hoy
he estado comiendo con mi madre y me ha llamado. - se quedó
asombrada. - Me fui a hablar a mi cuarto y después me preguntó. -
bebí un poco. - Y, ¿que le dijiste? - dijo. - Le conté todo lo que
sentí y lo que significaba para mi, pero no le dije el nombre.
Prefiero que la vea en persona. - mojé un nacho en una salsa. - Olé
tú. - me dio un beso que un poco más y me abre un boquete en la
cara. Yo casi echo el nacho. Que bruta era. Al instante llegó
Miguel, con la lengua por fuera, cual perrillo en verano. Al verlo
nos empezamos a reir de nuevo. - ¿Que tal si nos tomamos una copa
por ahí? - dije yo. Los dos asintieron a la misma vez. Pagamos y
salimos.
Al caer la noche, se estaba muy bien en
la calle. Parecía que había más gente. Caminamos hasta llegar a un
bar de copas en la Gran Vía. Allí nunca había crisis, o al menos
eso parecia. Estaba repleto siendo lunes. Yo me pedí un ron cola, y
ellos vozka con red bull. Siempre pedíamos lo mismo cada vez que
salíamos. Pagamos en la misma barra y nos sentamos en una mesa fuera
del bar, dentro hacía bastante calor. Entre risas y copas se nos
alargó un poco la noche. Pero para rematar vi algo, más bien a
alguien que hizo que se me cortara todo lo que había tomado
anteriormente. Patricia. Era mi ex, lo había pasado bastante mal con
ella. Había estado tan enamorada de ella, que no veía que me ponía
los cuernos. Pero no solo una, sino varias veces. Una chica alta
morena, de ojos verdes y con un pelo que encantaba.
-Hola, Claudia. - se acercó a mi.
María y Miguel se quedaron mirándola de la misma manera que yo la
miraba a ella. Asombrados.
-Hola. - bebí un trago largo.
-Hola chicos. - le saludó. Ellos
le devolvieron el saludo con una sonrisa. Una sonrisa forzada.
-¿Qué tal? ¿Cuanto tiempo, no? -
-Pues muy bien, muy contenta con
todo. - le respondí. Cada vez que la miraba a los ojos, me perdía.
Por eso trataba de no mirarla mucho. Tenía unos ojos capaz de parar
el tiempo.
-Venga os invito a una copa y
charlamos. - se ofreció ella.
-No, no. Si nosotros ya nos vamos.
- dije yo.
-Que no. He dicho que os invito, y
os invito. - me sonrió. Esa misma sonrisa fue la que hizo que me
enamorara de ella completamente. Bebí un trago más intenso, no
quería volver a caer otra vez. Se sentó con nosotros y empezamos a
hablar. Nos contó que se había mudado a Valencia, porque había
encontrado trabajo allí. Parte de su familia vivia allí también.
Estaba pasando allí unos días. Lo habíamos dejado hace como 5 o 6
años, pero no había cambiado nada. Seguía teniendo la misma voz
dulce que cuando la conocí. - Yo voy al baño, un momento. - me
levanté. Al instante entró Patricia. Era muy amplio aquel baño,
tenía tres wc, y dos lavabos. Yo me lavé las manos en uno y ella
se apoyó de espaldas en el otro. - Estas más guapa. - dijo ella
mirandome. Yo le sonreí incómoda. - Seguro que tiene alguien la
culpa de que estes así, ¿verdad? - me preguntó. ¿Qué pasaba que
tenía que ser alguien el por qué de mi “belleza? - Bueno. - me
sequé las manos. En ese momento se dirigió hacía mí, me cogió
de la cintura y me besó. - No, Patricia, no. - me aparté. Mi
corazón latía a un ritmo desenfrenado. - Te quiero Claudia. No te
he podido olvidar. Ha sido volver a verte, y que algo volviera a
renacer en mi - me dijo. En ese momento una lágrima recorrió mi
rostro. - Patricia me has echo mucho daño y lo sabes. Yo ahora
estoy viviendo una etapa muy bonita, la mejor de mi vida. Junto a la
persona que amo. - la miré seriamente. - Ah! No sabía que tenias
pareja, lo siento. Pero ha sido un impulso, mis labios necesitaban
de los tuyos. - esa última frase me traspasó el corazón. Me había
llegado. - Lo siento, Patricia. - salí del bañó y del bar. Andé
calle abajo. María y Miguel gritaban mi nombre. Me paré y los
esperé.
- ¿Que te pasa? - me dijeron al verme con los ojos llorosos. Me apoyé en una pared.
- Patricia. - les dije. Solo con eso sabía lo que había ocurrido. Ellos sabía lo mal que lo había pasado con ella. Me costó mucho recuperarme.
- Te ha besado, ¿no? - dijo Miguel. Yo asentí sin mediar palabra.
- ¿La sigues queriendo, Claudia? - dijo María clavando su mirada en la mia. No contesté. Dios... ¿Qué me estaba pasando? Y, ¿Por qué ahora? Maldije la hora de haber dicho de ir a aquel bar. Cerré los ojos y empecé a llorar. Me abrazaron fuertemente.
- Solo sé que estoy enamorada de Malú. - dije secándome las lágrimas. - Y que no la voy ni quiero perder jamás.
- Pues ya está, cariño. Olvida lo que ha pasado ahora mismo. Olvida este suceso, como si no hubiera pasado nada, y lo más importante, olvida a Patricia. - dijo María acariciándome la cara. Tenía toda la razón. Yo ya la había olvidado hace ya tiempo, pero el roce de sus labios hice que algo removiera mi interior, pero por nada en el mundo iba a permitir que eso sucediera. Lo que tenía más claro es que …. la iba a olvidar.
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